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Durante los meses de julio y agosto, tuve la suerte de colaborar en una asociación provida en Nueva York. Al leer el Diario desde Nueva York de @mariaorbegozo, en el que relata semanalmente sus experiencias, me he animado yo también a poner un poco de orden entre mis notas y recuerdos de esos meses.

Las historias que me traje de allí no son siempre bonitas y con final feliz, pero sólo por haber podido ayudar un poco a alguna de las mujeres que conocí, los días, e incluso, las semanas de trabajo aparentemente estéril valieron totalmente la pena.

¿Quién es Chase?

Hace dos meses una chica de 24 años vino a vernos nuestra oficina en Baltimore. Ella creía que se trataba de una clínica abortista, ya que entendió mal qué significaba “alternativas al aborto”. Inmediatamente le explicamos que no hacíamos abortos, sino que ayudabamos a las madres que lo deseaban a tener a sus hijos. Le explicamos que parte de nuestra labor era poner en contacto a las chicas que venían con enfermeras y médicos que atienden gratuitamente a madres con pocos recursos. También les informamos de todos los lugares donde podrían recibir ayudas para el cuidado de sus bebés (ropa, pañales, chupetes, mantas, etcétera).

Enseguida entendió que no iba a deshacerse de su hijo en ese lugar. Era una chica introvertida a primera vista, aunque dudo que se pueda ser muy extrovertida en esas circunstancias. No se marchó. Guardó silencio mientras le contábamos los riesgos que tenía el aborto, así como sus consecuencias psicológicas. Mi opinión, a juzgar por sus ojos llorosos, es que no quería abortar. Sólo tenía mucho miedo. A pesar de todo, se le veía muy decidida, y había decidido abortar.

Nos agradeció enormemente todo nuestro apoyo, pero dejó la oficina diciendo que abortaría igualmente, ya que no estaba preparada, y que carecía de estabilidad económica. Me entristeció que una persona como ella se viera obligada a tomar esa decisión, cuando era evidente que no estaba de acuerdo con lo que iba a hacer.

De todas formas aceptó nuestro consejo de hacerse una ecografía antes de abortar. Si el embarazo es ectópico es muy peligroso tener un aborto. Hicimos una llamada para concretar una cita en un hospital donde le harían la ecografía gratuitamente.

Era una chica muy agradecida, la verdad es que emocionaba ver cómo valoraba nuestra preocupación por ella. Nos agradeció de nuevo toda la información extra que le habíamos dado, pero insistió en que no era económicamente estable y no era el momento de tener un hijo. Le contestamos lo siguiente: “Con todo nuestro respeto. Todos tenemos derecho a vivir. También tu hijo. Sólo piénsalo». Una vez más su respuesta fue: “Gracias, aprecio vuestro apoyo”. Era muy agradecida.

Dos semanas después, ya de vuelta en Nueva York, trabajamos de nuevo en otras oficinas. Una mañana de mucho ajetreo, recibí un mensaje en el móvil: “No sé si te acuerdas de mí. Hace dos semanas fui a veros porque quería abortar. Que sepáis que voy a quedarme el bebé».

Me quedé bloqueada. Leí otra vez el mensaje y sonreí. Es una alegría difícil de explicar.

La pusimos inmediatamente en contacto con una amiga enfermera que trabaja en Baltimore. Es una mujer encantadora que atiende gratuitamente a las madres que lo necesitan. Además, se desplaza a donde haga falta con el equipo para hacer las ecografías.

Dos semanas más tarde recibí otro mensaje diciendo que iba a ser un chico, y que se llamaría Chase.

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