Unción de enfermos

Unción de enfermos Arguments

La unción de enfermos es el Sacramento de la compasión de Dios por el sufrimiento del ser humano. Proporciona al cristiano gracia para vencer las dificultades inherentes al estado de enfermedad grave o vejez y prepararle para su entrada al Cielo. 

Hay muchos que piensan que si se llama al sacerdote el enfermo o anciano se va asustar. Como explica el Papa Francisco, esto es un error: “Es Jesús mismo el que llega para consolar al enfermo, para darle fuerza y esperanza, para ayudarlo; también para perdonarle los pecados. Y es muy bonito. Y no hay que pensar que esto sea un tabú porque siempre es bueno saber que en los momentos de dolor y enfermedad no estamos solos”. “El mismo Señor Jesús se hace presente en el Sacramento y nos toma de la mano, nos acaricia como hacía con los enfermos y nos recuerda que le pertenecemos y que nada - ni siquiera el mal y la muerte - puede separarnos de Él”.

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¿Es mejor morir que sufrir? “Debemos conceder a los enfermos incurables el derecho a una muerte sin dolor”. Esta frase podría ser una más en un panfleto de cualquier clínica de suicidio asistido en Bélgica o una exigencia de algún movimiento pro-eutanasia de la ONU. Sin embargo, la frase no salió de los labios de ningún activista compasivo, sino de los labios de Hitler. Y no en cualquier circunstancia, sino en el decreto de septiembre de 1939 en el cual se ordenaba construir las primeras cámaras de gas de la Alemania nazi. Y ya sabemos cómo terminó aquel asunto. 

Dice Hannah Arendt  que “ninguna de las diversas ‘normas idiomáticas’, cuidadosamente ingeniadas para engañar y ocultar, tuvo un efecto más decisivo sobre la mentalidad de los asesinos que el primer decreto dictado por Hitler en el que la palabra ‘asesinato’ fue sustituida por ‘el derecho a una muerte sin dolor’”. El triunfo eufemístico de Hitler consistió en hacer creer a médicos y enfermeras, formados y competentes, que el pecado imperdonable no era el de matar, sino el de causar dolor innecesario. Fue así como logró inspirar a miles de profesionales de la salud en la sorprendente convicción de que la muerte por gas debía considerarse un asunto médico. No se consideraban asesinos, sino portadores de compasión. 

Da miedo darse cuenta de los razonamientos tan peligrosamente parecidos que guiaron a los médicos y enfermeras alemanes y los que guían a médicos y enfermeras actualmente. Una simple confusión de términos, un desorden de prioridades turbadoramente similar: “Es mejor morir que sufrir”. 

El problema de la sociedad actual es sobre todo que no valora su propia existencia. Debemos cambiar el valor que le damos a la vida, para aprender el valor del sufrimiento y de la muerte. A todos, en distintos momentos de la vida nos toca sufrir en mayor o en menor medida. Y, finalmente, todos moriremos. La pregunta no es si podemos evitar sufrir o no, que con los cuidados paliativos el dolor se puede controlar y aliviar muchísimo, sino si sufrimos con sentido o sin él.

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