mi-perro-me-entiende

Si vuestro corazón es una rosa,
vuestra boca dirá palabras perfumadas.
Proverbio ruso-

           Una profesora de Educación Infantil, pregunta en clase:

A ver, niños, ¿quiénes son más inteligentes: las personas o los animales?
          Una niña levanta la mano y responde:
─ Los animales, profesora.
          ─ ¿Y por qué?
          ─ Porque cuando yo le hablo a mi perro él me entiende; pero cuando él me habla, yo no le entiendo nada.

           El perro no tiene inteligencia, tiene corazón. No da argumentos, da cariño. Y así se gana la vida y la estima de su dueño. Sin tener conciencia de lo que hacen, practican la idea de R. Tagore: la vida se nos da, y la merecemos dándola.
          Las distintas circunstancias en las que diariamente vivimos inmersos, nos van conduciendo a un camino de destrucción, de egoísmo, temor, violencia y desasosiego. Peleamos por la felicidad, y vemos que ésta se nos aleja. ¿Por qué no aprendemos del perro?

Este animal no trabaja ni se preocupa de sí, vive para dar cariño y complacer a su dueño. Complacer a los demás, ser condescendientes, ¿no es una manera sencilla, natural y al alcance de todos para superar el estado inicial de egoísmo del ser humano inmaduro?
Nos vendría muy bien aprender a generar paz y bienestar haciendo caminos de amor hacia los demás. Acoger, no espantar. Miel, no vinagre. Complacer, no dividir.

Entiéndaseme bien. Hablo de la complacencia como valor que se fundamenta en la generosidad y la humildad; pero que no renuncia al propio criterio ni abdica de la libertad y respeto que no debemos a nosotros mismos. Y, por supuesto, sin caer en la despersonalización o el servilismo.
Estoy hablando de ese complacer cívico que germina y anida en los corazones generosos, dispuestos al perdón y a la disponibilidad complaciente y bondadosa que se exterioriza en buenas maneras y en actitudes de consideración, respeto y educación.

Ser complacientes con los demás, sin esperar ni pretender nada a cambio, es ejercitar la generosidad de la forma más pura y simple, porque, al proporcionarles un poco de felicidad con nuestras atenciones, nuestra actitud complaciente y nuestras buenas maneras, no paramos de enriquecernos a nosotros mismos incrementando, así, nuestra propia felicidad.
Resumiéndolo en una imagen plástica, se trata de llevar a la práctica el consejo del proverbio chino: No camines delante de mí, no puedo seguirte. No camines detrás, no puedo ser tu guía. Camina a mi lado y seré tu amigo.

Complacer, pensar en los demás; porque cuando nos dejamos llevar del egoísmo, es normal que no nos entienda nadie. Ni nuestro perro.

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