Traducimos el artículo de Joseph Heschmeyer «Why Do Catholics Call Priests «Father»? Isn’t That Against the Bible?» (¿Por qué los católicos llaman padre a los sacerdotes? ¿No está esto contra la Biblia?) publicado en ChurchPop

Una de las objeciones comunes que se le hace al catolicismo es que los católicos ignoran la Biblia llamando padre a los sacerdotes. Después de todo, en Mateo 23,9, Jesús dice, “no llaméis padre a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el que está en el Cielo”.

Parece, a primera vista, que los católicos están transgrediendo la Escritura. Y en cualquier caso, ¿tan difícil es llamar al sacerdote simplemente reverendo? Pero cuando uno empieza a examinar la Escritura, descubre rápidamente que Mateo 23,9 es uno de los pasajes más malinterpretado de toda la Escritura.

Así que dejadme hacer tres cosas: primero, mostrar que los hombres son llamados “padres” a lo largo de todo el Nuevo Testamento; segundo, que padre es utilizado como título honorífico a lo largo de todo el Nuevo Testamento; y finalmente, explicar porque esto es compatible con los que dice Cristo en Mateo 23,9.

“Padres” a lo largo de todo el Nuevo Testamento

Empecemos por un lugar obvio, el inicio del evangelio de san Mateo. La genealogía de Jesús en Mateo 1 nombra a muchos padres: “Abraham fue padre de Isaac, Isaac fue padre de Jacob, y Jacob fue padre de Judá y sus hermanos…” (Mateo 1,2). Jesús habla acerca de sus padres en Mateo 10,37 y en Marcos 10,29. Efesios 6,2 recuerda a los niños, “honrad a vuestro padre y a vuestra madre”. De hecho hay incontables hombres a quien el Nuevo Testamento se refiere como padres o padre.

Los protestantes reconocen esto, y admiten que está bien llamar a un hombre padre en sentido biológico, pero no en sentido espiritual. Ahora bien, Mateo 23,9 no dice en realidad esto, verdad? Dice que no se llame a ningún hombre “padre”. Así que mi primer punto es que nadie lee Mateo 23,9 literalmente, ni Mateo ni el mismo Jesús.

Padres en la Fe

Así, parecería que es correcto llamar a un hombre padre en sentido biológico, pero no padre en sentido espiritual. Esta lectura es también incorrecta y contraria al pleno  sentido de la Biblia.

En la parábola de Lázaro y el hombre rico, el hombre rico se refiere a Abraham al rezarle con el título de “Padre Abraham”. (Lucas 16,24; Lucas 16,30). Y no hay ninguna pista en el pasaje de que está equivocado al llamarlo así. Del mismo modo, en la carta de Santiago 2,21 se le llama “Abraham nuestro padre”. Esta formulación parecería prohibida en Mateo 23,9. De la misma forma, en Hechos 4,25, los cristianos recuerdan a Dios las palabras dichas “a nuestro padre David, tu siervo”. Romanos 9,10 también se refiere a “nuestro Padre Isaac”.

Pero, ¿no podría ser que simplemente les estuvieran llamando padres, queriendo decir antecesores? No. En la Carta a los romanos 4,11-18 se nos dice explícitamente que Abraham es nuestro Padre en la fe:

«Y recibió la señal de la circuncisión como sello de la justicia de la fe que poseía siendo incircunciso. Así se convertía en padre de todos los creyentes incircuncisos, a fin de que la justicia les fuera igualmente imputada; y en padre también de los circuncisos que no se contentan con la circuncisión, sino que siguen además las huellas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de la circuncisión.

En efecto, no por la ley, sino por la justicia de la fe fue hecha a Abraham y su posteridad la promesa de ser heredero del mundo. Porque si son herederos los de la ley, la fe carece de objeto, y la promesa queda abolida; porque la ley produce la cólera; por el contrario, donde no hay ley, no hay transgresión.

 Por eso depende de la fe, para ser favor gratuito, a fin de que la Promesa quede asegurada para toda la posteridad, no tan sólo para los de la ley, sino también para los de la fe de Abraham, padre de todos nosotros, como dice la Escritura: Te he constituido padre de muchas naciones: padre nuestro delante de Aquel a quien creyó, de Dios que da la vida a los muertos y llama a las cosas que no son para que sean. El cual, esperando contra toda esperanza, creyó y fue hecho padre de muchas naciones según le había sido dicho: Así será tu posteridad.»

En Mateo 3,9, Juan el Bautista utiliza el mismo argumento, cuando les dice a los fariseos y a los saduceos, “no os contentéis con decir: «Tenemos por padre a Abraham». Porque yo os digo que de estas piedras Dios puede hacer surgir hijos de Abraham.”. En otras palabras, la descendencia biológica desde Abraham no se corta. Es ser hijo suyo en la fe lo que importa. Jesús mismo dice lo mismo en Juan 8,39, cuando les dice a los Fariseos: “si fuerais hijos de Abraham, haríais lo que Abraham hizo.”

Así que claramente Abraham es llamado padre (como mínimo por los cristianos) porque él es nuestro padre en la fe, y no porque sea nuestro antecesor biológico.

Vemos esto plenamente en otros lugares. San Esteban, por ejemplo, lo utiliza en su discurso para referirse a los ancianos del pueblo de Israel diciéndoles: “Oídme, hermanos y padres” (Hechos 7,2). Obviamente, no está diciendo que el sumo sacerdote y los ancianos a quienes está hablando sean sus antecesores biológicos: se está refiriendo a ellos como padres de la misma forma que hoy en día se les llama padres a los sacerdotes.

San Pablo incluso se refiere a sí mismo como padre espiritual, diciendo “en Cristo Jesús me he convertido en vuestro padre en el Evangelio” (1 Cor 4,15) Y San Pedro se refiere a Marcos como su hijo (espiritual) en la primera carta de San Pedro 5,13. Así que básicamente todo el mundo en el Nuevo Testamento utiliza padre como título espiritual. La posición protestante común (según la cual es correcto llamarles padres a los hombre solo si son antecesores biológicos) es claramente incorrecta.

Entender Mateo 23,9

Así que hemos dicho ya dos cosas que Mateo 23,9 no quiere decir. No prohíbe utilizar la palabra padre, y no prohíbe utilizar el término padre para un líder espiritual.

Así pues, ¿qué significa?

Jesús dice “no llaméis padre a nadie en la Tierra (Mt 23,9) pero san Pablo dice “Me he convertido en vuestro padre en el Evangelio (1 Cor 4,15). Sin embargo, San Pablo avisa un poco antes en esa misma carta que no hay unos de Pablo u otros de Apolo sino solo de Cristo (1 Cor 1, 12-13). Y esta es la clave que soluciona todo este problema.

Cristo nos avisa de no llamar padre a ningún hombre para no crear un Dios alternativo, una figura que nos aleje de Dios. Si somos cristianos pero a la vez somos marxistas, nos encontraremos con Marx y Cristo llevándonos en distintas direcciones. Pero ser un seguidor de San Pablo supone ser un seguidor de Cristo. La paternidad de Pablo nos guía al Dios Padre.

Cristo denuncia a los fariseos por haber creado dos lealtades separadas, una obediencia a la tradición rabínica que impedía el seguimiento de los diez mandamientos (Mc 7, 9-13). En el catolicismo, no hay distintas lealtades. La lealtad a la Esposa de Cristo, la Iglesia, es lealtad a Cristo mismo (Efesios 5,25-32)

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Join the discussion One Comment

  • Emilio dice:

    Soy fraile, y ordenado sacerdote.

    Odio que me llamen padre. Y para mí el argumento de Mateo sigue siendo válido.
    Quizás por el hecho de ser fraile lo vea con otros matices. Yo lo veo desde la más elemental fraternidad. Un padre es un padre. Hasta ahí todos de acuerdo. Y un padre siempre va a estar por encima de su hijo, nunca a su nivel. Un padre enseña, reprende… todo lo que san Pablo dice en su carta, pero siempre será padre, nunca podrá ser hijo, excepto de su padre (o sus padres, admitiendo la acepción de Padre para Abrahán o san Francisco, este último en mi caso).

    Por eso mismo yo prefiero el título de hermano. No sólo porque sea Hermano Menor. Sino porque el hermano enseña, reprende… pero al lado de su hermano también puede aprender o ser reprendido cuando su actitud lo merece. Yo sé que no lo sé todo. Sé que me queda mucho por aprender, y que mis hermanos, con los que comparto mi fe día a día, tanto en el convento, como en la comunidad de fe de la iglesia, la parroquia e incluso la diócesis son, incluso, un lugar teológico donde mi fe crece y donde mi vida mejoro.

    Si yo admitiera que los que están a mi alrededor han de ser los que me llaman y me tratan como «padre» sentiría que pierdo referencias tan importantes en mi día a día.

    Respeto a aquellos que admiten tal tratamiento, pero personalmente prefiero el muy honorable título de hermano. O mejor, el de «fray».

    Gracias por vuestro artículo. Aunque no lo comparto me ha parecido muy interesante. Gracias por vuestro esfuerzo continuado. Me gusta leeros.

    Paz y Bien

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