Querer por encima de deberes y derechos

I ain’t your mama

«I ain’t your mama« es el reproche a ritmo de estribillo insistente de Jennifer López poniendo voz a muchas mujeres de hoy.

Aunque el reproche insistente no es la mejor manera de comunicarse en pareja, más bien suele llevar al bloqueo y al rechazo, este mensaje de fondo hoy en día podría atribuirse no solo a la mujer, sino también al hombre, y no carece de sentido en algunas relaciones en las que uno quiere y el otro se deja querer, dando por hecho que lo que recibe le es debido. En resumen, el peso de construir el hogar desde dentro se asume principalmente por uno mientras que el otro es un satélite que no se implica desde el centro, sino levemente y desde la estratosfera, está demasiado ocupado en cosas accesorias.

Me siento engañada

Me siento engañada”, es un comentario frecuente entre muchas de las mujeres, y es que en general con independencia de los intentos del hombre, las expectativas sobre la mujer, madre y trabajadora pueden conducir al agotamiento físico si no se equilibran bien las prioridades y las obligaciones de ambos desde el centro de la familia. No vale situarse en la estratosfera e intentar ayudar cuando se pueda.

Para ello es necesaria una exigencia personal, adaptar las referencias propias, asimilando también la referencia materna como propia e integrarla en la vida de familia, aportando ellos lo que mejor puedan o sepan hacer, con independencia de lo hiciera su padre o su madre.

Integrar nuestras referencias paternas con el “deber ser” particular de mi familia, mis posibilidades y las de mi cónyuge en un tiempo de cambios rápidos, es todo un reto, sobre todo por que ha de ir “sincronizado” con el otro, con quien comparto mi vida de igual a igual. Debe ser mutuo, uno con el otro y uno para otro.

Aceptarse y adaptarse o morir

Para el hombre actual, no asimilar interiormente que la realidad supone una adaptación en sus expectativas sobre la mujer e implicarse desde el centro es quedarse anclado en un mundo utópico que no existe y que va a causar en él una frustración permanente, que se materializa en una mirada despectiva y decepcionada hacia su mujer.

La mujer por su parte, puede hacer peligrar su matrimonio y su familia si se impone constantemente y trata de cambiar al otro de forma radical y agresiva, quizás por cuestión de supervivencia, por el agotamiento físico que supone la exigencia de la maternidad y demás exigencias del trabajo.

No se trata de ganar, sino de aprender a bailar

En este gran baile, perder el ritmo, pisarse, tropezarse, incluso empujarse o caerse, es lo normal conforme se va avanzando, la sincronización y suplir la debilidad del otro es necesario, exige fortaleza, se entrena poco a poco.

A veces el baile que toca es acrobático y puede ser incluso arriesgado y más si uno de los dos está muy cojo o simplemente se escurre. Sin embargo, ahí está “la gracia”, nunca mejor dicho, de intentar algo más bello, incluso divertido, que empieza por un pasodoble con tropezones y acaba como un gran vals sobrenatural que hace historia.

Ahí está nuestra esperanza y confianza en Quien inventó el baile y lo bailó primero.

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