caer_y_levantarse-6921

Todos los hombres comenten errores,
pero sólo los sabios aprenden de ellos.
-Winston Churchill-

Thomas Alva Edison fue el inventor más prolífico de la historia; registró más de mil patentes de inventos. Pero no todo fue fácil ni rápido; en el proceso de invención de la bombilla eléctrica, hizo casi mil intentos y fracasó. Cuentan que uno de sus principales colaboradores, desanimado por tantos intentos fallidos, le insinuó que considerara la posibilidad de abandonar el proyecto.

¿Abandonar ahora que ya sabemos mil caminos que no llevan a la meta? Cada intento fallido me sirvió para descubrir un modo en el que no debía fabricar la bombilla. No hay fracaso cuando se intenta aprender de los errores.

          Esta es una de las claves de su éxito: se negó a permitir que la derrota se apoderar de su mente. Puede parecer un juego de palabras, pero, realmente, hay una diferencia fundamental entre decir: he fracasado, y decir: soy un fracasado.
          Antes o después todos tenemos en la vida alguna experiencia de fracaso. No es fácil tener éxito a la primera, y si tenemos miedo de fracasar, no asumiremos los riesgos necesarios para emprender. Lo que no cabe duda es que, si no nos atrevemos a dar un paso hacia adelante, tenemos asegurado el estancamiento.

La sabiduría nace de las equivocaciones; no hay más salida: afrontar el error y aprender, porque el crecimiento requiere disposición a exponerse al fracaso y la derrota. Aprendimos a andar porque no nos importó caer y levantarnos, rasguñarnos las rodillas o llenarnos las piernas de hematomas.

Cuanto más dispuestos estemos a correr el riesgo de ensayar nuevos planteamientos, tanto más probable es que conozcamos el fracaso a corto plazo y el éxito al final.  ¿Nos importó hablar mal de niño cuando aprendíamos el lenguaje? No, seguimos hablando y, gracias a esa actitud, poseímos un lenguaje.
Indistintamente de las circunstancias y situación personal en que nos encontremos, todos podemos mejorarnos a nosotros mismos. La clave está en la actitud mental positiva que guíe nuestros pensamientos y acciones para lograr aquello que, racionalmente, nos proponemos.

Los inhibidores son el miedo y la duda que bloquean la acción mental y fortalecen el derrotismo. El miedo y la duda retraen la mente y refrenan el cuerpo ocultando las poderosas fuerzas que acompañan a todo crecimiento.
Estamos hechos para realizarnos como personas sanas, felices, prósperas y exitosas; pero esto no será posible si dejamos que los inhibidores marquen la pauta y nos sintamos temerosos y derrotados en vez de llenos de valor.

          Tropezar y aprender. Lo diré con el refranero: tropezar y no caer, adelantar camino es.

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