Queridísimo Lucas: ¿Cómo estás? ¿Qué es de tu vida? ¡Cuánto tiempo sin saber de ti! Me ha ilusionado un montón recibir tu carta y sobre todo lo que cuentas de María, mi tocaya. Cuánto la echo en falta. Esta era su casa y venía cuando quería. Aquí estaban su familia y su hogar. Se sentía muy a gusto con nosotros y se notaba que le encantaba venir.

Jesús y María han sido, y son, para Lázaro, para Marta y para mí parte de nuestras vidas, lo más importante diría. Algunos dicen que le queremos tanto porque resucitó a Lázaro, pero todo viene de mucho más atrás. Yo ya conocía a María de pequeña y ninguna de las dos hemos olvidado lo bien que lo pasábamos. María tiene mucha memoria para algunas cosas y muy poca para otras. Sus cosas se le olvidan con frecuencia. No diré que es desordenada pero para lo personal no tiene un registro muy logrado. En cambio, de mis cosas se acuerda tanto que a veces me pregunto si sabe las cosas porque Dios le comunica algo de su inteligencia o por pura memoria.

Al final siempre me acabo convenciendo de que la memoria de María tiene mucho que ver con lo sensible que es. Cualquier cosita insignificante causa en su corazón una huella profunda. El más mínimo detalle no le pasa desapercibido. Sin embargo, parece que no hace ningún esfuerzo por retener algunos sucesos dolorosos o que podrían significar un descuido o indelicadeza con ella por nuestra parte.

Pero esto es teoría. Déjame que te cuente tres cosas. El doce de Tishrei es mi cumpleaños. En todos estos años siempre se ha acordado y se las ha ingeniado para enviarme algo. Algunos años, si podía, venía ella en persona a pasar esos días conmigo. Cuando ya eso no fue posible, siempre me mandaba con algún conocido algún detalle: un manto bordado con mi nombre, una bufanda para el invierno, un mantel o un collar labrado en madera por José, su esposo. Sabe perfectamente cómo acertar y lo consigue siempre. Parece increíble pero yo algunos años no me he acordado del suyo. Sí, ya sé que pensarás que soy tonta. Yo también lo pienso con alguna frecuencia. Cuando luego le pido perdón, ella le quita importancia y me dice que tengo suficientes cosas en la cabeza como para andar pendiente de ella. Y me lo dice con el corazón, veo que no es un cumplido. Ella no me mentiría, y menos con eso. Yo le creo y me quedo muy tranquila.

María tiene una debilidad y es que sabe perfectamente lo que le gusta a cada uno. Por ejemplo, sabe que yo odio la sopa de gallina y no puedo ni ver la mermelada de naranja. Nunca me ha puesto eso para comer cuando he ido a su casa. Por el contrario, siempre encuentro los mejores higos, las calabazas más sabrosas y el pescado más fresco en su casa. Sé que ellos no comen esas cosas salvo en las fiestas. María me hace sentir que mi visita es una fiesta para ella y la veo disfrutar cuando saca la comida y ve cómo mis ojos se quedan como platos. No es que yo solo piense en comer, faltaría más, pero es que pone todo con tanto detalle… Se acuerda, debí contárselo aunque hasta yo lo había olvidado, que mi madre hacía un dulce con manzana y miel. Nunca falta en sus paquetes ni en su casa si la visito, aunque sea por sorpresa.

No te quito más tiempo que tendrás que trabajar mucho pero es que no quiero olvidarme de lo rápido que se olvida María de ciertas cosas. Una vez, una amiga común me dijo que María era una ingenua, que parecía tonta, que no conocía a la gente y que así sería una desgraciada. Yo cometí el error de contárselo y ella no se enfadó sino que la disculpó totalmente y me dijo que esa amiga seguramente estaba sufriendo. Luego me di cuenta, antes ni me lo había imaginado, que María sabía perfectamente lo que le pasaba y no le reprochaba que dijera eso, al revés. Vi cómo la trató la siguiente vez que nos encontramos con ella y el beso y el abrazo que le dio y comprendí que ya no se acordaba de lo que yo le había contado.

En fin, Lucas, ya me contarás qué tal avanzas. Mucho ánimo, ya me imagino que a ella no habrás conseguido sacarle nada de estas cosas. Si le hubieras preguntado por cualquiera de nosotros, habrías tenido material para escribir libros y libros, pero eso no interesa. Espero que lo que te cuento sirva para tu libro. Gracias otra vez por todo, de verdad, y si puedes mandarnos un poco de aquel jarabe de jengibre que tanto ayudó a Lázaro con la tos, el Señor te lo pagará. Un saludo y la paz,

María de Betania

 

Esta carta forma parte del proyecto Cartas a san Lucas, en las que el autor, Diego Zalbidea ha imaginado qué dirían de la Madre de Dios los que más de cerca la trataron. Las cartas han sido escritas para ayudar a soñar y a rezar. Pero no se trata de aportar una hipótesis ni una posible versión de los hechos. El libro electrónico «Querido Lucas», que contiene todas las cartas se puede descargar de forma gratuita.

 

 

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