Hay caminos que no nos llevan a ninguna parte,
 pero los recorremos,
 porque el paisaje nos gusta.
-Anónimo- 

         Leo en el libro La respuesta del ángel, de Gitta Mallasz:

Solo él es, y él es el Camino.
Los que corren por todos los caminos
que no sean el Camino,
no van a ninguna parte. 

La vida es caminar, avanzar hacia nuestro destino, pero con frecuencia nos metemos por caminos que no tienen corazón, que no llevan a ningún sitio constructivo, que nos desaniman y hasta nos pueden degradar como personas. 

Es muy práctico, de vez en cuando, parar y preguntarnos: ¿Tiene corazón este camino? Si tiene, el camino es bueno, nos hace fuertes; si no, de nada sirve por mucho que esté jalonado de flores llamativas y reclamos varios.

Un camino con corazón hace el viaje gozoso mientras lo seguimos y nos hacemos uno con él, pero si no tiene corazón, no lleva a ninguna parte, nos desencaja, nos debilita y nos lleva hasta maldecir la vida. Es lo que dice el juez y dramaturgo italiano Ugo Betti (1892-1953): El camino que seguimos es, pensándolo bien, el que merecemos.

Podríamos decir que, de alguna manera, hemos «cosificado» la existencia. La abundancia material, en muchos casos, ha servido para que el ser humano se repliegue sobre sí mismo. El no depender, la autosuficiencia aparente en lo económico, hace que el hombre busque la felicidad en ese hacer cosas, consumir cosas. En ocasiones vamos a toda velocidad transitando por caminos que conducen a ninguna parte. Como comenta un viejo paisano mío con esa sabiduría de los recios hombres de pueblo: «No sé lo que hacéis, pero eso sí, a toda velocidad».

El progreso (¡cuánto hemos avanzado técnicamente!) se cumple en lo económico, pero la gran pregunta es la de siempre: ¿El hombre de hoy es más feliz? Porque, no nos engañemos, el verdadero índice del progreso es progresar en el bien más anhelado por el ser humano: la felicidad.

Habría que pensar en recuperar el sabor de lo sencillo, de lo ordinario, de lo habitual. Hablar, comunicarse, es un ejercicio sencillo, pero necesario y totalmente estimulante para descubrir que, lo nuestro —eso tan importante— resulta que está en lo más común.

 Cuántas veces, arrastrados por las circunstancias, por los estados de ánimo, por la curiosidad, por la decepción o el exceso de entusiasmo, gastamos la vida vagando de un sitio para otro por caminos que, al fin, no van a ningún sitio.

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