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22/12/2017 | By Arguments

catechesis

la chispa

">http://www.arguments.es/wp-content/uploads/lachispa/2017/12/amable-2a_-e1513935343467.jpg"> Hay tres cosas importantes en la vida:  la primera, ser amable; la segunda, serlo siempre;  y la tercera, nunca dejar de serlo. -Henry James -            En una ocasión, estando Lincoln reunido con un grupo de amigos, habló con amabilidad de sus enemigos los confederados, y, a pesar de estar aún en plena Guerra Civil, dio muestras de una gran caridad. Una dama que estaba presente se escandalizó de tal manera que le dijo con toda franqueza: —¿Cómo puede usted expresarse tan bien de aquellos que con gusto le quitarían la vida? ¿No debería usted tratar de destruir a sus enemigos?Mi estimada señora —fue la respuesta de Lincoln—, ¿acaso no los destruyo si, usando la bondad, los convierto en mis amigos? La amabilidad, la solicitud y la consideración son caracterizadas como el amor en acción. A todas horas se nos presentan oportunidades, para tener algún gesto de amabilidad con otras personas, ocasiones para ser solícitos, considerados, comprensivos, solidarios o cooperadores. Pero la mayoría de las veces estamos tan atareados, tan atosigados por múltiples ocupaciones, que no nos damos cuenta de la bendita oportunidad de encarnar el amor en acción, de tener un gesto amable con los que nos rodean. ¿No será el momento de aplicar la regla de oro: no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti? Es puro sentido común: tratar a otros del modo en que tú mismo deseas ser tratado. Si no quieres que te engañen, no engañes. Si no quieres que te mientan, no mientas. En Mc 4,24, Jesús nos dice: La medida que uséis la usarán con vosotros. Y en Lc 6,38: Dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, rebosante, pues con la medida con que midiereis, se os medirá a vosotros. Nos vendría muy bien ejercitarnos en la expresión del amor sincero, hasta hacerlo en nosotros como una segunda naturaleza, algo que nos resulte tan natural y vital como el respirar. Intentarlo, una y otra vez, hasta conseguir que la amabilidad entre y salga en nosotros con la misma facilidad y naturalidad con que el aire entra y sale de nuestros pulmones. Debemos comenzar a cambiar hacia la amabilidad, desplazando nuestra atención, desde nosotros mismos, hacia los demás. Nuestra sincera actitud, antes o después, será apreciada por alguna de las personas que conforman nuestro mundo. La regla de oro siempre encuentra cauces para introducir toda clase de cosas buenas en nuestras vidas. Los hechos lo demuestran a diario: tratar a otros como deseamos ser tratados es un plan que funciona de maravilla.

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