Miedo al cambio 1 e1573211510243 - Miedo al cambio

En nuestros comienzos se encuentra ya
el final de nuestro itinerario.
-Kofi Awoonor-

La naturaleza demuestra la vigencia de los cambios ─cíclicos o no─. Cambios permanentes que nos llevan del final al principio y viceversa. La Tierra rota sobre sí misma en un ciclo de veinticuatro horas. La Luna orbita alrededor de la Tierra en un ciclo mensual. Y la Tierra gira alrededor del Sol en un ciclo anual.
Cada año pasamos por la primavera, verano, otoño, invierno, mientras que las plantas y los animales pasan de un estadio de inactividad (invierno) a otro de actividad (verano). Y así un año tras otro.

Todos los días acaban con una puesta de sol, a la que, horas después, sigue una nueva salida del astro rey. Y así todo, una y otra vez. Cada comienzo tiene un final, y el final anuncia un nuevo comienzo: vida que acaba en muerte; muerte que engendra vida.
Cada estación de la vida tiene un comienzo y un final que conduce a un nuevo comienzo: termina la infancia y comienza la adolescencia. Termina la adolescencia y comienza la edad adulta. Termina la edad adulta y comienza la madurez. Termina la madurez y comienza la senectud. Somos parte integrante del gran plan de la naturaleza, y el gran plan de la naturaleza conlleva cambios.

Ahora tenemos la posibilidad de comunicarnos en el acto con cualquier persona del planeta, pero fueron necesarios cinco meses para que la reina Isabel de España recibiera noticias de la expedición de Colón. Europa tardó dos semanas en enterarse del asesinato de Lincoln, y bastaron 1,3 segundos para que nos llegaran las palabras de Neil Armstrong desde la luna. Terminan antiguas épocas de comunicaciones y empiezan otras nuevas.

La vida requiere cambios. Tenemos la posibilidad de elegir entre fluir con dignidad, por una parte, o resistirnos y quedarnos inmovilizados por el miedo, por otra. Es un continuo escoger: avanzar sin esfuerzo ladera abajo, o, cuando llega la ocasión, encarar la cuesta, porque, a veces, el itinerario del alma comporta escalar montañas.
El que cada cambio sea para mejor o no, en gran medida, depende de nosotros mismos, pues somos nosotros quienes decidimos cómo juzgar nuestros cambios, nuestros comienzos, nuestros finales.
Podemos entender cada final como una tragedia, lamentándonos y resistiéndonos a él, o podemos entenderlo como un nuevo comienzo, un nuevo nacimiento a mayores oportunidades.

No se trata de cambiar por cambiar ni de embarcarse en empresas descabelladas, pero si queremos crecer, devenir a más, ensanchar nuestros horizontes, fluir con dignidad, entonces debemos ser decididos y no tener miedo al cambio.

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