¡Hola, compañeros virtuales de peregrinación!

Escribo desde Bogotá, la capital de Colombia. Dentro de un par de horas, a las dos de la tarde (hora colombiana), saldrá nuestro vuelo hacia Madrid. Hoy será necesariamente un día breve, porque si hacemos la conversión a la hora de España –la misma de Polonia– despegaremos a las 9.30 p. m. Te cuento lo poco –o mucho, según se vea– que hemos hecho hasta ahora en nuestra jornada. Te lo quiero narrar en presente, para que vivas el momento 😉

“¡Saludos a Francisco!”

El despertador suena a las cinco y media de la mañana. A esa hora la oscuridad se está marchando en Cartagena. Mis padres y yo vamos a Misa de 6.30 para encomendar la peregrinación. Al final de la Eucaristía, el sacerdote se nos acerca, porque quiere darnos una bendición especial. Antes me pregunta: “¿Ya aprendiste polaco?”. Le contesto obviamente que no.

Nos bendice entonces: “Bon voyage! Que vayan con seguridad, tengan un viaje sin contratiempos y que produzca muchos frutos, sobre todo para la juventud, que hoy en día es tan difícil. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. “Amén”, respondemos. El cura, ya mayor, se va andando lento. De repente, medio gira la cabeza y exclama: “¡Saludos a Francisco!”.

Regresamos rápidamente a la casa para desayunar y hacer los últimos preparativos. Antes de salir, le pido a mi padre que me haga una foto con la bandera de Colombia.

 

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La lluvia amenaza

Camino al aeropuerto, notamos que unas nubes grises amenazan en el panorama. Justo después de entrar en la sala de espera –luego de entregar el equipaje y de despedirnos de mi madre y otros familiares que estaban presentes–, se empieza a escuchar el golpeteo de las gotas de lluvia en el techo.

Aprovecho la espera para rezar el Oficio de Lecturas del día. La segunda lectura tiene como autora a Santa Brígida, santa del día. Se trata de una oración – meditación sobre la Pasión de Jesús. Creo que no tiene pérdida.

A pesar de que diluviaba, escuchamos por el altavoz que nos llamaban a embarcar. Duramos dos minutos en la fila. Avisaron en seguida que por motivos meteorológicos cerraban el aeropuerto de Cartagena hasta nuevo aviso. Gracias a Dios no tardo en llegar: solo diez minutos.

La rosa blanca

Aprovecho ese tiempo para subir a Facebook la foto que me había tomado mi padre. Mientras la busco en la galería, me fijo que por un grupo de Whatsapp un amigo ha enviado la foto de una rosa blanca, una manera de felicitar por su cumpleaños a una que también está en el grupo. Sonrío: me acaba de pasar una “bergogliada”.

Jorge Mario Bergoglio, hoy Papa Francisco, tiene mucha devoción a Santa Teresita del Niño Jesús. Y parece que ella también le tiene mucho cariño. Según cuenta Javier Martínez-Brocal en su libro “El Papa de la Misericordia”, siempre que el Papa pide a Santa Teresita que interceda por algo, sabe que ella lo escucha porque de algún modo le hace llegar una o varias rosas blancas.

Le ha pasado muchas veces. Una de las últimas –aunque esa vez seguramente Francisco no le pidió nada– sucedió en el Cónclave en el que resultó elegido Papa. Cuando el cardenal Bergoglio entró a su habitación de la Casa Santa Marta, se encontró con una rosa blanca en su cama. Una vez instalado, hablando con otros cardenales, comentó el bonito detalle que había tenido el personal al dejarles una rosa en el cuarto. Ellos le replicaron que no habían recibido ninguna flor. ¿Le habrá avisado Santa Teresita de lo que venía?

Sea lo que fuere, ya que ha aparecido esta rosa blanca –aunque fotografiada y por Whatasapp– podemos aprovechar para encomendar esta peregrinación a Santa Teresita. Ella, si bien no es patrona oficial de la JMJ, también se puede considerar una santa de la misericordia, puesto que no se asustaba de sentirse pequeña ante Dios y gozaba de que Él la amase a pesar de su fragilidad.

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Santa Teresita avisó que, cuando muriera, derramaría una “lluvia de rosas” (Imagen de G. Szoldaticz en la iglesia de Santa María de la Victoria. Roma, Italia).

¡Cracovia, allá vamos!

Entre la lluvia y que el avión presidencial estaba en Cartagena (con lo cual había que esperar a que este despegara primero, ya que “tiene prioridad”), despegamos hacia Bogotá cincuenta minutos más tarde, a las diez y veinte.

Vamos sentados en los sitios al lado de la salida de emergencia. Una auxiliar de vuelo nos hace leer un folleto rojo que dice en portada: “Usted es una persona de vital importancia para este vuelo”. En este momento, pienso que le puedo entregar el mismo folleto al Papa cambiando unas palabras: “Usted es una persona de vital importancia para esta JMJ”. Luego, reflexiono y cambio de opinión: “En realidad, cada participante juega su papel de ‘vital importancia’ en la JMJ”.

También tú, amigo o amiga, aunque no estés viajando a Cracovia. Todos contamos con tu oración, para que –como nos pedía el sacerdote mayor en la mañana– la JMJ dé muchos frutos.

La próxima vez que escriba espero hacerlo desde Polonia. ¡Hasta entonces!

Cracovia, ¡allá vamos!

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Cracovia, ¡aquí estamos! – Diario desde la JMJ Cracovia 2016 (III)

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Llegan las multitudes – Diario desde la JMJ Cracovia 2016 (V)

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