Siempre sus planes son mejores, más divertidos, rápidos y sencillos.

El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios» (Lc 1,30)

Mi vocación es un regalo porque Dios lo ha hecho todo. Todo ha sido gracia, don, regalo, sorpresa. Yo nunca había imaginado nada así. Es una maravilla. Aunque me pasara toda la vida y la eternidad dando gracias no lograría expresar lo que siento. Al principio me costaba mucho aceptar que mi vocación fuera algo tan especial, único e importante. Luego me di cuenta de que todas las vocaciones son así, aunque a veces no lo vemos al principio.

A mí me gusta más la sombra, aunque me encanta el solecito de primavera. Cuando llegaba el verano en Nazaret hacía demasiado calor. Mis amigas y yo siempre competíamos a ver quién se ponía morenita pronto. Mi piel es muy agradecida y al mínimo contacto con el sol se doraba como le pasa a toda buena israelita. Somos un pueblo que ha caminado mucho por el desierto…

Quería ser toda para Dios. Era una cosa entre los dos. Un regalo que Él me hacía. De repente Dios cambió el rumbo. Ya le he ido pillando que le encanta cambiarnos los planes. Siempre sus planes son mejores, más divertidos, rápidos y sencillos.

Cuando el Arcángel Gabriel me dijo lo que Dios pensaba y sentía por mí casi me muero. Nunca lo había soñado. Os parecerá una bobada pero lo que más me costaba era pensar lo que dirían todas mis amigas, mi madre y el propio José si les explicaba que iba a ser Madre del Mesías: «Hija, te ha dado demasiado el sol. Siempre te digo que los primeros días hay que ir poco a poco» (era el 25 de marzo y acababa de empezar la primavera). Yo pensaba: «No me ha dado mucho, me lo he tragado. Tengo dentro al sol de los soles».

Dios fue haciendo que poco a poco todo se resolviera. Por un lado yo estaba emocionada. Ya llegaba el tiempo del Mesías. Íbamos a ser salvados por fin. Yo lo estaba tocando pero me daba miedo estropear todo. Me daba mucho miedo que por ser una niña de un pueblo, no una reina o una heroína (como Ruth, Esther o Raquel) no diera la talla para esa misión. Me daba miedo no estar a la altura de lo que Dios me pedía. Sin embargo eso desapareció como había venido. El «no temas» de Gabriel se me metió muy dentro y me llenaba de paz. Me dijo que yo le hacía gracia a Dios, o algo así. Para mí era lo máximo: divertir a Dios, hacerle pasar un rato agradable, agradarle en el fondo. No entendía mucho pero el corazón se me desbordaba de alegría y entusiasmo. Me pasaba todo el día cantando.

Qué suerte tengo. Dios disfruta conmigo, vive conmigo, me pide que lo cuide. Vivaaaaaaaaaaaaa la vida!!! Vivaaaaaaaaaaaaa mi sol!!! Ya no me da miedo ser pequeña, débil o una simple niña de Nazaret. Dios elige así y yo seré la garantía para todos por siempre de que Dios elige sin pensarlo mucho, o mejor dicho, le da la gana elegir a los pobres, para confundir a los que se creen ricos. A mí me ha tocado la lotería. Nadie tiene oro suficiente para comprar lo que Dios me ha regalado. Gracias, Dios mío, qué bueno eres!!!

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