Y, querido Lucilio,
 la vida es luchar.
-Séneca-

Con bastante frecuencia tendemos a creer que la realidad debería ser de una forma determinada y nos enfurecemos cuando no es así. Y al no aceptar que las cosas son como son, nos enfurecemos, nos entristecemos, nos abatimos y enrabietamos como los niños caprichosos, egocéntricos.
En Italia dicen iluso deluso, iluso desilusionado, a todo aquel que exige demasiado a la realidad y se enfurece cuando la realidad no responde a sus deseos, ignorando que hay muchos deseos, muchas exigencias, que no son necesarias para vivir felizmente

Recuerdo aquel amigo que estuvo muchos años postrado en cama y que siempre que nos compadecíamos de sus dolencias, nos decía sonriendo:

Quejarse es inútil y una pérdida de tiempo. No lo pienso hacer.

Lo práctico, aunque no siempre fácil, es olvidarse de esos deseos irrealistas y aprovechar lo que sí tenemos, lo que la realidad pone a nuestro servicio. Si conseguimos limpiar nuestra mente de exigencias irracionales, nos daremos cuenta de lo mucho que ofrece la vida para disfrutar.
Si sabemos cultivar el amor, el trabajo, la cultura y la amistad, conseguiremos el bienestar psicológico que produce el sentirse completos y realizados, a pesar de que, como dice Ángel Ganivet (escritor y diplomático español, 1865-1898), el español, como persona apasionada, tiene tendencia a hacer balances negativos.

Y no le falta razón a Ángel; si nos fijamos en las relaciones interpersonales y en los medios de comunicación donde priman las malas noticias, son más frecuentes las quejas que las palabras de gratitud. Pero ahí entra la madurez personal para aplicar el filtro con el que se quiere ver la realidad.
Frente a los avatares de la vida, tenemos dos opciones: optar por el lamento y la inculpación a terceros, o bien tomar las riendas de nuestra vida orientándola a la meta que nos queremos dirigir.

La experiencia demuestra que por muchas adversidades a las que nos enfrentemos, si cultivamos los lazos afectivos y amamos lo que hacemos dentro y fuera del trabajo, jamás extraviaremos el rumbo, porque el que alberga ilusiones está vivo, y puede enfrentarse a cualquier golpe de la fortuna si tiene en su horizonte personal retos, metas, planes racionales que cumplir.

Una persona madura es aquella que sabe que no necesita casi nada para ser feliz, basta con estar abierto a las mil posibilidades positivas que, con una mente ilusionada, la vida nos ofrece. Lo otro es amargarse queriendo violentar la realidad; en italiano iluso deluso.

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