Muchas veces se nos presenta la oportunidad de dar un consejo para ayudar a alguna persona que viene en busca de nuestro apoyo. Sin embargo, cuando viene el momento de la verdad, no sabemos cómo hacerlo. O quizá nos da vergüenza y acabamos dando un consejo típico sin ayudar tanto como nos hubiera gustado. Para esto, el Papa Francisco nos dice en la exhortación apostólica Evangelii Gaudium:

Si dejamos que las dudas y temores sofoquen toda audacia, es posible que, en lugar de ser creativos, simplemente nos quedemos cómodos y no provoquemos avance alguno y, en ese caso, no seremos partícipes de procesos históricos con nuestra cooperación, sino simplemente espectadores de un estancamiento infecundo de la Iglesia.

Para vencer a estas dudas y temores, el Papa propone tres pasos para evangelizar y ayudar a las personas que tenemos alrededor. Los hemos sacado del epígrafe «Persona a persona», de la Evagelii Gaudium (nn. 127-129).

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1. Escuchar

«En esta predicación, siempre respetuosa y amable, el primer momento es un diálogo personal, donde la otra persona se expresa y comparte sus alegrías, sus esperanzas, las inquietudes por sus seres queridos y tantas cosas que llenan el corazón. Sólo después de esta conversación es posible presentarle la Palabra«.

Es importante escuchar lo que la otra persona tiene en el corazón y está compartiendo contigo. Si te está contando algo, muchas veces es una invitación para que des tu parecer sobre el tema.

2. Compartir

Al momento de dar nuestro testimonio o dar un consejo, es importante comunicarlo de manera que no parezca que estás dando un sermón. Al contrario, damos a entender con cariño que hemos entendido las inquietudes de la otra persona. Y, lo más importante, le enseñamos cómo el Evangelio -la Palabra de Dios- tiene respuestas a sus inquietudes.

Además, nos podemos explicar mediante una experiencia que hemos vivido. Por ejemplo, las anécdotas transmiten mejor los mensajes y hacen que se recuerden por más tiempo.

«Es el anuncio que se comparte con una actitud humilde y testimonial de quien siempre sabe aprender, con la conciencia de que ese mensaje es tan rico y tan profundo que siempre nos supera. A veces se expresa de manera más directa, otras veces a través de un testimonio personal, de un relato, de un gesto o de la forma que el mismo Espíritu Santo pueda suscitar en una circunstancia concreta.»

3. Rezar

«Si parece prudente y se dan las condiciones, es bueno que este encuentro fraterno y misionero termine con una breve oración que se conecte con las inquietudes que la persona ha manifestado. Así, percibirá mejor que ha sido escuchada e interpretada, que su situación queda en la presencia de Dios, y reconocerá que la Palabra de Dios realmente le habla a su propia existencia».

Aquí, se propone algo poco convencional para mucha gente. Después de ayudar a la otra persona, se puede hacer una breve oración (si se dan las condiciones y parece prudente). Esto, aunque no se ve todos los días, es una manera tangible de apoyar al otro. Así le haces sentir que lo apoyas y que entendiste lo que le inquietaba.

Otra manera de ver este punto es rezar tú por las intenciones de esa persona y luego hacérselo saber. Puede ser mediante algo tan simple como un mensaje de Whatsapp: «¡Ey! Hoy ofrecí la misa para que se resuelva (eso que le preocupa)».

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