Mi mujer no me comprende 2

Ser totalmente comprensivo le hace a uno indulgente.
-Germaine de Staël-

 Un esposo se lamentaba con un amigo:
Mi mujer no me comprende, ¿y la tuya?
-No sé- contestó el amigo-. Nunca le he hablado de ti.

¿Quién no ha experimentado esa sensación de «es que no me comprenden»? Y así ocurre a veces, claro; pero hay muchas ocasiones en las que resultamos bastantes difíciles de entender. Y no tanto por las malas «entendederas» del otro, sino más bien por nuestras malas «explicaderas».

Debiera de ser uno de los objetivos educativos: aprender a decir en positivo, decir cosas buenas y decirlas bien. Habría que educar en lo que pudiéramos llamar «los pecados del decir»: ideas negativas, sentimientos destructivos y una amplia gama de motivos que jamás deberían encarnarse en la palabra humana.

Debiéramos educar y educarnos en la responsabilidad del don de la palabra y hacer el firme propósito de no poner en nuestra boca ningún sentimiento, ninguna idea, ninguna intención que venga contagiado por la infecundidad o el desamor.

Poner un mal en la vida con nuestros comentarios, es tarea que termina por acorralar y arruinar a aquél que lo puso. Nadie, ni uno mismo, sale ganando con ello.

Si el mal no tiene remedio, es tonta la queja contra la vida y contra las cosas, porque, además de no arreglar nada, el espíritu se amarga y el hombre se rodea de antipatías, ya que a nadie le agrada estar oyendo constantemente lamentaciones o defectos de otros. Si el mal tiene remedio, hay que buscarlo pacientemente, hablando con el interesado. Y si no tiene remedio, de nada sirve la queja.

Esta actitud de carcoma moral es una de las posturas negativas que más atrofian el espíritu de las personas.

Eso cuando nosotros hablamos y respecto a cuando hablan de nosotros, si en lugar de preocuparnos de si nos comprenden o no nos comprenden , nos preocupásemos de ser mejores, no nos quitaría el sueño lo que piensen los demás.

No es lo más importante el que los demás tenga de mi una idea mejor, lo realmente valioso es que yo luche para ser mejor. Y eso, independientemente de que mi mujer me comprenda o no me comprenda.

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