La fe en la humanidad

“Salvar una vida es salvar un universo” es la frase del Talmud que simboliza la fe en la humanidad e inspira el monumento del Parque de los Justos de Jerusalén. 

Justos entre las naciones es la memoria de honor y agradecimiento del pueblo judío a aquellos hombres y mujeres no judíos (26.513 personas de 51 países distintos) que no pactaron con la cultura de superioridad y desprecio a la vida que consiguió extender el Tercer Reich alemán sobre la cultura de la superioridad de la raza.

Si un día los hombres libres tuvieron derecho sobre los esclavos, los señores sobre los siervos, hoy recordamos las consecuencias de una ideología: la raza aria con derecho sobre la raza judía.

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El holocausto sigue vigente con otras formas hoy en día

Hoy también hombres y mujeres se arrogan el derecho sobre la vida humana en función de plazos, de meses, de vientres de alquiler, de laboratorios. Una vez más la ceguera de la superioridad y el derecho sobre la vida del otro se impone.

El holocausto silencioso y ciego es el primer escollo de la cultura actual que ha de ser salvado. La mujer y el hombre son artífices y víctimas a la vez, pero el corazón tiene memoria y no olvida el dolor del daño que realiza, no desaparece sin más, nuestro yo más profundo siempre está ahí reclamando nuestras injusticias.

quien salva una vida salva al mundo entero e1548432760316 300x131 - Salvar una vida es salvar un universo

La defensa de la vida, un tema prioritario

Por el contrario, seguramente en el futuro, muchos hombres y mujeres serán también considerados Justos entre las naciones por sus testimonios hechos vida, atreviéndose a trabajar de manera positiva, serena y constante a favor de la defensa de la vida.

La banalización de la sexualidad y la despreocupación de sus consecuencias en torno a los medios de comunicación, la publicidad y el entretenimiento provoca esa ceguera sobre los efectos de la vida que puede nacer. Aunque las formas son sutiles, la historia continúa, hombres y mujeres sufren, y mucho al construir su familia, inconscientemente en muchas ocasiones se maltrata la vida humana, un todo que no se divide en plazos ni en días.

En este escenario la mayor perdedora es la mujer cuando tiene miedo a la vida y el hombre que tiene una gran responsabilidad en la complicidad con el ambiente que le rodea.

 “n.5….también en situaciones de bienestar y de paz, viciadas a menudo por una cultura de permisivismo hedonístico, en que prosperan también más fácilmente tendencias de machismo agresivo. En semejantes condiciones, la opción del aborto, que es siempre un pecado grave, antes de ser una responsabilidad de las mujeres, es un crimen imputable al hombre y a la complicidad del ambiente que lo rodea. (Carta a las mujeres, Juan Pablo II). 

 

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