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La paciencia y el tiempo hacen más
que la fuerza y la violencia.
-Jean de la Fontaine-

 Según cuentan, Xantipa, esposa de Sócrates, era el prototipo de mujer malhumorada, irascible y celosa. Una cascarrabias ideal para desarrollar paciencia y buen humor o bilis, según se enfoque.

Preguntado Sócrates por qué se unió con una mujer así, respondió:

  • Me casé con ella, pese a ser tan arisca, porque, si soy capaz de aguatarla, es seguro que podré aguantar ya a quien sea.

Dicen que un día, para no oírla refunfuñar, salió de casa y se sentó a la puerta.  Irritada, aquella mujer le arrojó por la ventana de la puerta un barreño de agua.

  • Debí imaginármelo, comentó plácidamente Sócrates, ¡Después de tantos truenos, la lluvia!

Ante la cólera agresiva y progresiva de los enemigos de la civilización cristiana, nos vendría muy bien una buena dosis de la optimista paciencia socrática en lugar de dejarnos arrastrar por el pesimismo inhibidor que se deja arredrar por las dificultades.

Ante la situación adversa en que ahora estamos, fruto de la agresividad de los enemigos y de la pasividad de los amigos, la actitud responsable y creativa es la de aplicar el consejo de aquel maestro a su novel discípulo:

Para triunfar, aplica la regla de los tres “er”: Lo primero, ver; después, prever, y luego, proveer.

Observar lo que pasa, organizar la defensa-ataque y, por último, proveer los medios. Y siempre, siempre, por muy negro que esté el horizonte, batallar con el optimismo de la victoria final ya que el creyente debe distinguirse por su afán de ver el lado bueno de las cosas.

Hay que tener en cuenta que Evangelio quiere decir alegre nueva y, por lo tanto, cristiano significa alegre y repartidor de alegría. Por si alguien lo duda, os recuerdo a san Felipe Neri (el santo de la alegría) que le gustaba repetir: Los ceños huraños no se han hecho para la casa feliz del paraíso.

En todas nuestras asociaciones y grupos deberíamos tener lo que podríamos llamar la regla de oro, algo así como:

– El fin de este grupo-asociación es formar personas aptas para vencer dificultades personales y sociales; para ello queda terminantemente prohibido a los miembros de esta entidad exponer dificultades sin dar soluciones.

Para ser positivos y constructivos debemos actuar como el agua que fluye de arriba y en su avanzar encuentra obstáculos; los salta, los rodea, pero no se detiene hasta llegar a su destino.

Ánimo, pues, amigo, que se debe y se puede mejorar el entorno personal y social, basta con esforzarnos para tener la paciencia optimista de Sócrates y aplicar el consejo de los tres “er”.

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