Querido Lucas:

Quizá te sorprenda recibir una carta desde tan lejos pero las comunicaciones han mejorado mucho en muy poco tiempo. Los cambios son cada vez más rápidos. Yo estaba acostumbrado a hacer las cosas “al vuelo” pero ahora lo hace así todo el mundo.

La voz de María es una de las mejores maravillas del Señor. El Señor estuvo probando todo tipo de sonidos hasta que dio con la melodía perfecta, el tono más suave y la vibración adecuada.
Cuando oyes a María todos los demás sonidos desaparecen o, mejor dicho, se integran en esa canción que son cada una de sus palabras. Me he encontrado a mí mismo repitiendo todo el día sus palabras y canturreándolas como si fueran una melodía pegadiza. Lo mejor de todo es que no acabas harto de esa tonadilla, como sucede con vuestras canciones. Cada vez es nueva y conocida, ilusionante y un poco melancólica, trae recuerdos y derrama esperanza.

María habla bajito pero se le oye siempre. Es una pena que haya desaparecido el arameo porque era la lengua perfecta para la voz de María. No maltrata las palabras cuando las usa. Vocaliza pero sin pedantería. Habla rápido pero no se pierde ni una de sus palabras. Se diría que las respeta y parece que las está besando cuando las dice. Eso se nota sobre todo cuando usa algún nombre.

Cualquier nombre en la boca de María suena a majestad, a infinitud, a eternidad, a la más alta dignidad. Cuando dice el mío me parece que es una mezcla de trueno y de amanecer, aunque parezca una cursilada. Es como una caricia de madre oír tu nombre dicho por ella. Ahora estoy convencido de que Gabriel es el mejor nombre para un arcángel, antes pensaba que sonaban mucho mejor Miguel o Rafael.
Sin embargo, hay un nombre que reluce sobre todos los demás y es que cuando María habla de Jesús, parece como si se hiciera el silencio y a la vez lo dijera todo en esa palabra. Su Jesús, con qué cariño habla de él, narra sus conversaciones o relata su infancia.

La voz de María da paz pero no adormece. Mantiene en vilo pero con el gozo de quien sabe ya el final de la historia. No es nada monótona. A María le encantan las poesías y todavía más cantar. Tiene una armonía su voz que parece facilísimo repetir sus canciones preferidas.

Le encantan las coplas de amor humano y las adapta para dedicárselas a su Padre y Señor. Sin embargo, donde más reluce su timbre de voz es en las nanas. Son tan tiernas que uno se hace pequeño escuchándolas y querría volver a la cuna para dormirse con ellas. Además, María tararea muchas veces los salmos, que se sabe de memoria. No te pienses que a María no se le escapa algún gallito de vez en cuando, pero es tan divertida y se pone tan roja, que hasta parece más joven y guapa.

En fin, que cada vez que María abre la boca nos regala sonidos que llenan el alma y el corazón de paz y levantan el ánimo de cualquiera, incluso de un arcángel alicaído.

Bueno Lucas, mucho ánimo con tu empeño y no tengas miedo de exagerar. Si logras hacerlo discretamente y sin que se dé cuenta, quizá podrías insertar un archivo sonoro en tu próxima biografía sobre María con alguna de sus canciones preferidas. Yo ya las tengo grabadas en el cerebro pero muchos nunca la han oído, ni lo harán si tú no haces algo por evitarlo. Un abrazo muy fuerte y volátil,

Gabriel

Esta carta forma parte del proyecto Cartas a san Lucas, en las que el autor, Diego Zalbidea ha imaginado qué dirían de la Madre de Dios los que más de cerca la trataron. Las cartas han sido escritas para ayudar a soñar y a rezar. Pero no se trata de aportar una hipótesis ni una posible versión de los hechos. El libro electrónico «Querido Lucas», que contiene todas las cartas se puede descargar de forma gratuita.

Leave a Reply