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TOMÁS

Tomás significa en arameo «mellizo», en griego es «dídimo». Era el apodo con que se llamaba a Tomás, y así aparece en los Evangelios: «Tomás uno de los doce, llamado el mellizo» (Juan 20,24). No se sabe el origen del apodo.

¿Qué caracteriza a Tomás apóstol?

El cuadro que traemos para nuestra interpretación dibuja un hombre, que sólo tiene como seña de identidad una lanza. ¿Por qué? Otros apóstoles son representados por sus logros, o por sus hechos virtuosos. En cambio, Tomás es representado por un defecto suyo: la incredulidad.

Nos lo cuenta Juan, tras la resurrección del Señor: «Los otros discípulos le decían [a Tomás]: ‘Hemos visto al Señor’. Pero él les contestó: ‘Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no  meto el dedo en el agujero de los clavos  y no meto la mano en su costado, no lo creo'».

Tomás se refería a la crucifixión, en la que se clavó a Jesús con clavos en manos y pies, y además, se atravesó su costado con una lanza, tal como nos relatan los Evangelios (cfr. Juan 19, 34). Y continúa el relato: «A los ocho días, estaban otra vez dentro [del cenáculo] los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: ‘Paz a vosotros’. Luego dijo a Tomás: ‘Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo sino creyente’. Contestó Tomás: ‘Señor mío y Dios mío’. Jesús le dijo: ‘¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto» (Juan 20, 26-29).

Tomás está siempre presente en las cuatro listas del Nuevo Testamento (cfr. Mateo 10,3; Marcos 3,18; Lucas 6,15; Hechos 1,13)

Según una antigua tradición, Tomás evangelizó Siria y Persia (así nos los dice el escritor Orígenes), luego se dirigió al oeste de la India -según la tradición- desde donde llegó también al sur del subcontinente.

Tomás en los Evangelios

El momento más relevante de la aparición de Tomás en los evangelios es el momento de su «incredulidad», cuestión que se ha hecho hasta proverbial. Pero también aparece en otras ocasiones.

En uno de esos momentos, un poco inconsciente pero con audacia, exhorta a los demás apóstoles, cuando Jesús, en una ocasión crítica de su vida, decidió ir a Betania para resucitar a Lázaro, acercándose así de manera peligrosa a Jerusalén, donde le buscaban para matarlo (cfr. Marcos, 10, 32).

Dice Tomás a sus condiscípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él» (Juan 11, 16). Aún siendo un poco envalentonada la afirmación, qué duda cabe que es una clara determinación de seguir al Maestro: revela la total disponibilidad de seguir a Jesús, y querer compartir la prueba suprema de la muerte.

Otra intervención de Tomás se registra en la última cena. En aquella ocasión, Jesús, prediciendo su muerte inminente, anuncia que irá a preparar un lugar para los discípulos a fin de que también ellos estén donde él se encuentre; y especifica: «Y adonde yo voy sabéis el camino» (Juan 14,4). Entonces Tomás interviene: «Señor , no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» (Juan 14,5) . Estas palabras de Tomás ofrecen a Jesús la ocasión para pronunciar una célebre definición: «Yo soy el camino, la verdad y la vida»  (Juan 14,6).

Por último decir, que en la India se le tiene una especial veneración, entre el pequeño grupo de cristianos.

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