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¿Me da 50 céntimos?

By octubre 2, 2015 No Comments

mendigo 3

¡Sois llamados a ser dueños de un porvenir risueño…
si «os atrevéis a ser grandes»!
-Esteban Szechenyi-

Andaba yo por una calle de Valladolid y se me acerca un hombre joven, alto, con gafas de sol:

-Perdone, ¿sería tan amable de darme 50 céntimos para comprar pan?
         -Lo siento, no.
         -¿Usted es Rojas?
         -Sí, mi apellido es Rojas.
         -¿Y no se acuerda de mi?, me dice mientras se quita las gafas de sol.
Pues, no. Así de repente, no.
         -Yo soy su antiguo alumno, José Jorge.
Y me empieza a dar nombres y datos del colegio.
Pues chico, después de 20 años, tan alto, gordo y con gafas cualquiera te conoce.

          Resulta que estaba separado, en el paro y con una hija de seis años. Uno de tantos dramas a los que nos ha abocado nuestra deteriorada sociedad.

Nos separamos en la misma dirección pero en sentido contrario. Quedé impactado por el encuentro; durante varios días no me quitaba a José Jorge de la cabeza. ¡Cómo cambian algunas personas! ¿por qué?

La juventud es como un tesoro que a todos se nos concedió con la vida. Un tesoro cuyos destinos dependen de nosotros, únicos administradores de la riqueza que ese tesoro encierra.

Su despilfarro, la ruina total, la economía avara o el recto uso de ese tesoro está en nuestras manos. Y tan nuestro es, que nadie, por ningún motivo, puede impedirnos su administración.

Yo mismo de mi soy barquero (Dámaso Alonso). Cuántas personas ricas en cualidades humanas despilfarran sus riquezas y se arruinan por la calaveradas propias una juventud vivida inconscientemente.

         La juventud supone una fuerza y salud mayores que en otras épocas de la vida. Bulle la vida en el cuerpo y está más clara la mente y más despierto el sentimiento. Es la edad del coraje y la voluntad, del crecimiento y desarrollo, del deporte y de la vitalidad que no conoce cansancio. Es la época para cimentar un porvenir realizable.

Podríamos comparar la juventud con una semilla o con una primavera que puede ser minimizada con la sequía o el pedrisco, pero que nos permite, en cualquier caso, esperar la riqueza de un verano con cosecha hermosa y bien ganada.

Así es la juventud y la edad madura. Mientras la juventud es semilla, primavera, siempre podemos buscar para ella los mejore ideales. Mañana, cuando los años nos lastran, ya no podremos soñar ni hacer realidades nuestros sueños.

No es fácil porque requiere fuerza de voluntad y constancia, pero deberíamos estar ojo avizor para evitar deteriorar la calidad de nuestras vidas, cuando, dejándonos llevar del «me apetece», de la moda, de la comodidad, etc. ponemos en riesgo nuestra integridad por «cincuenta céntimos».

 

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