Durante la peregrinación del Papa Francisco en mayo de 2017 a Portugal para la canonización de los pastorcillos a los que se les apareció la Virgen, Jacinta y Francisco, el Papa rezó una oración a la Virgen de Fátima. (La parte en negrita es la respuesta cantada del coro). Pero no es la primera vez que un Papa reza en Fátima. Tanto San Juan Pablo II, como más tarde Benedicto XVI quisieron rezar a la Virgen en la Capilla de las Apariciones. Estas son las oraciones de los Papas, a María en su advocación de Fátima durante sus visitas al Santuario.

Si no conoces la historia de Fátima, los secretos y mensajes hemos preparado un artículo donde te lo contamos todo en detalle.

Oración del Papa Francisco a la Virgen de Fátima

Salve Reina,
Bienaventurada Virgen de Fátima,
Señora del Corazón Inmaculado,
refugio y camino que conduce a Dios.
Peregrino de la Luz que procede de tus manos,
doy gracias a Dios Padre que, siempre y en todo lugar, interviene en la historia del hombre;
peregrino de la Paz que tú anuncias en este lugar,
alabo a Cristo, nuestra paz, y le imploro para el mundo la concordia entre todos los pueblos;
peregrino de la Esperanza que el Espíritu anima,
vengo como profeta y mensajero para lavar los pies a todos, entorno a la misma mesa que nos une.

Ave o clemens, ave o pia!
Salve Regina Rosarii Fatimæ.
Ave o clemens, ave o pia!
Ave o dulcis Virgo Maria.

¡Salve, Madre de Misericordia,
Señora de la blanca túnica!
En este lugar, desde el que hace cien años
manifestaste a todo el mundo los designios de la misericordia de nuestro Dios,
miro tu túnica de luz
y, como obispo vestido de blanco,
tengo presente a todos aquellos que,
vestidos con la blancura bautismal,
quieren vivir en Dios
y recitan los misterios de Cristo para obtener la paz.

©Daniel Ibáñez, Aciprensa

Ave o clemens, ave o pia!
Salve Regina Rosarii Fatimæ.
Ave o clemens, ave o pia!
Ave o dulcis Virgo Maria.

¡Salve, vida y dulzura,
salve, esperanza nuestra,
Oh Virgen Peregrina, oh Reina Universal!
Desde lo más profundo de tu ser,
desde tu Inmaculado Corazón,
mira los gozos del ser humano
cuando peregrina hacia la Patria Celeste.
Desde lo más profundo de tu ser,
desde tu Inmaculado Corazón,
mira los dolores de la familia humana
que gime y llora en este valle de lágrimas.
Desde lo más íntimo de tu ser,
desde tu Inmaculado Corazón,
adórnanos con el fulgor de las joyas de tu corona
y haznos peregrinos como tú fuiste peregrina.
Con tu sonrisa virginal,
acrecienta la alegría de la Iglesia de Cristo.
Con tu mirada de dulzura,
fortalece la esperanza de los hijos de Dios.
Con tus manos orantes que elevas al Señor,
une a todos en una única familia humana.

Ave o clemens, ave o pia!
Salve Regina Rosarii Fatimæ.
Ave o clemens, ave o pia!
Ave o dulcis Virgo Maria.

¡Oh clemente, oh piadosa,
Oh dulce Virgen María,
Reina del Rosario de Fátima!
Haz que sigamos el ejemplo de los beatos Francisco y Jacinta,
y de todos los que se entregan al anuncio del Evangelio.
Recorreremos, así, todas las rutas,
seremos peregrinos de todos los caminos,
derribaremos todos los muros
y superaremos todas las fronteras,
yendo a todas las periferias,
para revelar allí la justicia y la paz de Dios.
Seremos, con la alegría del Evangelio, la Iglesia vestida de blanco,
de un candor blanqueado en la sangre del Cordero
derramada también hoy en todas las guerras que destruyen el mundo en que vivimos.
Y así seremos, como tú, imagen de la columna refulgente
que ilumina los caminos del mundo,
manifestando a todos que Dios existe,
que Dios está,
que Dios habita en medio de su pueblo,
ayer, hoy y por toda la eternidad.

Ave o clemens, ave o pia!
Salve Regina Rosarii Fatimæ.
Ave o clemens, ave o pia!
Ave o dulcis Virgo Maria.

¡Salve, Madre del Señor,
Virgen María, Reina del Rosario de Fátima!
Bendita entre todas las mujeres,
eres la imagen de la Iglesia vestida de luz pascual,
eres el orgullo de nuestro pueblo,
eres el triunfo frente a los ataques del mal.

Profecía del Amor misericordioso del Padre,
Maestra del Anuncio de la Buena Noticia del Hijo,
Signo del Fuego ardiente del Espíritu Santo,
enséñanos, en este valle de alegrías y de dolores,
las verdades eternas que el Padre revela a los pequeños.

Muéstranos la fuerza de tu manto protector.
En tu Corazón Inmaculado,
sé el refugio de los pecadores
y el camino que conduce a Dios.

Unido a mis hermanos,
en la Fe, la Esperanza y el Amor,
me entrego a Ti.
Unido a mis hermanos, por ti, me consagro a Dios,
Oh Virgen del Rosario de Fátima.

Y cuando al final me veré envuelto por la Luz que nos viene de tus manos,
daré gloria al Señor por los siglos de los siglos.

Amén.

Ave o clemens, ave o pia!
Salve Regina Rosarii Fatimæ.
Ave o clemens, ave o pia!
Ave o dulcis Virgo Maria.

Oración del Papa Benedicto XVI a la Virgen de Fátima

Benedicto XVI visitó la Capilla de las Apariciones en 2010, con motivo del décimo aniversario de la beatificación de dos de los tres pastorcillos a los que se apareció la Virgen María en Cova de Iria: Jacinta y Francisco.  Se cumplían también diez años de la segunda visita de Juan Pablo II a Portugal. También el Papa alemán rezó una oración a María a que también respondía un coro (parte de la oración en negrita).

Señora Nuestra
y Madre de todos los hombres y mujeres,
aquí estoy como un hijo
que viene a visitar a su Madre
y lo hace en compañía
de una multitud de hermanos y hermanas.
Como Sucesor de Pedro,
al que se le confió la misión
de presidir el servicio
de la caridad en la Iglesia de Cristo
y de confirmar a todos en la fe
y en la esperanza,
quiero presentar a tu Corazón Inmaculado
las alegrías y las esperanzas,
así como los problemas y los sufrimientos
de cada uno de estos hijos e hijas tuyos,
que se encuentran en Cova de Iria
o que nos acompañan desde la distancia.

Madre amabilísima,
tú conoces a cada uno por su nombre,
con su rostro y con su historia,
y quieres a todos
con amor materno,
que fluye del mismo corazón de Dios Amor.
Te confío a todos y los consagro a ti,
María Santísima,
Madre de Dios y Madre nuestra.

Nosotros te cantamos y aclamamos, María

El Venerable Papa Juan Pablo II,
que te visitó tres veces, aquí en Fátima,
y te agradeció aquella “mano invisible”
que lo libró de la muerte,
en el atentado del trece de mayo,
en la Plaza de San Pedro, hace casi treinta años,
quiso ofrecer al Santuario de Fátima
la bala que lo hirió gravemente
y que fue colocada en tu corona de Reina de la Paz.
Nos consuela profundamente
saber que estás coronada
no sólo con la plata
y el oro de nuestras alegrías y esperanzas,
sino también con la “bala”
de nuestras preocupaciones y sufrimientos.

Te agradezco, Madre querida,
las oraciones y sacrificios
que los Pastorcillos
de Fátima realizaron por el Papa,
animados por los sentimientos
que tú les habías infundido en las apariciones.
Agradezco igualmente a todos aquellos que,
cada día,
rezan por el Sucesor de Pedro
y sus intenciones,
para que el Papa sea fuerte en la fe,
audaz en la esperanza y ferviente en el amor.

Nosotros te cantamos y aclamamos, María 

Madre querida por todos nosotros,
te entrego aquí en tu Santuario de Fátima,
la Rosa de Oro
que he traído desde Roma,
como regalo de gratitud del Papa,
por las maravillas que el Omnipotente
ha realizado por tu mediación
en los corazones de tantos peregrinos
que vienen a esta tu casa materna.

Estoy seguro de que los Pastorcillos de Fátima,
los Beatos Francisco y Jacinta
y la Sierva de Dios Lucía de Jesús,
nos acompañan en este momento de súplica y júbilo.

Nosotros te cantamos y aclamamos, María

Oración del Papa Juan Pablo II a la Virgen de Fátima

San Juan Pablo II visitó Fátima en 3 ocasiones. La primera, en 1982, para dar gracias a la Virgen por haberle salvado del atentado que sufrió el 13 de mayo de 1981. Después, volvería en 1991, habiendo pasado 10 años del atentado que casi le quita la vida, y por último en el año 2o00, donde canonizó a Jacinta y Francisco.

¿Qué relación hay entre Juan Pablo II y la Virgen de Fátima?

De las oraciones de Juan Pablo II en Fátima destacamos la que pronunció en 1991, en el décimo aniversario del atentado en la Plaza de San Pedro.

Santa Madre del Redentor,
Puerta del Cielo, Estrella del mar,
Ven a librar al pueblo que tropieza y se quiere levantar.
Una vez más nos dirigimos a ti,
Madre de Cristo y de la Iglesia,
reunidos a tus pies en la Cova de Iria,
para agradecerte lo que has hecho
en estos años difíciles para la Iglesia,
para cada uno de nosotros,
para la humanidad entera.

“¡Muéstrate Madre!”.
¡Cuántas veces te lo hemos pedido!
Hoy estamos aquí para agradecerte,
porque siempre nos has escuchado.
Te has mostrado Madre:
Madre de la Iglesia,
misionera en los caminos de la tierra
en camino hacia el esperado
tercer Milenio Cristiano;
Madre de los hombres,
por la constante protección que nos ha librado de desgracias irreparables,
y ha favorecido el progreso y las modernas conquistas sociales.

Madre de las naciones,
por los cambios inesperados que han dado nuevamente
confianza a pueblos largo tiempo oprimidos y humillados;
Madre de la vida,
por los múltiples signos con los que nos has acompañado
defendiéndonos del mal y del poder de la muerte;
Madre mía de siempre,
y en particular en aquel 13 de mayo de 1981,
cuando advertí junto a mí tu presencia y socorro;
Madre de todo hombre,
que lucha por la vida que no muere.
Madre de la humanidad rescatada por la Sangre de Cristo.
Madre del amor perfecto, de la esperanza y de la paz,
Santa Madre del Redentor.

San Pablo VI en Fátima

El Papa Pablo VI también visitó Fátima, en la que fue la primera peregrinación de un sucesor de San Pedro a este santuario mariano.

Y si tú también quieres abandonarte en los brazos de La Señora, no dejes de hacerlo mediante esta oración:

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