Querido Lucas:

Cuánto tiempo sin verte. Estarás hecho ya un joven médico, pero como yo te he conocido en los brazos de tu madre no te preocupes que no me impresionan tus medicamentos y tus pócimas…

¿Cómo es que te ha dado ahora por escribir? Si te soy sincera, muchas veces he pensado que alguien tendría que recoger todo lo que hemos vivido en estos años para que no se pierda. Los que vengan detrás no nos van a perdonar el más mínimo detalle que se quede en el olvido y por eso, escribirte unas letras contándote cómo son los ojos de María es para mí una alegría inmensa y me siento una privilegiada.

No sabría decirte de qué color son los ojos de María, ni si son grandes o pequeños, oscuros o claros, enclavados en el fondo de su rostro o saltones. Parece mentira pero te puedo decir muchas otras cosas y, sin embargo, no sé concretarte ninguna de estas. Quizá es que los ojos de María cambiaban en función de lo que miraba, o mejor todavía, puede que los ojos de María te hicieran contemplar lo que ella acariciaba con su mirada.

Parece que la estoy viendo entornar los párpados y observarme con esa sonrisa pícara que tiene, haciéndome ver que se da dado cuenta de un detalle. Nada se le escapaba. Aún lo más mínimo lo descubría sin que te dieras cuenta. Sin embargo, nunca te sentías vigilada por María. Era tan discreta, que parecía que sus ojos acarician todas las cosas, especialmente los corazones sufrientes como el mío. Sí Lucas, creo que he nacido para la «intensidad». Solo María conseguía mirarme y que mi alma encontrara un poco de paz. Solo ella sabe mirar sin juzgar, comprendiendo, haciéndose cargo inmediatamente, diciendo lo que nadie sabe decir.

La mirada de María nunca se podría traducir por un «no te preocupes, hija, que eso es una bobada». Cuánto dolor han causado esas palabras a lo largo de la historia y qué mal las entendemos siempre. Sin embargo, eso es lo que transmitían. Bajo su mirada, las cosas pierden intensidad. A sus ojos, todo es más comprensible, más proporcionado y menos dramático. Parece que sus ojos transmiten esperanza. Se diría que ella está mirando el futuro y te cuenta que el final de cada historia, también esa, será precioso.

Lo he hablado mil veces con las otras Marías y con Marta. María es muy normal pero junto a ella te sientes segura. Puedes estar en medio de una situación dificilísima pero ella transmite la confianza de que todo saldrá bien. Tuve la suerte de acompañarla al Calvario cuando murió su hijo y en ese momento su mirada era más profunda que nunca. Parecía que miraba detrás de la Cruz, más allá, al cielo, y que veía algo que sin ahorrarle las lágrimas las llenaba de esperanza.

María llora mucho, pero no es llorona. Muchas veces caen lágrimas de sus ojos, aunque no solloza. El color de sus ojos se realza, se hace entonces brillante, diría que es resplandeciente, precioso. Ya dirás que esto son cosas de mujeres pero sé que vosotros también sabéis ver estos detalles y que os fascinarían sus ojos.

Te voy a decir una cosa, que además de parecerte hortera e infantil, me dirás que no entiendes: ya me lo imagino. No te culpo, porque tú siempre has sido más bien calmado y racional: tú te lo pierdes. Cuando María te mira, es como si vieras tu corazón reflejado en sus ojos. Sabes perfectamente que te conoce, que se hace cargo y que trata de llevar por ti tu dolor, tu preocupación o tu alegría. Pero esa mirada hace que cambie poco a poco tu ánimo, y que te llenes de paz y de los mejores deseos. Es como si hiciera brotar una fuente de agua limpia, fresca y revoltosa desde lo más profundo. Después de estar con María siempre tengo ganas de vivir, de reír, de cantar y parece que se me olvidan todas las tonterías que habitualmente me preocupan.

Bueno Lucas, no dejes de estudiar y no te fíes de todos tus éxitos como médico, que ya sabes que estamos en manos del Señor. No te preocupes de poner por las nubes a María. Siempre será poco lo que escribas en comparación con la realidad. Puedes atribuirme todas las exageraciones, si eso te da paz. Un abrazo muy fuerte y que el Señor te bendiga por lo que estás haciendo,

María de Cleofás

 

Esta carta forma parte del proyecto Cartas a san Lucas, en las que el autor, Diego Zalbidea ha imaginado qué dirían de la Madre de Dios los que más de cerca la trataron. Las cartas han sido escritas para ayudar a soñar y a rezar. Pero no se trata de aportar una hipótesis ni una posible versión de los hechos. El libro electrónico «Querido Lucas», que contiene todas las cartas se puede descargar de forma gratuita.

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