¿Qué es «Samaritanus bonus»?

«Samaritanus bonus» es una carta que ha escrito la Congregación para la Doctrina de la Fe. Trata del cuidado de las personas en las fases críticas y terminales de la vida.

En el siguiente enlace, puedes descargártela como libro electrónico de forma gratuita: https://opusdei.org/es-es/article/samaritanus-bonus-eutanasia-cuidados-paliativos/

Se llama así haciendo referencia a la parábola del Buen Samaritano, «que deja su camino para socorrer al hombre enfermo.  Es la imagen de Jesucristo que encuentra al hombre necesitado de salvación y cuida de sus heridas y su dolor con «el aceite del consuelo y el vino de la esperanza». Él es el médico de las almas y de los cuerpos y «el testigo fiel» de la presencia salvífica de Dios en el mundo«.

Es una respuesta al reto de concretar el significado del cuidado de la persona enferma y la responsabilidad social frente a los más vulnerables. Y proporcionar unas pautas pastorales precisas y concretas, de tal manera que a nivel local se puedan afrontar y gestionar estas situaciones complejas para favorecer el encuentro personal del paciente con el Amor misericordioso de Dios.

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Cuestiones previas sobre el valor de la vida:

  1. Aceptar y reconocer la fragilidad y la vulnerabilidad de la persona enferma
  2. En la experiencia de sentirse amado toda la vida encuentra su justificación
  3. La vida humana es un don sagrado e inviolable
  4. Obstáculos culturales que oscurecen el valor sagrado de la vida humana

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1. Aceptar y reconocer la fragilidad y la vulnerabilidad de la persona enferma

La debilidad nos recuerda nuestra dependencia de Dios. La medicina debe aceptar el límite de la muerte como parte de la condición humana. Ejercitar la responsabilidad hacia la persona enferma significa asegurarle el cuidado hasta el final: «curar si es posible, cuidar siempre». El objetivo de la asistencia debe mirar a la integridad de la persona, garantizando con los medios adecuados y necesarios el apoyo físico, psicológico, social, familiar y religioso.

2. En la experiencia de sentirse amado toda la vida encuentra su justificación

«Los que “están” alrededor del enfermo no son solo testigos, sino que son signo viviente de aquellos afectos, de aquellas relaciones, de aquella íntima disponibilidad al amor, que permiten al que sufre reconocer sobre él una mirada humana capaz de volver a dar sentido al tiempo de la enfermedad». «El Amor de Dios se revela siempre, en la historia de los hombres, gracias al amor de quien no nos abandona, de quien “está”, a pesar de todo, a nuestro lado«.

«Si reflexionamos sobre el final de la vida de las personas, no podemos olvidar que en ellas se aloja con frecuencia la preocupación por aquellos que dejan: por los hijos, el cónyuge, los padres, los amigos. Un componente humano que nunca podemos descuidar y a los que se debe ofrecer apoyo y ayuda«.

«El dolor es existencialmente soportable solo donde existe la esperanza«. «La esperanza que Cristo transmite al que sufre y al enfermo es la de su presencia, de su real cercanía. La esperanza no es solo un esperar por un futuro mejor, es una mirada sobre el presente, que lo llena de significado. En la fe cristiana, el acontecimiento de la Resurrección no solo revela la vida eterna, sino que pone de manifiesto que en la historia la última palabra no es jamás la muerte, el dolor, la traición, el mal. Cristo resurge en la historia y en el misterio de la Resurrección existe la confirmación del amor del Padre que no abandona nunca«.

«Los cuidados paliativos no bastan si no existe alguien que “está” junto al enfermo y le da testimonio de su valor único e irrepetible. Para el creyente, mirar al Crucificado significa confiar en la comprensión y en el Amor de Dios«.

3. La vida humana es un don sagrado e inviolable

«El hombre, en cualquier condición física o psíquica que se encuentre, mantiene su dignidad originaria de haber sido creado a imagen de Dios«. «Su dignidad está en esta vocación. Dios se ha hecho Hombre para salvarnos, prometiéndonos la salvación y destinándonos a la comunión con Él«. Por tanto, pertenece a la misión de la Iglesia «el acompañar con misericordia a los más débiles en su camino de dolor, para mantener en ellos la vida teologal y orientarlos a la salvación de Dios«. «La vida es un don sagrado e inviolable y todo hombre«. «La Iglesia afirma el sentido positivo de la vida humana como un valor ya perceptible por la recta razón, que la luz de la fe confirma y realza en su inalienable dignidad«.

«El valor inviolable de la vida es una verdad básica de la ley moral natural y un fundamento esencial del ordenamiento jurídico. Así como no se puede aceptar que otro hombre sea nuestro esclavo, aunque nos lo pidiese, igualmente no se puede elegir directamente atentar contra la vida de un ser humano, aunque este lo pida.

Por lo tanto, suprimir un enfermo que pide la eutanasia no significa en absoluto reconocer su autonomía y apreciarla, sino al contrario significa desconocer el valor de su libertad, fuertemente condicionada por la enfermedad y el dolor, y el valor de su vida, negándole cualquier otra posibilidad de relación humana, de sentido de la existencia y de crecimiento en la vida teologal. Es más, se decide al puesto de Dios el momento de la muerte. Por eso, «aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado degradan la civilización humana, deshonran más a sus autores que a sus víctimas y son totalmente contrarias al honor debido al Creador»».

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4. Tres obstáculos culturales que oscurecen el valor sagrado de toda vida humana:

4.1) Uso equivoco del concepto de “muerte digna” en relación con el de “calidad de vida”.

Según este principio, la vida viene considerada digna solo si tiene un nivel aceptable de calidad, según el juicio del sujeto mismo o de un tercero. Según esta perspectiva, cuando la calidad de vida parece pobre, no merece la pena prolongarla. No se reconoce que la vida humana tiene un valor por sí misma.

4.2) Una errónea comprensión de la “compasión”.

Ante un sufrimiento calificado como “insoportable”, se justifica el final de la vida del paciente en nombre de la “compasión”. Para no sufrir es mejor morir: es la llamada eutanasia “compasiva”. En realidad, la compasión humana no consiste en provocar la muerte, sino en acoger al enfermo, en sostenerlo en medio de las dificultades, en ofrecerle afecto, atención y medios para aliviar el sufrimiento.

4.3) El individualismo, que induce a ver a los otros como límite y amenaza de la propia libertad

La idea de fondo es que cuantos se encuentran en una condición de dependencia y no pueden alcanzar la perfecta autonomía y reciprocidad son cuidados en virtud de un favor. El concepto de bien se reduce así a ser el resultado de un acuerdo social: cada uno recibe los cuidados y la asistencia que la autonomía o la utilidad social o económica hacen posible o conveniente. Esto provoca que el sentido de la vida sea fácilmente manipulable y deforma las relaciones.

Por ello, surgen a veces dilemas infundados sobre la moralidad de las acciones que, en realidad, no son más que actos debidos de simple cuidado de la persona, como hidratar y alimentar a un enfermo en estado de inconsciencia sin perspectivas de curación. En esta cultura del descarte y de la muerte, la eutanasia y el suicidio asistido aparecen como una solución errónea para resolver los problemas relativos al paciente terminal.

 

 

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