¿Qué es la belleza?

Dicen los filósofos que la belleza es «uno de los valores que definen lo que significa una vida plenamente humana» (Arthur Danto). La belleza tiene un valor profundamente humanizador, nos hace verdaderamente humanos; todavía más, nos hace mejores seres humanos. Por eso, merece la pena que nos empeñemos en crear espacios bellos, en escribir textos hermosos, en eliminar la suciedad hasta transformar nuestra vida en una obra de arte, al menos en la obra del mejor arte del que cada uno o cada una sea capaz. Este es el inmenso valor de la belleza.

Una carta para ti, que también te has visto atrapada por esa belleza

Sin embargo, para muchas mujeres eso que pasa por «belleza» en nuestra sociedad actual resulta una verdadera esclavitud. Copiamos una carta que da mucho que pensar.

Querida Marta:

Yo también he sido como tú. Yo también me he dejado engañar por el espejo y sus mentiras. Yo también me he dejado aprisionar por una talla, pensando que el valor de un alma cabe en una 34. Yo también me he dejado juzgar por los ojos equivocados y he llorado en un probador. Yo también me he traicionado a mí misma fingiendo ser alguien que no soy y he mendigado el amor de la persona equivocada. 

hannah reding gCH1FbuW91g unsplash - La esclavitud de la belleza en una cartaPorque yo también me he dejado engañar, Marta, y he sido esclava del absurdo culto al que denominan «belleza». Un culto irreal y pervertido por su estúpida banalidad. Porque lo que no te cuentan es que la belleza que ellos buscan tiene fecha de caducidad. Como los yogures. Por eso no debes caer en el error de pensar que solo la tiene para ti.

Eso que ellos exigen es fugaz y pasajero y llegará el día en que te mires al espejo y veas que se ha ido marchitando como las hojas otoñales. Es entonces cuando aprenderás lo que es verdaderamente la belleza: la desfiguración del cuerpo te permitirá, por fin, ver la sinceridad del alma. Sin embargo, ojalá lo aprendas antes de que llegue ese momento, porque para entonces ya será tarde y habrás perdido el único regalo que no tiene precio: el tiempo. 

Yo, que he despreciado ese regalo incontables veces, te pido a ti que no lo hagas. Y si te lo pido es porque yo también he sufrido por no ser como ellas, por no ser tampoco lo que querían ellos. Por eso espero que sepas que esto no es una lección de vida, porque yo también he sido como tú y no soy quién para dártela. Pero si alguna vez has sentido que no eras lo suficiente, querida Marta, si has sentido que no estabas a la altura de sus expectativas, antes incluso de haber creado las tuyas, aférrate a estas palabras, aun sin saber quién es la que las escribe.

Déjame que te pregunte algo: ¿mientras leías esto te has imaginado cómo soy? ¿Has pensado si era rubia o morena, si tengo el pelo largo o corto, si soy alta o más bien bajita? Te diré una cosa, Marta, yo soy todas esas cosas a la vez y también soy más que todo eso. Seguramente te has cruzado conmigo por la calle y has caído en el error de juzgarme, sin percatarte de que yo también tengo miedos, sueños, debilidades. De que yo también soy frágil y de que esa jurica koletic CfUyeAZOWIw unsplash - La esclavitud de la belleza en una cartafragilidad es la que me hace irrepetible e irremplazable. Como a ti. Porque yo no soy una mujer, sino muchas. Soy la voz de todas las mujeres que alguna vez se han sentido encorsetadas en ese falso ideal. Soy Ana, Claudia, María, Lucía, Isabel, Victoria, Marga, Carmen, Lola. Y Marta. Pero, ante todo, ya no soy más aquello que me pedían que fuese. Ahora soy quien quiero ser: imperfecta y bella, pero sobre todo libre.

Un abrazo.

Luchar contra la esclavitud de esa belleza

Esta carta podrían firmarla muchas mujeres que han padecido —y padecen— las infinitas formas de esclavitud de esa belleza impuesta. Por supuesto, hay que distinguir entre la belleza de cada persona y los estándares convencionales de belleza que impone la sociedad actual. Más aún —como dice la filósofa María G.— esas pautas y exigencias llegan a bloquear la expresión de la auténtica belleza personal. Para ser libres y verdaderamente bellas hay que luchar contra esa esclavitud.

 

Sofia Meana y Jaime Nubiola

 

 

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