Adviento

Fotograma de la ministerie Jesús de Nazareth, dirigida por Franco Zeffirelli, 1977.

Aguardamos en vigilante espera: el Adviento

En muchos lugares del mundo, con la llegada del frío y con el final del calendario escolar, se despierta el llamado espíritu navideño. El Año litúrgico llama Adviento a este tiempo de preparación a la Solemnidad del 25 de diciembre. No es una espera ansiosa o malhumorada: la pedagogía de la Iglesia lo propone como una época de espera alegre, de cuatro semanas.

La preparación que la Iglesia quiere en sus fieles no es sólo una preparación para una fiesta de un día, ni tan siquiera para todos los días de Navidad. El Adviento nos sitúa frente a lo temporal y frente a lo eterno, pues la venida de Cristo no se circunscribe al día 25 de diciembre. A este respecto, es famoso el quinto sermón de San Bernardo sobre el Adviento, que trata de las tres venidas de Cristo:

«Existen tres advientos. El primero y el último son evidentes: la llegada de Jesús como hombre en la natividad y su venida al final de los tiempos. El intermedio permanece oculto al contrario de los otros dos. A cada adviento le corresponde una renovación. En ese adviento intermedio la palabra se guarda en el corazón y no en la memoria pues la ciencia engríe y tiene sus lagunas. La palabra debe ser guardada dentro del alma donde se asimilen sus afectos y las costumbres tal como se hace con el alimento que ingerimos. Antes, nuestro corazón estaba ocupado por un hombre viejo; lleno de bajos deseos y de instintos de dominación. En el hombre nuevo cristiano la caridad se opone a los bajos deseos y la humildad a los instintos de dominación«.

De esta manera, el santo de Claraval nos conduce al Adviento en el que siempre vive el creyente, pues el cristiano siempre está esperando la venida de Jesús a su alma, y amándole para que Él haga en nosotros su morada. Así, el Adviento cobra un sentido que trasciende el tiempo concreto, muestra una actitud del alma que espera a Cristo y que grita desde lo profundo «Ven, Señor Jesús«.

La Iglesia se ha preparado desde siempre para la Navidad:

La necesidad de preparación ante los grandes misterios de la Navidad se vio en la Iglesia desde tiempos tempranos, como recoge Dom Prosper Guéranger en su obra El año litúrgico: «ya desde el siglo V nos hallamos con la costumbre de hacer exhortaciones al pueblo para prepararle a la fiesta de Navidad; hasta nos quedan dos sermones de San Máximo de Turín sobre este objeto«. En un inicio quedó configurado de manera muy similar a la Cuaresma, pero con el paso de los años fue relajándose la observancia acortando el ayuno, e incluso restringiendo esta penitencia a los clérigos. Como señala Dom Guéranger, parece que el Papa San Gregorio Magno (540-604) fue quien compuso la primera liturgia de Adviento.

Este año el Adviento comienza en las I Vísperas del domingo 29 de noviembre. Desde este día los textos de la celebración eucarística despiertan el deseo de Dios que ya ha venido en la carne y que vendrá al final de los tiempos. En la última semana antes de la Navidad este anhelo se intensifica a la espera del Niño: a partir del día 17 de diciembre comienzan a aparecer los títulos cristológicos en el Aleluya del Evangelio y en la antífona del Magnificat para las Vísperas.

¿Cuáles son los signos de la liturgia que percibirán nuestros sentidos?

En primer lugar, el predominio del color morado del que ya hemos hablado en una entrada anterior. Aunque se asocie a la penitencia de la Cuaresma, el acento ahora es distinto. Para educar el oído la Iglesia limita el uso de instrumentos musicales sólo para sostener el canto, y con la moderación propia del tiempo. Así se consigue «evitar cualquier anticipación de la plena alegría del Nacimiento del Señor» (OGMR, 313). Con esta misma finalidad se modera el adorno del altar con flores. Nuestra voz también se templa con la omisión del rezo o canto del Gloria durante la Eucaristía, porque la primera vez que se escuchó ese canto fue durante la noche de Navidad, cuando los ángeles lo cantaban a los pastores (Lc 2,14).

Por último, este tiempo supone también el inicio del año litúrgico: después de la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo del pasado 22 de noviembre, la Iglesia empieza de nuevo el ciclo litúrgico con la celebración del Adviento.

 

BIBLIOGRAFÍA:

San Bernardo, Sermones sobre el Adviento.

Conferencia Episcopal Española, Calendario litúrgico pastoral 2015.

Ordenación General del Misal Romano.

Prosper Guéranger OSB, El año litúrgico, I.

 

(Visited 919 times, 1 visits today)

Join the discussion No Comments

Leave a Reply