Ayer, 3 de julio de 2014, el cardenal Stanislaw Dziwisz, arzobispo de Cracovia, presentó el logo y la oración oficial de la XXXI Jornada Mundial de la Juventud. El tema elegido para estas Jornadas es un versículo del Evangelio de San Mateo 5,7: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia».

La autora del logo es Monika Rybczyńska, una joven polaca de 28 años.

La imagen se compone de los límites geográficos de Polonia, dentro de los cuales se encuentra la Cruz, símbolo de Cristo, que es el alma de la JMJ. El círculo amarillo marca la ubicación de Cracovia en el mapa de Polonia y es también símbolo de los jóvenes. Desde la cruz nace la llama de la Divina Misericordia, cuyos colores recuerdan la imagen de Jesús, en Ti confío. Los colores utilizados en el logotipo – azul, rojo y amarillo – son los colores oficiales que recuerdan la ciudad de Cracovia y su escudo.

Por eso de enlazar un poco con la historia, os dejamos aquí los logos de las anteriores jornadas. Detrás de cada una de ellas hay millones de historias personales.

 

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En la oración oficial de esta JMJ, que recogemos a continuación, se acude a la intercesión de María, Madre de Misericordia, y de San Juan Pablo II. Todo apunta a que va a ser una JMJ especialmente emocionante. Nos veremos allí…

»Dios, Padre misericordioso, que has revelado tu amor en tu Hijo Jesucristo y lo has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo, Consolador, te encomendamos hoy el destino del mundo y de todo hombre.

Te encomendamos en modo particular los jóvenes de toda lengua, pueblo y nación. Guíales y protégeles en los complejos caminos de hoy y dales la gracia de poder cosechar abundantes frutos de la experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia.

Padre celestial, haznos testigos de tu misericordia. Enséñanos a llevar la fe a los que dudan, la esperanza a los desanimados, el amor a los indiferentes, el perdón a quien ha obrado el mal y la alegría a los infelices.

Haz que la chispa del amor misericordioso que has encendido dentro de nosotros se convierta en un fuego que transforma los corazones
y renueva la faz de la tierra.

María, Madre de Misericordia, ruega por nosotros.

San Juan Pablo II, ruega por nosotros».

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