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Llevo un tiempo recopilando información general y analizando los casos particulares de las mujeres con las que trato cada día, para hablaros del papel que juega el hombre en una decisión difícil como es el aborto.

Ayer, sin buscarlo expresamente, dediqué mi jornada a hablar con varios chicos que acompañaron a sus parejas al centro donde colaboro. A primera hora, dos jóvenes vinieron a la oficina con intención de abortar. Caroline –nombre ficticio para preservar su intimidad-, de 17 años, entró en una salita para hablar con una de mis compañeras. Yo me quedé fuera y aproveché para hablar con Brian, su novio, de 20 años. Aquella fue la primera charla que mantuve con un hombre que está viviendo la cuestión del aborto en primera persona.

Esta joven pareja comenzó su relación hace dos años, aunque se conocen desde que eran pequeños. A pesar de estar enamorados –además de comentarlo varias veces, pude intuirlo en la forma en que miraba a su novia–, Brian me dijo que todavía no están preparados para formar una familia. Creían que Caroline estaba de 5 semanas, así que le enseñé la imagen de un feto durante ese periodo de gestación. Se quedó sorprendido cuando le dije que, con ese tiempo, el bebé ya tiene cerebro, columna vertebral, sistema nervioso, un corazón que late, músculos, extremidades, ojos y orejas formados. En respuesta a mis argumentos, me señaló la imagen de un niño de 20 semanas de gestación y me dijo que si su bebé fuera de ese tamaño, no se plantearían el aborto. Cuando intenté hacerle comprender que un ser humano es el mismo siempre, con independencia del tamaño o la edad, me pidió, con una sonrisa tímida, que no le hiciera sentir mal si, finalmente, decidían poner fin al embarazo.

Hasta ese momento, nunca antes había dado consejo a un hombre en relación al aborto, así que no estaba segura de haberle hecho recapacitar. Mis dudas se despejaron cuando entramos en la salita y vimos el resultado del test de embarazo: Caroline estaba de 7 semanas. Fue entonces cuando Brian, emocionado, sacó una foto del test para recordar el momento en el que supo con certeza que aquel iba a ser su primer hijo.

En el caso de Caroline y Brian, ambos decidieron continuar con el embarazo. Sin embargo, también son muchas las mujeres que ven en el aborto su única salida por falta de apoyo o presión de la pareja.

En Estados Unidos existe un movimiento bautizado como Bro-Choice, grupo de presión formado por hombres que defienden el aborto y el sexo sin ataduras. En respuesta a esta iniciativa, surgió el llamado movimiento Bro-Life: hombres que defienden el respeto por las mujeres y los niños y apoyan a sus parejas para que no afronten solas el embarazo.

La sensación de soledad y desamparo de las mujeres las empuja muchas veces a no ver alternativas al aborto. En cambio, cuando sus parejas saben estar de pie junto a ellas, y no sólo en la cama, es más fácil evitar que añadan al drama de un embarazo no deseado otro drama mayor, que es el aborto.

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