La oración a San Miguel y el Papa León XIII

La oración a San Miguel Arcángel fue compuesta por el Papa León XIII en torno a la década de 1880. No está muy claro qué es exactamente lo que le llevó a pedir la protección de este arcángel, además de animar a todos los cristianos a recitarla; pero los testigos de la época cuentan que tras celebrar la Santa Misa, León XIII tuvo una visión del demonio semejante a la que se narra en el libro bíblico de Job:

“Sucedió un día que vinieron los ángeles de Dios para presentarse ante el Señor, y vino también Satán entre ellos.
El Señor dijo a Satán:
—¿De dónde vienes?
Él respondió:
—De dar vueltas por la tierra, recorriéndola entera.
Y le preguntó el Señor:
—¿Te has fijado en mi siervo Job? Nadie hay como él en toda la tierra; es íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del mal.
Satán le contestó:
—¿Acaso Job teme a Dios de balde? ¿No será porque Tú le rodeas con tu protección a él, a su casa y a todo lo que posee? Tú bendices las obras de sus manos y sus rebaños se multiplican por toda la tierra. Bastará con extender tu mano y tocar un poco lo que posee para que te maldiga en tu cara.
Entonces el Señor dijo a Satán:
—Mira, en tus manos dejo cuanto posee. Pero a él no lo toques.
Y Satán salió de la presencia del Señor.”
Pasaje de la Sagrada Biblia de la Universidad de Navarra.

Tras este suceso, parece ser que se encerró en su despacho privado durante media hora, y después salió con la oración compuesta. Desde entonces la recitaba frecuentemente recalcando la importancia de luchar contra el demonio para la Gloria de Dios. Además, la práctica esta oración estuvo vigente hasta antes de las reformas litúrgicas del Concilio Vaticano II.

 

La versión larga de la oración

Esta es la versión larga de la oración que el Papa León XIII publicó el 18 de mayo de 1890 (Acta Apostolicae Sedis, p. 743):

»¡Oh glorioso príncipe de las milicias celestes, san Miguel arcángel, defiéndenos en el combate y en la terrible lucha que debemos sostener contra los principados y las potencias, contra los príncipes de este mundo de tinieblas, contra los espíritus malignos! Ven en auxilio de los hombres que Dios ha creado inmortales, que formó a su imagen y semejanza y que rescató a gran precio de la tiranía del demonio. Combate en este día, con el ejército de los santos ángeles, los combates del Señor como en otro tiempo combatiste contra Lucifer, el jefe de los orgullosos, y contra los ángeles apóstatas que fueron impotentes de resistirte y para quien no hubo nunca jamás lugar en el cielo. Si ese monstruo, esa antigua serpiente que se llama demonio y Satán, él que seduce al mundo entero, fue precipitado con sus ángeles al fondo del abismo.

Encuentra más dibujos como este de San Miguel Arcángel, en nuestra sección ‘Dibujos y cosas’.

Pero he aquí que ese antiguo enemigo, este primer homicida ha levantado ferozmente la cabeza. Disfrazado como ángel de luz y seguido de toda la turba y seguido de espíritu malignos, recorre el mundo entero para apoderarse de él y desterrar el Nombre de Dios y de su Cristo, para hundir, matar y entregar a la perdición eterna a las almas destinadas a la eterna corona de gloria. Sobre hombres de espíritu perverso y de corazón corrupto, este dragón malvado derrama también, como un torrente de fango impuro el veneno de su malicia infernal, es decir el espíritu de mentira, de impiedad, de blasfemia y el soplo envenado de la impudicia, de los vicios y de todas las abominaciones. Enemigos llenos de astucia han colmado de oprobios y amarguras a la Iglesia, esposa del Cordero inmaculado, y sobre sus bienes más sagrados han puesto sus manos criminales. Aun en este lugar sagrado, donde fue establecida la Sede de Pedro y la cátedra de la Verdad que debe iluminar al mundo, han elevado el abominable trono de su impiedad con el designio inicuo de herir al Pastor y dispersar al rebaño.

Te suplicamos, pues, Oh príncipe invencible, contra los ataques de esos espíritus réprobos, auxilia al pueblo de Dios y dale la victoria. Este pueblo te venera como su protector y su patrono, y la Iglesia se gloría de tenerte como defensor contra los malignos poderes del infierno. A ti te confió Dios el cuidado de conducir a las almas a la beatitud celeste. ¡Ah! Ruega pues al Dios de la paz que ponga bajo nuestros pies a Satanás vencido y de tal manera abatido que no pueda nunca más mantener a los hombres en la esclavitud, ni causar perjuicio a la Iglesia. Presenta nuestras oraciones ante la mirada del Todopoderoso, para que las misericordias del Señor nos alcancen cuanto antes. Somete al dragón, la antigua serpiente que es diablo y Satán, encadénalo y precipítalo en el abismo, para que no pueda seducir a los pueblos. Amén

– He aquí la Cruz del Señor, huyan potencias enemigas.
Venció el León de Judá, el retoño de David
-Que tus misericordias, Oh Señor se realicen sobre nosotros.
Como hemos esperado de ti.
-Señor, escucha mi oración
Y que mis gritos se eleven hasta ti.

Oh Dios Padre Nuestro Señor Jesucristo, invocamos tu Santo Nombre, e imploramos insistentemente tu clemencia para que por la intercesión de María inmaculada siempre Virgen, nuestra Madre, y del glorioso san Miguel arcángel, te dignes auxiliarnos contra Satán y todos los otros espíritus inmundos que recorren la tierra para dañar al género humano y perder las almas. Amén»

Oración a San Miguel después del Rosario

El 29 de septiembre de 2018 y a las puertas del mes que la Iglesia dedica al Rosario, octubre, la Santa Sede emitió un comunicado en el que el Papa Francisco anima a rezar la oración a San Miguel al terminarlo, así como la invocación  ‘Sub tuum praesídium’. El comunicado también incluye la oración en latín y en castellano, que reproducimos a continuación.

El comunicado de la Santa Sede

«El Santo Padre ha decidido invitar a todos los fieles, de todo el mundo, a rezar cada día el Santo Rosario durante todo el mes mariano de octubre y a unirse así en comunión y penitencia, como pueblo de Dios, para pedir a santa Madre de Dios y a San Miguel Arcángel que protejan a la Iglesia del diablo, que siempre pretende separarnos de Dios y entre nosotros.

Recientemente, antes de partir a los Países Bálticos, el Santo Padre se reunió con el P. Fréderic Fornos S.I., Director internacional de la Red Mundial de Oración por el Papa, y le pidió que difundiera su llamamiento a todos los fieles del mundo, invitándoles a terminar el rezo del Rosario con la antigua invocación «Sub tuum praesídium» y con la oración a San Miguel Arcángel, que protege y ayuda en la lucha contra el mal (ver Apocalipsis 12, 7-12).

La oración –afirmó el Pontífice hace pocos días, el 11 de septiembre, en una homilía en Santa Marta, citando el primer capítulo del Libro de Job– es el arma contra el gran acusador que «vaga por el mundo en busca de acusaciones». Solo la oración puede derrotarlo. Los místicos rusos y los grandes santos de todas las tradiciones aconsejaban, en momentos de turbulencia espiritual, protegerse bajo el manto de la santa Madre de Dios pronunciando la invocación «Sub tuumpraesídium».

La invocación «Sub tuum praesídium» dice así:

“Sub tuum praesídium confúgimus,
sancta Dei Génetrix;
nostras deprecatiónes ne despícias in necessitátibus,
sed a perículis cunctis líbera nos semper,
Virgo gloriósa et benedícta”.

[Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, ìoh, siempre virgen, gloriosa y bendita!]

Con esta solicitud de intercesión, el Santo Padre pide a los fieles de todo el mundo que recen para que la Santa Madre de Dios, ponga a la Iglesia bajo su manto protector,  para  defenderla  de los ataques del maligno, el gran acusador, y hacerla, al mismo tiempo,  siempre más consciente de las culpas, de los errores, de los abusos cometidos en el presente y en el pasado y comprometida a luchar sin ninguna vacilación para que el mal no prevalezca.

El Santo Padre también ha pedido que el rezo del Santo Rosario durante el mes de octubre concluya con la oración escrita por León XIII:

“Sancte Míchael Archángele, defénde nos in próelio;
contra nequítiam et insídias diáboli esto praesídium.
Imperet illi Deus, súpplices deprecámur,
tuque, Prínceps milítiae caeléstis,
Sátanam aliósque spíritus malígnos,
qui ad perditiónem animárum pervagántur in mundo,
divína virtúte, in inférnum detrúde. Amen”.

[San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Que Dios manifieste sobre él su poder, es nuestra humilde súplica. Y tú, oh Príncipe de la milicia celestial, con el poder que Dios te ha conferido, arroja al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas. Amén.]»

Para ponértelo más fácil, en nuestro Rosario en audio que puedes encontrar tanto en Ivoox, como en Spotify de manera gratuita, están ambas oraciones incluidas al final.

La oración a San Miguel Arcángel en formato imagen

Te dejamos ambas oraciones en formato imagen, para que no dejes de rezarlas al terminar el Santo Rosario:

Encuentra más oraciones como esta en nuestra cuenta de Pinterest.

La oración a San Miguel para niños

Los pequeños también pueden rezar estas oraciones para pedir la protección de la Iglesia, al levantarse o acostarse. En el blog ‘‘Dibujos y cosas’, te dejamos más recursos pensados especialmente para ellos.

La imagen de cabecera de esta entrada es propiedad de Álvaro García Fuentes (@algafu)

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