Vivimos con cierta agitación, últimamente en España. La crisis, los recortes, los indignados, los nuevos partidos políticos, los atentados terroristas vividos en los últimos tiempos, los refugiados, la reacción de los países europeos, el cierre de fronteras, el Brexit, la moción de censura, la corrupción… han traído reflexión para todos. Y es sumamente curioso leer en las redes sociales los pensamientos de tantos y tantas que se preguntan cómo hemos llegado a vivir en una sociedad ciertamente desnortada en muchos aspectos.

Una de las reflexiones más repetidas es acerca del papel de la escuela en la educación de los niños y los jóvenes. La escuela pensada como antídoto del racismo, el machismo, el extremismo, el radicalismo, el fascismo y todos los ismos posibles. Y, aunque en cierta manera, es verdad que la educación es la mejor manera de proveer a las personas de cultura, valores y experiencias que les permitan construir un mundo más justo y pacífico; no es menos cierto que este planteamiento tiene dos lagunas evidentes.

education 1024x683 - ¿Escuela sin familia?

La primera laguna es la una escuela sin familia. Y es que la escuela no sólo no es todopoderosa en soledad sino que, cuando las familias no son las protagonistas de la educación de sus hijos, está limitado su efecto. Hemos ido derivando a la escuela lo que las familias o no pueden o no quieren transmitir. Pretendemos que los valores religiosos, cívicos, democráticos… sean enseñados en la escuela aunque no se vivan en la familia. Y eso no es posible. Trabajar juntos, es posible. Trabajar por separado, no. Mientras el número de matrimonios que fracasan y se rompen siga creciendo, mientras siga rompiéndose la unidad familiar, mientras haya hogares donde el centro son los niños y no los adultos, mientras la muerte, el dolor, el fracaso, la insatisfacción… sean “aspectos non gratos” y se evite a los hijos su propia experiencia de los mismos, mientras los hogares tengamos tantas cosas y sigamos perdiendo tiempo de lectura, de conversación, de paseo, de celebración, de oración, etc. el tema está complicado.

La segunda laguna es que la escuela, o la familia, educa para ser libre. Pero la cuestión es si con nuestro sistema, lleno de burocracia, requisitos, especialidades, calidades y parafernalias, eso es posible. Temarios amplísimos, administraciones asfixiantes, maestros puestos en el punto de mira, desconcierto tecnológico y la innovación como el nuevo Dios que todo lo ve, no están permitiendo, a mi parecer, tener los tiempos necesarios para el imprescindible acompañamiento personal a los alumnos. Alumnos a los que, por cierto, queremos educar en valores que no les dejamos protagonizar ni vivir a pleno rendimiento en la escuela: qué tal andamos de democracia en la escuela, qué tal andamos de compromisos, qué tal andamos de análisis, qué tal andamos de debates, tomas de decisiones comunes, confianzas mutuas, etc.

Soy optimista al respecto pero eso no implica ser ingenuo. Algunas cosas debemos recuperar para que la escuela sea un verdadero germen de prosperidad, de paz, de justicia y de honestidad. Sigamos trabajando.

Un abrazo fraterno,

Santi Casanova

Entradas relacionadas

Join the discussion One Comment

Leave a Reply