“La belleza salvará al mundo”, decía Dostoyevski. La belleza es lo que agrada la vista. Y la pintura bien hecha es alegría en la mirada. Es en esta dimensión dónde podemos encajar el mundo del arte. También es un camino para encontrar a Dios, donde Belleza, Bien y Verdad se funden y se encuentran. En este contexto tenemos la ocasión de charlar con Raúl Berzosa, un pintor malagueño de a pie. Puedes seguirle en sus redes sociales: Twitter, Instagram y Facebook.

¿Quién es Raúl Berzosa?

Raúl Berzosa en su taller junto a algunas de sus obras.

Raúl Berzosa nace en Málaga el 20 de abril de 1979. Su formación ha estado siempre relacionada con los Hermanos Maristas.

La pintura es el eje de su vida, comienza a los trece años a dibujar los primeros trazos pasando por varios talleres. Desde el 2000, año en el que realizó su primera pintura pública, ha dedicado su tiempo a pintar diferentes temáticas: retratos, la figura humana, el mar, temas religiosos y cofrades… todo bajo un estilo realista en continua evolución; y siempre teniendo claro que su debilidad era el arte sacro, como comprobaremos en esta entrevista realizada por Daniel Ibáñez. Licenciado en la Universidad de Málaga por Historia del Arte, además de tener el CAP (Certificado de Aptitud Pedagógica), Raúl tiene obras repartidas por todo el mundo: Estados Unidos, Guatemala, Roma, España…

– ¿De dónde surge tu vocación por la pintura?

Como muchos niños, solía tener papel y lápiz cerca para dar rienda suelta a la imaginación, pero no creo que tuviese en ese sentido más inquietudes que otros niños de mi edad. Con 12 o 13 años comienzo a dibujar cómics. Lo que veía en la televisión lo trasladaba al papel, y mi padre, viendo que no se me daba mal, me apuntó a un taller local. Ese fue mi primer acercamiento a la pintura.

Estuve varios años dibujando y pintando, hasta que en el año 2000, realizo mi primera pintura pública. Se trata de el cartel de la salida procesional de una cofradía aquí en Málaga. De esos primeros contactos con la pintura cofrade, nació posteriormente mi pasión por el arte sacro, es decir, ya no copiaba las imágenes de las cofradías, sino que yo creaba mis propias figuras.

– ¿Qué pintor es el que más te inspira y por qué?

Pintando un Cristo.

En cierto modo, muchos son los pintores de los que aprendo: cómo solucionan sus obras, cómo se enfrentan a problemáticas pictóricas en el lienzo, tanto actuales como de otros siglos… Por dar algunos nombres te diría: Velázquez, Rubens, Sorolla, Murillo, Tiepolo… también me llama la atención la calidad técnica de muchos pintores decimonónicos.

– ¿Cuántos proyectos has realizado a lo largo de tu vida?

No sabría decirte, he perdido la cuenta… Un día me tengo que sentar tranquilo y mirar para atrás. En mente tengo los proyectos más cercanos, como los de Estados Unidos o Guatemala. Alguna vez me han preguntado el número total de obras pintadas, por supuesto no lo sé, y creo que hoy en día no sería capaz de revisar todo lo que he hecho, sobre todo obras de mi juventud, además hay un gran número de obras de tamaño medio, pero otras muy grandes como el techo del Oratorio de Santa María Reina, en Málaga (España), sus dimensiones son 10 x 12 metros, por lo tanto, dentro de esa obra se puede decir que hay muchas obras.

– ¿Con cuál has disfrutado más?

Disfruto con cada proyecto, especialmente los que van para otros países, y también los que son de gran formato. Se puede decir que me gusta la realización de grandes obras. Por poner un ejemplo, uno de los proyectos de los que más he disfrutado en los últimos años ha sido el de los Jesuitas de Tampa (Florida, Estados Unidos), un proyecto donde trabajé junto al gran arquitecto Duncan Stroik, lo que para mí ha sido un auténtico honor.

– ¿Y cuál ha sido el que más te ha costado?

Me gustan las grandes obras, pero precisamente el proyecto que más me ha costado por su dificultad en todos los sentidos (artístico, físico, iconográfico…) ha sido mi obra de mayor tamaño: el Oratorio de Santa María Reina (Málaga), que he realizado en distintas etapas. Creo que la más costosa ha sido la última parte del proyecto -la dedicada a la Coronación de la Virgen María-. Debía plasmar ese momento tan importante de Nuestra Madre en el techo, con una infinidad de figuras, más de 140 metros cuadrados, pintura acrílica directamente sobre el muro… fue una obra bastante compleja a la que hay que enfrentarse mentalizado de lo que realmente es salir de tu espacio, del taller donde tienes tus óleos y caballete, para coger un arnés y subirte en un elevador durante meses para pintar boca abajo. Eso sí, la satisfacción de ver la obra terminada y la admiración del público al descubrirla, no tiene parangón con ninguna de las obras que he realizado. 

– ¿Cómo es el proceso de pintar una obra nueva, desde el inicio hasta el fin?

Si es una obra sacra, por ejemplo, lo primero es informarme. Ahora mismo estoy realizando una serie de santos jesuitas, muchos de ellos no los conozco, me leo parte de su biografía, veo que se ha hecho artísticamente sobre estos santos, su iconografía… es decir, hacerme una idea de lo que tengo que representar. Una vez dado este primero paso, es hora de coger los lápices para realizar el boceto. Normalmente también hay un proceso de fotos que me sirven para realizar los dibujos previos. Una vez tengo el boceto terminado se lo muestro al cliente para que vea lo que voy a pintar, decir en este sentido que la confianza de los clientes en mí es absoluta a la hora de confeccionar la obra.

A partir de aquí paso al óleo. Traslado el boceto, la idea, al lienzo; que dependiendo de la dificultad de la obra se puede alargar más o menos semanas. Me gusta empezar por lo mollar. Por ejemplo, si es un retrato me voy directamente al rostro. Una vez acabada la obra, y dejando un tiempo prudencial, siempre la barnizo.

– Cuando pintas, ¿rezas?

La habitación del taller donde pinto tiene normalmente muchas obras sacras. Pero junto a esta habitación, tengo otra que es un pequeño despacho donde guardo mis premios, reconocimientos, insignias, obsequios… en la que preside una foto grande de la Sábana Santa de Turín. Está colgada en el centro de la pared, y es sin duda mi lugar de agradecimiento y de oración en el taller. En cuanto a las pinturas, no sé muy bien por qué, pero hay obras que me “obligan” a mirarlas de otra forma, como me ocurre ahora mismo con el Calvario, obra de gran formato que he realizado para la Iglesia de Santa María Reina en Ciudad Cayalá en Guatemala.

– Has tenido la suerte de entregar personalmente dos pinturas pontificias a dos papas: al Papa Emérito Benedicto XVI y al Papa Francisco. ¿Qué destacarías de estos encuentros?

Es una gran dicha el poder haber conocido a dos Papas personalmente. Lo que más me llamó la atención es la cercanía de ambos y la atención a mis pinturas, así como a mis explicaciones sobre las distintas obras. Como pintor y como católico son de los momentos más importantes de mi carrera.

Mostrándole al Papa Francisco la pintura en la que aparece retratado.

– El pasado Viernes Santo el libreto del Vía Crucis con las Meditaciones de Sor Eugenia Bonetti venía acompañado de tus pinturas. ¿Alguna vez hubiera soñado con ilustrar un libro con la devoción o práctica de oración más extendida entre los católicos, y sobretodo, presidida por el Santo Padre?

Nunca, ni lo había imaginado. Si que sabía de la existencia del rezo del Vía Crucis presidido por el Santo Padre en el Coliseo, pero que obras realizadas por mí ilustren dicho momento en Semana Santa, ha sido la satisfacción absoluta como pintor dedicado al Arte Sacro. La obra pictórica como herramienta para la fe tiene como principal función cuando llega al espectador, conseguir transmitir al que la contempla y acercarlo a Dios. Con este Vía Crucis se ha llegado a muchísimas personas, tanto in situ el Viernes Santo en Roma, como a través de los medios de Comunicación que se han hecho eco.

– Las obras la realizas en tu pequeño taller de Málaga, donde trabajas en cada una de forma personal. Cuando terminas el encargo y las entregas, pasan las fronteras de tu taller y comienzan a ser de todos. ¿Qué has sentido al ver que algunas han acabado en lugares como Florida, Guatemala o Italia?

Es un honor muy grande que vengan de otros países en búsqueda de un pintor de Málaga; pero también es una gran responsabilidad que haya personas que recorran miles de kilómetros para presentarme proyectos. Además, generalmente son proyectos grandes, llenos de complejidad, y dirigidos a un gran público. Doy las gracias a Dios por permitirme pintar tanto y poder dedicar mi vida a ello.

En el taller, junto a la obra del Calvario recién acabada.

– ¿Cuál es el mensaje que intentas transmitir con tu pintura?

Dentro del arte sacro siempre busco que la pintura transmita mis creencias al espectador de la obra, que haya una interacción, que la obra sea útil; es decir, no ver solamente una obra bella o una pintura que pueda ser fría, sino que esa belleza, como dijo el Papa Benedicto XVI, sea un camino para encontrar a Dios.

– ¿Qué le dirías a un joven que quiere ser pintor?

Lo principal es que, si tiene el deseo de convertirse en pintor, que luche por ello, que a pesar de todas las dificultades que se pueda encontrar en el camino tendrá que ir superándolas como obstáculos que son y una parte más del aprendizaje. Del mismo modo, pienso que ese camino debe ir acompañado de humildad, de no creerse superior al resto, aprender mucho de los grandes maestros y de los que no lo son. Normalmente, otros artistas siempre aportan, ya sea mucho o poco. Y por último, trabajar mucho e intentar ser disciplinado, aplicar la famosa frase de Pablo Picasso: «Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando«.

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