Jueves, 28 de julio

–Documentos.

Dos policías nos pararon al llegar a la estación de tren de Czestochowa. Había dejado el pasaporte, ¿qué hacía? Aparenté calma, saqué la billetera y le entregué a uno mi tarjeta de estudiante extranjero en España. El policía la miró, hizo alguna gestión en un aparato que llevaba y me la devolvió.

–Gracias –nos dijo. Aproveché y le pregunté qué vía debíamos tomar para el Santuario de Jasna Góra –Recto a la izquierda.

Rumbo Czestochowa para festejar los 1050 años del bautismo de Polonia

Partimos desde Cracovia a las 6.18h. De camino a la estación nos fijamos que había policías en cada esquina. Lo mismo en Czestochowa. Se respiraba sobreprotección. De hecho, para entrar a la explanada detrás del santuario, en la que el Papa Francisco iba a celebrar Misa, requisaban de la forma más minuciosa posible. Pedían encender el teléfono móvil y la cámara; sacaban todo de la mochila; los líquidos los retenían; y, por si escondías algo, te pasaban el detector de metales.

Cuando por fin logramos entrar, nos encontramos sumergidos en un mar de polacos. Claro, la Eucaristía que presidiría Francisco se enmarcaba en el Jubileo de los 1050 años del bautismo de Polonia. Gente de todo el país se concentraba allí. Habían puesto todos los medios para estar presentes: algunos habían acampado; otros, viajado en la madrugada desde su pueblo… El hombre que estaba al lado de nosotros, por ejemplo, había salido de su casa a las cuatro de la mañana, ¡en bicicleta!, para recorrer los setenta kilómetros que lo separaban de Czestochowa.

Mi padre y yo con el hombre polaco que se fue en bicicleta desde su pueblo a Czestochowa (70km) para asistir a la Misa con el Papa por los 1050 años del Bautismo de Polonia

Mi padre y yo con el hombre polaco que se fue en bicicleta desde su pueblo a Czestochowa (70km) para asistir a la Misa con el Papa por los 1050 años del Bautismo de Polonia

Antes de la Misa, Francisco se paseó entre la multitud que festejaba su presencia. Luego entró en el Santuario, rezó ante la Virgen de Czestochowa y le hizo una ofrenda floral.

Al empezar la Eucaristía, el Papa resbaló, pero la caída no pasó a mayores. Francisco rezaba en latín, mientras que el pueblo respondía en polaco. La homilía fue en italiano, pero cada cierto tiempo la traducían al polaco. Preciosa. En una primera parte, el Santo Padre habló de cómo Dios se hacía “pequeño, cercano y concreto” y explicó cada una de estas características. En la segunda, resaltó el papel de la Virgen María para el pueblo polaco.

El Papa Francisco durante la celebración de la Eucaristía por los 1050 años del Bautismo de Polonia
La celebración, que había empezado a las 10.30, duró dos horas. Acabada, comimos e intentamos entrar al Santuario, pero no lo abrían hasta las dos. No nos daba tiempo de visitarlo, porque teníamos el regreso a las dos y cincuenta, así que descansamos un rato y nos regresamos a Cracovia.

Segunda fiesta del día: la bienvenida al Papa Francisco

El tren que nos trajo de vuelta se retrasó un poco. Llegamos hacia las 16.30. El gris de la lluvia quedaba opacado por el color de los cánticos de los jóvenes peregrinos que, desde la estación, se dirigían al Parque Błonia para la ceremonia oficial de bienvenida al Papa Francisco. “¡Esta es la juventud del Papa!”, “¡Italiano, batti le mani!”, “¡Papa Francisco!”.

En el camino, tropezamos con una niña pequeña que, al ver la bandera de Colombia, nos pidió una foto. ¿Cómo negársela? Nos la hicimos con ella y su hermanito. Luego su madre, que había tomado la foto, le pidió al niño otra, pero ahora posando ella. Mi padre me recordó que llevábamos regalos de Colombia y le dimos al pequeño un llavero y a su hermana un bolígrafo con adornos del Caribe colombiano.

Ríos de gente afluían hacía Błonia. A veces, el cauce se estrechaba, lo que provocaba cierta congestión. Logramos, sin embargo, en medio de la alegría y las gotas de lluvia, entrar en el Parque. La ceremonia había comenzado diez minutos atrás. Se trataba de un verdadero festín. Se mencionaba cada continente y por cada uno se ponía una canción, mientras que la gente aplaudía, gritaba, bailaba, cantaba o se inventaba una coreografía. En un momento, uno de los de nuestro sector -el A7- sacó una pelota de playa y la empezamos a lanzar de un lado a otro.

“¿Jóvenes pensionados?” “¡No!”

El Papa durante la homilía de la ceremonia de acogida

“¿Son ustedes jóvenes pensionados?”. “¡Noooo!”.

Después de tanto movimiento, se dio paso a una Liturgia de la Palabra. Se leyó -en rito romano y eslavo-bizantino- la escena del Evangelio sobre Marta, que servía, y María que contemplaba. Luego, la homilía del Papa. ¡Fantástica! Tienes que leerla, de verdad.

Algunas ideas. 1) La JMJ debe convertirse en una verdadera fiesta jubilar dentro del Año de la Misericordia. 2) Los jóvenes viven convencidos de que se pueden cambiar la cosas; por eso la Iglesia -y el mundo- nos miran a nosotros, reunidos en la JMJ, nos esperan. 3) Una de las cosas más bellas de contemplar es la energía con que los jóvenes viven la vida; una belleza que viene de un corazón tocado por Jesús. 4) Al Papa le duele ver a jóvenes que quieren pensionarse a los 20, 23 años. ¡No hay que vivir con esa mentalidad! Hay que contagiar alegría. 5) La misericordia tiene el rostro de la juventud.

Con una pequeña delegación de Croacia en el Parque Błonia

Con una pequeña delegación de Croacia en el Parque Błonia

Y sí que se contagiaba felicidad en Błonia. Al Papa se le veía contentísimo y los jóvenes (y los no tan jóvenes) lo escuchábamos con regocijo. Nos preguntaba y le respondíamos gritando: “¡Síiiii!”, ¡Nooooo!”.

Este primer encuentro entre todos los jóvenes y el Papa ha sido una inyección de alegría y ambiente festivo. Esperamos que Dios permita que siga así hasta el domingo.

¡Que siga la fiesta!

P.S. Después de escribir esta entrada, hemos salido un momento a la Plaza Mayor de Cracovia, para ver el ambiente. Hemos entrado en la Basílica de la Asunción de la Santísima Virgen María y hemos rezado ante el Santísimo expuesto. Cantaba el cantante católico Matt Maher. Les comparto una canción suya que me ha gustado mucho.

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