generosidad

Las personas generosas
nos animan a ser generosos.
-G. K. Chesterton-

 Aquel norteamericano emprendedor, Albert Baker, era un apasionado de la pesca y el buceo; le encantaba bucear, andar por los fondos marinos. Hombre emprendedor, fundó una empresa que llevaba a los turistas de excursión en barca a un arrecife de coral.

La empresa fue viento en popa porque Albert aplicó el principio universal de que, si uno da a manos llenas, recibe también copiosamente.

Albert bajaba a los turistas al fondo marino y los hacía caminar a cinco metros bajo la superficie mostrándoles la flora y la fauna submarina. ¡Ah!, y la guinda: haciéndose fotos con algunos peces.

Cuando puso en marcha su empresa, Albert pensó que tener un pez domesticado en los alrededores del arrecife sería una gran atracción turística. Y se puso manos a la obra. Con una paciencia infinita fue llevando cada día comida a los peces; poco a poco se le fueron acercando y hasta se dejaron acariciar.

Al recibir la cariñosa atención y la comida que Albert les ofrecía, los peces respondieron con su amistad; y él se ha beneficiado enormemente de ello, compartiendo esa amistad con sus clientes; por eso Albert se reafirma en la “filosofía” de su empresa: da y recibirás, siembra y cosecharás. Lo semejante se atrae entre sí.

Compartir, dar, amar, ser solícito. Todo progreso requiere que haya flujo de entrada y salida, como también lo requiere cualquier masa de agua para permanecer fresca y limpia. De lo contrario, se produce el estancamiento.

La lección de Albert y su empresa, es que dando -ya sea comida a los peces o amistad a los amigos- rara vez se pierde. Y es que, al dar magnánimamente, sin garantía de obtener nada a cambio, se activa una gran fuerza de bondad.

En la II Corintios 9,6, san Pablo nos dice: Tenedlo presente: quien siembra mezquinamente, mezquinamente recogerá. Todos los textos espirituales de todos los rincones del mundo, a su manera, nos recuerdan la importancia de la gran ley del dar y recibir.

Pero no hay que olvidar que la generosidad es una habilidad que se entrena a través de la práctica. Es decir, el generoso lo es por sus hechos y no solo por sus palabras.  Una persona puede ser generosa en cariño, en paciencia, en sonrisas y en palabras bonitas.  Quizás, una forma excelsa de generosidad, hoy día, es estar disponible para los demás, entregarles nuestro tiempo.

Sea como fuere, está comprobado: cuando damos, todos salimos ganando.

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