Día de encuentros – Diario desde la JMJ Cracovia 2016 (VIII)

Día de encuentros – Diario desde la JMJ Cracovia 2016 (VIII)

Viernes, 29 de julio

–¿Me dedicas una entrada en el diario? –No me lo creo. Me acabo de encontrar a Tato, el encargado de programar la web de Arguments.

–¡Tato! Así empezaré la próxima entrada.

Cumplo con Tato y le dedico el post del día de hoy. Coincidimos en el Santuario de la Divina Misericordia o, para ser más exactos, en un puesto de souvenires cerca de allí. Él buscaba un escapulario para su abuelo; nosotros unos rosarios que nos encargaron. ¡Ay si no llevamos todo lo que nos pidieron!

Con Tato en la JMJ

Encuentros por aquí, encuentros por allá

Hoy ha sido el día en el que más hemos topado gente conocida. En la mañana, decidimos volver al Santuario de la Divina Misericordia, para tener una visita más pausada y comprar algunos recuerdos del viaje.

Tenía, además, un objetivo: lograr confesarme en la capilla donde está la imagen de Jesús de la Misericordia. La vez pasada, me di cuenta que había un confesionario que ponía “confesiones en español” y confiaba en que habría un sacerdote dispuesto a recibirme. Para ser sincero, el itinerario espiritual de la JMJ lo había enfocado hacia el sacramento de la Reconciliación. Que hubiese un sacerdote confesando allí significaba mucho. ¿Qué dispondría la Providencia?

Nos pusimos en la fila. De repente, un grupo de españoles se colocó detrás de nosotros y, por si acaso, empecé a buscar algún rostro conocido (por eso de que estudio en España). ¡Vaya! Si estaba nada menos que el Yiyo, un amigo de colegio mayor. Celebramos habernos visto y, claro, nos tomamos una foto.

Con Yiyo en la JMJ

¡Confesión! 🙂

Pero, y espero que Yiyo no se enfade por esto, más alegría me dio saber que en su grupo había un sacerdote… ¡Me confesaría con él! Rápidamente le propuse que me confesara una vez entrásemos a la capilla y accedió. Como el mismo don Josemaría me dijo (así se llama el sacerdote), ¡qué bendición confesarse en ese lugar! En realidad, qué bendición confesarse con la conciencia de que Dios se alegra de derramar su misericordia sobre nosotros, que confiamos en su perdón.

Después de cumplir la penitencia, me quedé rezando la Coronilla de la Divina Misericordia. ¡No miento cuando digo que da mucha paz rezarla en esa capilla! Por eso, dada la oportunidad, la volví a hacer.

Un nuevo recorrido por el Santuario de la Divina Misericordia

Después de esta primera parada, entramos en un edificio donde hay una réplica de la celda de Santa Faustina. Escuchamos un audio explicando su historia y la de las apariciones, además de lo que se veía en la celda replicada. Cogimos unas cuantas estampas de la imagen de la Divina Misericordia y nos hicimos una foto con la escultura de Santa Faustina que está en los jardines. Hecho esto, fuimos a la tienda a comprar un par de ediciones del Diario y algunos otros regalos para llevar.

El Santuario rebosaba de gente. Nos metimos entre la multitud para llegar hasta la Basílica y preguntar a qué hora había Misa en español. Bajamos a las capillas que están en la parte inferior y, ¡providencia!, dentro de poco empezaría una Eucaristía en castellano, en la Capilla de Santa Faustina, a cargo de un grupo de España.

La acción de gracias por la Misa la hicimos en la capilla de Adoración al Santísimo. Al salir de allí, ¡otro encuentro! Estaba Santi, un compañero de Periodismo. Más adelante, al entrar a la Basílica, coincidimos con LuisJuan Ignacio Rafa, compañeros de mi antiguo colegio mayor. ¿Sería posible toparse con más gente conocida en un mismo día?

Vetada la entrada al Santuario de San Juan Pablo II

Hasta el momento creía que no. Eran cerca de las 12.30; comimos en un puesto de comidas vecino al Santuario con el objetivo, ahora, de re-visitar el Santuario de San Juan Pablo II. Reposamos unos diez minutos y, al reanudar la marcha, en los puestos de souvenires ¡apareció Tato!

Justo cuando arribamos al Santuario, estaban poniendo una cinta para impedir la entrada a él. El policía no quizo darnos razón; escuchamos por los altavoces, en francés, algo que se refería al suceso, pero no entendimos mucho más. Así las cosas, nos propusimos regresar al centro de Cracovia.

El tranvía en el que volvimos parecía una lata de sardinas; íbamos, como dicen en mi tierra, apeñuscados. Una chica estadounidense, que estaba cerca de la puerta, exclamó en una ocasión: “Ahora voy a ser una americana antipática”. Y cada vez que paraba el tranvía para que alguien subiera, gritaba: “¡No!, ¡no!”. A pesar del tumulto, conseguimos llegar -con aire- a nuestro destino. Nos encaminamos, entonces, hacia el evento principal de la tarde: el Viacrucis con el Papa Francisco en el Parque Błonia.

A la entrada del Santuario de San Juan Pablo II coincidimos con esta colombiana

A la entrada del Santuario de San Juan Pablo II coincidimos con esta colombiana

El Viacrucis con el Papa

De camino a Błonia -al principio bajo la lluvia, luego escampó-, decidimos quedarnos al lado de una de las vallas que marcaba el paso del vehículo en el que Francisco llegaría al Parque. El Papa apareció hacia las cinco y cuarenta de la tarde. Pensábamos que iría en el papamóvil, pero se trasladaba dentro de un coche negro. Alcanzamos a hacerle algunas fotos, todas hechas bajo la presión de una multitud que nos apachurraba.

 

El Papa saluda desde su coche

Visto el Papa, caminamos rápido hacia el Parque, porque el Viacrucis comenzaba a las seis. Y entonces…¡Un encuentro más! Con Bruno Pepe, dos grandes amigos forjados en la Universidad. Ya cuando alcanzamos nuestro sector, se acababa de terminar la primera estación. La mayoría del Viacrucis se rezó en polaco. Se nombraba cada estación y, seguidamente, una obra de misericordia. Luego, una breve pieza musical, continuada por la reflexión sobre la obra de misericordia mencionada y una oración.

Finalizado el Viacrucis, el Papa Francisco nos dirigió unas palabras. Nos recordó que el “protocolo” por el que se nos juzgaría se encontraba en las obras de misericordia. Por otra parte, reconoció que algunas preguntas no tienen una respuesta humana y que la solución solo se halla en Jesús. Al final, nos planteó una pregunta para que cada uno respondiese “en su corazón”: “¿Cómo desean regresar esta noche a vuestras casas, a vuestros alojamientos, a sus carpas? ¿Cómo desean volver esta noche a encontraros con vosotros mismos?”.

Pongo mi corazón en estas palabras del diario: convertidos. Espero que tú también, aún si estás en la lejanía, quieras reencontrarte convertido después de seguir al Señor por el camino de la Cruz.

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