Querido Lucas:

No me siento muy capaz de lo que me pides. No soy un hombre de letras sino más bien de acción, sin exagerar, por supuesto. Tienes suerte de que has dado con la clave de lo que yo pienso de María. Efectivamente su nariz es judía de primera clase. Es verdad que eso se asocia habitualmente con el tamaño. Sin embargo, en María era tan proporcionada que no diría que era grande. Lo que sí era desproporcionado era su olfato.

Su casa olía siempre a fruta recién cogida, tomillo y hierba buena. Pero lo más sorprendente era su capacidad de detectar problemas y ofrecer soluciones.

Me he hecho famoso por no llegar a tiempo el domingo de Resurrección. Estaba aterrado y bloqueado sin poder moverme por el miedo a los judíos y la pena por Jesús. A todo ello se añadía la vergüenza por mi traición. Yo que había prometido que moriría con él, lo había abandonado como el más miedoso de todos los Apóstoles. Me costaba volver y reconocer que le había fallado en el momento en que más nos necesitaba.

Sé que me buscaron pero nadie dio con mi escondite hasta que María se lo olió. Me conocía mucho mejor de lo que yo pensaba y sabía dónde se escondería un perrito asustado y miedoso como yo. Mandó a dos de nosotros a buscarme.

Allí estaba, aterrado y pálido. Dos días sin comer ni dormir me habían puesto al borde de mi resistencia. Me dijeron, sin más, que ella me necesitaba y sentí como un empujón en mi interior que me levantó inmediatamente de mi postración.

María adivinaba siempre lo que yo necesitaba, se olía lo que me pasaba en ese momento por la cabeza y el corazón, y me dio el remedio más oportuno: la esperanza.

Luego ya sabes la vergüenza que pasé delante de todos cuando Jesús volvió a aparecerse y me reprochó amablemente mi incredulidad. María me miraba y me pareció que se sentía orgullosa de mí. No importaba lo que hubiera hecho hasta ahora. Ya había vuelto a su hijo y ahora me sentía feliz de haber sido rescatado por María: soy el primero de una larga cadena de pecadores por los que ella ha intercedido.

Aunque no sé si se puede hablar así, Jesús me quería más una vez que su madre me trajo de vuelta. Bueno Lucas, te has salido con la tuya, mucho ánimo con tu propósito y no dejes de escribir todos estos detalles que debe haber mucho golfo como yo al que le ayudará no escapar al buen olfato de María. Un abrazo muy fuerte,

Tomás

Esta carta forma parte del proyecto Cartas a san Lucas, en las que el autor, Diego Zalbidea ha imaginado qué dirían de la Madre de Dios los que más de cerca la trataron. Las cartas han sido escritas para ayudar a soñar y a rezar. Pero no se trata de aportar una hipótesis ni una posible versión de los hechos. El libro electrónico «Querido Lucas», que contiene todas las cartas se puede descargar de forma gratuita.

 

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