Curación del ciego Bartimeo. El Greco

18/05/2014 | By Arguments

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LA CURACIÓN DEL CIEGO BARTIMEO Jesús no vivía en ninguna región en particular, aunque eligió a sus discípulos en Galilea, donde pasó mucho tiempo. Cafarnaún y sus alrededores fueron uno de los lugares donde más tiempo permaneció. Su predicación era trashumante. Cada año iba a Jerusalén. Desde luego en Pascua, aunque los Evangelios narran que predicó en el Templo en invierno; en la fiesta de los Tabernáculos, en la fiesta de la Expiación y en otras ocasiones. La Escritura habla de Jesús, que iba de camino a Jerusalén, o simplemente que iba de camino. Se sobreentiende que a Jerusalén. Desde Galilea, en el norte, había dos itinerarios para ir hacia el sur. Uno, el más breve, era directamente por Samaria. Pero, al ser Samaria tierra de cismáticos, los judíos procuraban obviar esa ruta y a los samaritanos no les agradaba que atravesasen sus tierras rumbo a Jerusalén. El otro camino, más largo, evitaba Samaria. Recorría desde el Mar de Galilea todo el valle del Jordán hacia el sur hasta Jericó, casi a orillas del Mar Muerto. De allí, una empinada cuesta, hacia los mil doscientos metros de desnivel, a través del desierto, desde ese lugar hasta Jerusalén. Jericó era una ciudad rica, al ser un oasis, en medio de tanto secano. Población próspera, populosa, cruce de sendas y ruta obligada hacia oriente. Como en toda ciudad, se agolpaban allí los menesterosos y también los bandidos en el desierto que iba a Jerusalén, para asaltar al viajero solitario y desprevenido. Jesús, yendo a Jerusalén, pasó muchas veces por Jericó con sus discípulos. En una ocasión, saliendo ya de Jericó –y previsiblemente rodeado de curiosos o gente que quería ver al personaje–, un ciego que pedía limosna a las afueras de la ciudad, que es llamado por la escritura “Bartimeo”, como para recalcar que era un pedigüeño bien conocido, comenzó a llamar al Maestro (Marcos 10, 47): “¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí! (…) Se paró Jesús y dijo: Llamadle. Llamaron al ciego diciéndole: ‘¡Ánimo! Levántate, te llama’ (…) Jesús le pregunta: ‘¿Qué quieres que te haga?’ ‘Rabboni, que vea’ –le respondió el ciego”. En la escena del Greco –italianizante por las formas arquitectónicas tan clásicas– se hace referencia a la riqueza de la ciudad. El Greco dibuja a un personaje que, detrás del ciego, con manto verde, parece decir al ciego: ¡Ánimo! Por el contrario, el grupo de personas que se sitúa a nuestra derecha reprende al ciego y le insta a no molestar al Rabbí. Pero a Jesús le mueve el dolor. Se compadece del sufrimiento humano. Y así toca al ciego, según la interpretación del pintor, como también por referencia a otras curaciones de Jesús a invidentes donde toca los ojos al incapaz. Y dice: “Anda, tu fe te ha salvado. Y al momento recobró la vista” (Lucas 10, 52).

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