The rusty knife

16/07/2015 | By Arguments

Antonio Rojas

Arguments

catechesis

la chispa

">http://www.arguments.es/wp-content/uploads/lachispa/2015/07/navaja-de-afeitar-1.jpg">navaja de afeitar 1 En cuanto a mí, estoy en busca de la excelencia. No tengo tiempo para envejecer. -Will Eisner- Leonardo Da Vinci, en sus Cuadernos de notas, nos cuenta la historia de una navaja de barbero. Un día la navaja, saliendo del mango que le servía de funda, se puso al sol y vio al sol reflejado en ella.          Entonces se enorgulleció, dio vueltas a sus pensamientos y se dijo:          -¿Volveré a la tienda de que acabo de salir? De ninguna manera. Los dioses no pueden querer que tanta belleza degenere en usos tan bajos. Sería una locura dedicarme a afeitar las enjabonadas barbas de los labriegos. ¡Qué bajo servicio! ¿Estoy destinada para un servicio así? Sin duda alguna que no. Me ocultaré en un sitio retirado y allí pasaré mi vida tranquila.          Después de vivir de este estilo de vida algunos meses, saliendo fuera de su funda al aire libre, se dio cuenta de que había adquirido el aspecto de una sierra oxidada y que su superficie no podía reflejar ya el resplandor del sol. Arrepentida, lloró en vano su irreparable desgracia y se dijo:          -¡Cuánto mejor hubiera sido haberme gastado en manos del barbero que tuvo que privarse de mi exquisita habilidad para cortar! ¿Dónde está ya mi rostro reluciente? El óxido lo ha consumido.                   Y concluye Da Vinci la anécdota sentenciando: Lo mismo acontece a esas mentes que en lugar de ejercitarse y superarse se dan a la pereza, lo mismo que la navaja de afeitar, pierden su agudeza y la herrumbre de la ignorancia las corroe.              Una vida plena es la que se gasta en pos de la excelencia. La excelencia personal es un proceso de mejoramiento continuo y armónico de todas las facetas y dimensiones del ser humano (corporal, espiritual, mental y socioafectiva). Por ser proceso no acaba nunca, siempre se puede mejorar, crecer, ya que el ser humano es perfectible.           La excelencia personal trae consigo hacer las cosas lo mejor que se pueda, dedicar todo el esfuerzo y energía a cada tarea y a cada relación, según las posibilidades y aptitudes que cada persona posea. Practicar la excelencia personal no es tratar de ser mejor que los demás, sino tratar de dar lo mejor de sí; es el esfuerzo guiado por un propósito noble. Hacer las cosas a medias, desfallecer ante el primer obstáculo, llevar una vida poco estimulante y fructífera, son comportamientos ajenos, opuestos a quien busca la excelencia personal. Nuestras cualidades y destrezas sólo adquieren su plena forma y esplendor cuando las ejercitamos a diario, tenazmente, sin ocultarnos en un sitio retirado y cómodo para vivir tranquilamente sin luchar, porque la falta de actividad diligente, nos oxidará como a la navaja.

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