Estamos ya de lleno en el tiempo cuaresmal, el “tiempo favorable por el cual se asciende al monte santo de la Pascua”, en palabras del Ceremonial de Obispos (n. 249). De este modo, la liturgia cuaresmal sitúa en su centro la Pascua de Cristo, la fiesta más importante del año. Ya estaba instaurada en el siglo IV en Roma.

El Concilio Vaticano II encargó expresamente que se acentuara el carácter bautismal y penitencial de este tiempo, «puesto que […] prepara a los fieles, entregados más intensamente a oír la Palabra de Dios y a la oración, para que celebren el misterio pascual, sobre todo mediante el recuerdo o la preparación del bautismo y mediante la penitencia» (Sacrosanctum concilium n. 109). La liturgia ayuda a vivir estos aspectos con signos externos (falta de música instrumental, de flores, ausencia de aleluya antes del Evangelio, etc.), así como con las lecturas de la Palabra de Dios y la riqueza de las oraciones de la Eucaristía y la Liturgia de las Horas.

La Iglesia ha recomendado tradicionalmente a los bautizados la práctica del ayuno, la oración y la limosna. En este sentido, el Código de Derecho Canónico pide a los católicos en su cánon 1251, entre otras cosas, observar el ayuno el miércoles de ceniza y el Viernes Santo, así como guardar abstinencia de carne todos los viernes de la Cuaresma.

40 días de preparación

Siempre hemos oído que la Cuaresma tiene “cuarenta días”. La propia etimología ya nos indica este significado: «quadragesima dies», el día cuadragésimo antes de Pascua. Ciertamente el número 40 tiene gran simbolismo bíblico: entre otros los años de peregrinación del pueblo de Israel por el desierto, y los días que pasó Cristo en el desierto, antes de la vida pública. Sin embargo, con un cálculo rápido vemos cómo realmente entre el miércoles de ceniza y el día de Pascua transcurren 46 días. ¿A qué se debe? Hay una razón histórica: durante los primeros siglos del cristianismo se ayunaba durante toda la cuaresma, excepto los domingos; por eso se añadieron otros seis días para suplir el ayuno de esos seis domingos.

La segunda razón es también histórica y, además, de gran carga espiritual: se pensaba que fue en miércoles cuando Cristo fue prendido antes de su Pasión. A este respecto dice la «Didascalia de los apóstoles» (siglo II) y lo repite san Epifanio (siglo V): «el miércoles y el viernes transcurren en el ayuno hasta la hora nona porque, cuando empezaba el miércoles, el Señor fue detenido, y el viernes, fue crucificado».

El miércoles de ceniza

Pero la Cuaresma no empieza en un miércoles cualquiera, sino en el miércoles de ceniza. La ceniza fue en el Antiguo Testamento signo de penitencia y conversión. El ejemplo paradigmático es Jonás predicando en Nínive (Jonás 3,6), pero también Abrahán cuando dice «en verdad soy polvo y ceniza» (Gn 18,27). De esta manera el gesto de la imposición de la ceniza remite y conecta con la tradición veterotestametaria remontándose hasta el primer patriarca. La ceniza, como es conocido, procede de las palmas con las que el Domingo de Ramos del año anterior aclamamos a Cristo como Mesías.

Es un miércoles en el que la liturgia nos centra en aquéllo que celebraremos durante toda la cuaresma: “Señor, fortalécenos con tu auxilio al empezar la Cuaresma para que nos mantengamos en espíritu de conversión; que la austeridad penitencial de estos días nos ayude en el combate cristiano contra las fuerzas del mal” dice la oración colecta de la Misa.

Por último, las dos frases que se dicen en la imposición de la ceniza, «Convertíos y creed el Evangelio» (cf. Mc 1,15) y «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás» (cf. Gn 3,19), subrayan el carácter penitencial del rito. Se impone en la cabeza, el órgano de la publicidad, aquel que mostramos, también como signo externo para el mundo de que hay que purificarse para revestirse de Cristo (cf. Rom 13,14).

 

BIBLIOGRAFÍA:

Misal Romano.

Ceremonial de Obispos, nn. 249-262.

Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 540, 1095, 1438

Código de Derecho Canónico, can. 1249-1253

Constitución sobre la liturgia Sacrosanctum concilium (1963), n. 109

Voces Ceniza, Cuaresma y Miércoles en J. Aldazábal, Vocabulario básico de liturgia, Centre de Pastoral Litúrgica, Barcelona 1994.

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