Sí, es posible

05/10/2018 | Por Arguments

Antonio Rojas

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catequesis

la chispa

">http://www.arguments.es/wp-content/uploads/lachispa/2018/10/Sí-es-posible-e1538731765684.jpg"> Lo imposible es el fantasma de los tímidos  y el refugio de los cobardes. -Napoleón I- Aseguran que lo imposible es meramente lo que nunca se ha intentado. Y si se ha intentado, ha faltado constancia en el intento. Hay personas que consiguen, a base de insistir, vencer un problema de tartamudez. Conozco casos de personas que consiguen títulos universitarios a pesar de habérseles diagnosticado dislexia. Son ejemplos de personas que demuestran la posibilidad de lo aparentemente imposible. Tuve una alumna que nació sin la mano izquierda, tenía, en su lugar, una especie de muñón. Sus padres tuvieron la vista y la firmeza, de tratarla con normalidad, convencidos de que lo imposible es simplemente lo que nunca se ha intentado, y lo imposible, en este caso, era tratarla con total normalidad, sin ningún miramiento ni complejo. Era buena estudiante, aprendió a nadar, a montar en bici, a jugar al baloncesto, y reír y discutir con los demás compañeros, a valerse por sí misma hasta para atarse los zapatos. Creció sintiéndose orgullosa de sí misma, creyendo en sus capacidades, deseando ser útil a los demás. Entre lo imposible y lo posible solo hay una diferencia: «im». En inglés todavía es más gráfico. La palabra impossible la podemos transformar en I´m possible (yo soy posible), aunque son las mismas letras y en el mismo orden, la puntuación, la pronunciación y el énfasis, la transforma en lo opuesto. Si uno apenas se esfuerza por alcanzar el resultado deseado, ¿cómo puede saber que algo es imposible? El abandonar al primer contratiempo o fracaso, es como aquel que deja de correr porque tropieza. El éxito requiere práctica, constancia y aprender de las caídas. Debemos tener muy claro que hay una diferencia abismal entre fracasar y ser un fracasado. Casi todo se aprende en la vida habiendo fracasado alguna vez. ¿O no aprendimos a patinar a base de caídas? Nos levantábamos y volvíamos a intentarlo. ¿No perdimos nunca el equilibro al aprender a montar en bici? Lo que ocurría en aquellos momentos, llevados por la juventud y la ilusión, es que el fuerte deseo de ser capaz de hacer esas cosas, nos hacía olvidar las tentativas fallidas y seguíamos intentándolo. Y a base de caer y levantarnos, adquiríamos la habilidad que deseábamos. Aunque fracasáramos muchas veces en el proceso de aprendizaje, no nos sentíamos unos fracasados, porque convertíamos las caídas en puertas abiertas para intentarlo de nuevo. Solo podemos encontrar las soluciones que buscamos, las metas que, razonable y audazmente nos proponemos, si nos auto convencemos de que: Sí, es posible. Lo puedo hacer.

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