No es raro encontrarse con ciertos pasajes de la Biblia que nos resultan difíciles de comprender a la primera. Por ejemplo, hace algunos días, circulaba por internet una imagen con unos versículos del libro de Isaías que, según algunos, profetizan la situación actual en Siria: destrucción y desolación. ¿Es una interpretación válida? En el fondo, nos preguntamos: ¿cómo podemos entender mejor las Escrituras? ¿Cómo debemos leer la Biblia?

En la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, del Papa Francisco, nos encontramos un epígrafe útil para responder estas cuestiones. Se llama “La lectura espiritual” (152-153). Hemos esquematizado lo que dice el Papa en tres puntos.

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Respetar el sentido del texto

Una gran tentación a la hora de leer e interpretar la Biblia es acomodarla a lo que uno piensa o defiende. ¿Cómo evitar esto? Francisco responde: “La lectura espiritual de un texto debe partir de su sentido literal”De esta forma, se parte de lo que dice el texto y del contexto en que lo dice. De lo contrario, se puede “utilizar algo sagrado para el propio beneficio y trasladar esa confusión al Pueblo de Dios”. El Papa recuerda que “a veces «el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz» (2 Co 11,14)”; esto es, hay personas que citan la Escritura, pero con mala intención, para confundir.

Para interpretar la Biblia adecuadamente, hace falta buena disposición, humildad ante el texto y, por supuesto, estudio. Un buen comienzo es leer una Biblia católica con notas al pie que expliquen el sentido del texto. Para los más avanzados, existen numerosos blogs, cursos y libros que profundizan en las Sagradas Escrituras.

Escuchar a Dios a través de su Palabra

No hay que olvidar que la Biblia no es un libro como cualquier otro. Es Palabra de Dios. Por lo tanto, interpela a quien lo lee. Por eso dice el Papa Francisco: “En la presencia de Dios, en una lectura reposada del texto, es bueno preguntar, por ejemplo: «Señor, ¿qué me dice a mí este texto? ¿Qué quieres cambiar de mi vida con este mensaje?»”. 

Se puede caer en la tentación de aplicar lo que dice la Biblia a todo y a todos, menos a uno mismo. Es muy fácil leer un fragmento de la Biblia por encima y quedarse en la anécdota. Lo difícil es bucear, ir a lo profundo, pararse a pensar en qué es lo que me dice este texto. Esto requiere silencio, meditación y así se llega a la oración.

Crecer en nuestra vida espiritual

Saber qué dice la Biblia, pero no vivirlo, sería poco útil. Dicho de otro modo: la sola erudición bíblica no sirve para nada. Debemos intentar llevar a nuestra existencia lo que leemos en la Palabra de Dios. Sin caer en agobios, claro. Dice el Papa que a veces “pensamos que Dios nos exige una decisión demasiado grande, que no estamos todavía en condiciones de tomar. Esto lleva a muchas personas a perder el gozo en su encuentro con la Palabra”.

Dios nos llama, pero sabe que somos débiles. Nos espera con paciencia y comprensión. Sobre todo, busca “que miremos con sinceridad la propia existencia y la presentemos sin mentiras ante sus ojos, que estemos dispuestos a seguir creciendo, y que le pidamos a Él lo que todavía no podemos lograr”.

La Biblia nos ayuda a conocer a Dios y también a conocernos a nosotros mismos. Y, a partir de allí, podemos crecer en vida espiritual.

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