»Dejé de rezar cuando me di cuenta que estaba hablando conmigo misma»

Recientemente veía una entrevista a un cargo público español, en la que el entrevistador le pregunta por su infancia en un tono cómico, como es habitual en este programa. Tras comentar que había ido a un Colegio de monjas, el entrevistador le pregunta:

  • ¿Se te mantuvo la fe religiosa con la edad?.
  • A lo que el cargo público responde: »No, cuando llegué a la Universidad la fe se fue».
  • El entrevistador insiste entonces: ¿Pero durante unos años creíste en Dios y luego dejaste de creer?»
  • »Yo creía mucho en Dios, era una niña muy religiosa y sobre todo me parecía siempre que hablaba con Dios. Y de pronto un día me di cuenta que estaba hablando conmigo misma».

Quizás a ti también te ha pasado que en algún momento te has planteado si lo que realmente estabas haciendo era »estar a solas con quien sabemos nos ama», como describía Santa Teresa de Jesús la oración, o era un simple monólogo contigo mismo.

4 tips para saber si lo que haces es oración o monólogo

1)Estar en Gracia de Dios

Lo primero que tenemos que tener en cuenta si queremos hacer oración, es que el alma esté en disposición de conectar con Dios. Como bien sabes, el pecado nos ensucia y nos aleja de Dios, e igual que no irías a cenar con un amigo con la ropa manchada y oliendo mal, cuando nos ponemos a hacer oración es fundamental que el alma esté limpia. Para conseguir empezar de nuevo, la confesión es el medio que Jesús ha dispuesto para limpiarnos por dentro. Aquí te ayudamos mediante 5 pasos para hacer una buena confesión y así tener el alma en disposición para hablar con Dios:

Cómo hacer una buena confesión: 5 pasos y examen de conciencia

2) Que Dios esté en el centro

A la hora de obrar en nuestro día a día, es importante seguir este esquema: primero Dios, después los demás y por último tu mismo. Pero muchas veces nos falaq lazuardi 142vWPG3TAM unsplash 200x300 - Oración: ¿Monólogo o conversación con Dios?ocurre que ponemos el »yo» en el centro.

¿Cómo descubrir quién está en el centro de tu vida? Solo tienes que pensar en lo que llevas de día, qué es lo que te ha impulsado a tomar unas decisiones u otras, de qué hablas con la gente. Si utilizas la vida como una excusa para hablar de ti mismo, entonces el »yo» está en el centro de tu vida. Y cuando eso ocurre, Dios no tiene espacio. Es importante que sea Él quien esté en el centro y nos dejemos guiar por Dios. Déjale sitio, no le tengas miedo. Deja que sea Él quien guíe tu vida.

3) La oración muchas veces es estar

Hablar con Dios, es hablar con un amigo. Por eso, muchas veces es simplemente estar, mirarse, dejarse mirar sin miedo, contarle lo que nos preocupa en ese momento, lo que nos distrae. Incluso los más grandes santos han tenido momentos de crisis en los que notaban a Dios a kilómetros de distancia. No pasa nada, Dios tiene sus tiempos y nos va inspirando, si estamos en disposición, a su manera. A través de una conversación, una aparente casualidad, un encuentro fortuito… Y para esos momentos de sequedad, en los que Dios parece estar ausente, te puede ser ultimo llevarte a la oración algún texto que te lo haga más sencillo, como estos en los que diferentes personajes del Evangelio cuentan cómo les llamó el Señor.

4) María, nuestro modelo a imitar

Como leemos en el versículo 19 del capítulo 2 del Evangelio de San Lucas: »María guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón». Nadie como María para enseñarnos a orar, a tener una intensa vida de oración al amparo del Señor, para verlo todo bajo su óptica y cumplir siempre su voluntad. Si tú también quieres imitarla, te la acercamos un poco más, para hacértelo más fácil mediante este ebook gratuito en el que diferentes personajes del Evangelio escriben a San Lucas contándole un rasgo de la Virgen María.

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