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Hacerme mejor persona

By septiembre 6, 2020 No Comments

Mejor persona - Hacerme mejor persona

A la buena gente se la conoce
en que resulta mejor
cuando se la conoce.
-Bertolt Brecht-

 A un matrimonio experimentado con varios años de convivencia y tres hijos en común, le hicieron una entrevista en un programa de radio. En un momento de la entrevista, el locutor le pregunto a la señora:
Y a ti, Juani, ¿qué fue lo que te enamoró de Pepe?
 ─Pues me di cuenta de que Pepe me podía ayudar a ser mejor persona.

De todos podemos aprender mucho, pero es necesario una actitud receptiva por nuestra parte. Debemos tener el deseo de ejercitarnos en recibir ─y en dar─, en hablar con naturalidad y en escuchar humildemente.
No es un eufemismo, es una realidad práctica y asequible: de todos podemos aprender. Un niño puede ser nuestro maestro, así como el comerciante, el portero de casa, el deportista, el político, el bueno y el malo…, ¡de todos podemos aprender!

No pensamos debidamente esta maravillosa realidad: cada uno de nuestros prójimos es una vida personal única, con sus logros y limitaciones. De su legado de experiencias y reacciones podríamos aprender mucho porque ─sin pretenderlo─ ellos están y pasan a nuestro lado con sus dolores y alegrías, éxitos y fracasos; solo nos falta agudeza visual para ver y aprender la enseñanza que su vivir comporta.
Porque la vida, tan diversa y personal, se repite con asombrosa facilidad, aunque parezca que la propia experiencia es única e irrepetible; pero, en realidad, el dolor y la alegría traen siempre la misma máscara. Todos llegamos a nuestros objetivos por caminos muy trillados y pisando escalones gastados por tantos pies que pisaron antes que nosotros.

Es sano abrir nuestro espíritu para sentirnos enmarcados en la suerte común, y no regodearnos en nuestro propio y limitado interior para paladear el triunfo, la decepción, la jovialidad o la amargura.
En todo palpita un posible estímulo, la chispita de la vida, la sorpresa de una sencilla maravilla oculta a la que hay que saber salirle al encuentro. Hay emoción en todo, una emoción que hay que saber descubrir en las cosas sencillas y en las personas más insignificantes.
Y, sin embargo, si nos abandonamos, podemos morir de tedio por no despertar en nosotros el poder emocional de vivir aprendiendo.

Con actitud receptiva positiva, de todos podemos aprender: lo bueno para imitar; lo malo para ignorar. Así, con los «focos» orientados a la luz de la superación, sentiremos que los prójimos ─que habitualmente tratamos─ nos ayudarán a hacernos mejores personas.

 

 

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