La mayoría  queremos encontrar a «la persona». Esa persona que nos hará increíblemente feliz y llenará nuestra vida de sentido y emoción. Todas nuestras penas desaparecerán porque esa persona está ahí.  Pero hay un problema con eso: no existe.

El engaño de las películas de amor:

Screen Shot 2018 08 04 at 4.43.38 PM 300x198 - ¿Es posible ser feliz sin tener novio/a?

¿Eso significa que todas las películas de amor y canciones románticas nos han mentido descaradamente?

Algo así. Lo voy a decir de la manera más lógica y práctica posible: imagínate que hoy encuentras a ese chico/a increíble. Esa persona es todo lo que has soñado y más. Sientes mil  mariposas en el estómago y solo el hecho de pensar en él o ella te hace increíblemente feliz, o eso crees.

Es algo hermoso. ¿Pero y luego qué? ¿Acaso el hecho de haber encontrado a una persona maravillosa te garantiza que serás feliz? Y en el caso de que pienses que sí, ¿acaso vas a estar con esa persona 24 horas durante los siete días de la semana? Habrá momentos en los que no estéis juntos, habrá ocasiones en los que él o ella estará ocupado y no te preste toda la atención que tu quisieras. Tal vez sean horas, incluso días. ¿Vas a encapsular tu felicidad y que dependa única y de manera exclusiva de esa otra persona?

Ser realmente feliz:

Hay una frase que me encanta que dijo Chris Stefanick en una de sus charlas : «Chicas, si necesitan a un novio, necesitan no necesitar a un novio, hasta que ya no necesiten un novio«. Yo no estoy diciendo que el amor no sea algo hermoso.  Lo que quiero decir, es que no podemos esperar a tener novio para ser feliz. Conozco muchísimas personas que están en una relación  y por más que estén felices respecto a su pareja, son personas tristes. Es imposible que una persona que tiene límites, llene nuestras ansias ilimitadas de felicidad. No se tiene novio para que nos haga feliz. Porque entonces estaríamos instrumentalizando la relación y a esa persona en función de lo feliz o infeliz que nos hace.

La felicidad se obtiene de manera indirecta:

La felicidad de verdad no la vamos a encontrar en una relación. Tener novio/a no es algo imprescindible para ser feliz. No es un accesorio que lo usas mientras te haga feliz y desechas cuando ya no te llene. Cuando amas de verdad a otra persona, no buscas tu felicidad, sino su felicidad; y uno es inmensamente feliz de manera indirecta. Podíamos decir, que ser feliz es «un daño colateral» de hacer feliz al otro. Y lo que a uno le llena es ver a esa persona a la que quiere siendo feliz, sacando lo mejor de sí. Una persona a la que tú quieres hacer feliz; a veces incluso por encima de tu «felicidad».

Y esto solo es posible si en tu relación metes a un tercero, metes a Dios. Entonces los amarás de verdad, hasta el punto de que la entrega ya no cuesta, no pesa, se vuelve dulce; porque el cariño todo lo suaviza y aligera. No se exige al otro, no se da para recibir, no se anotan los despistes en una lista negra de agravios, no se hace un favor para recibir en recompensa otro… ese camino lleva a la tristeza, a la desilusión y al desamor. Si cuando quieres a los demás, lo haces con la medida del corazón de Cristo: que perdona, que comprende, que se adelanta, que no lleva cuentas… serás feliz. Ese amor es el que nos llena, el que nos sacia, el que nos hace mejores. ¿Por qué no lo intentas?

No se puede hacer feliz a otros sin estar bien con uno mismo:

Para hacer feliz a una persona, primero uno tiene que ser feliz consigo mismo. Esto es una premisa que a veces se nos olvida o no está del todo clara. El amor a uno mismo no es algo egoísta. Se necesita una sana autoestima y estar a gusto con uno mismo para poder darse y amar a otros; para poder dar lo mejor de uno a los demás. Por tanto, en la medida en que me entreno cada día por ser mejor, me estoy preparando para hacer más feliz a los demás.

¿Y cómo ser feliz? Lo que más anhelamos en esta vida es el amor. Y creo que el amor es algo que se vive en el día a día. No creas que debes tener un novio para empezar a vivir el amor. Porque al final, el día a día entrenará tu capacidad para amar. Y cuando empieces a amar a las personas que tienes más cerca, serás feliz. Y ahí veras que el día que ese alguien llegue, si es que aparece, se convertirá en algo hermoso en tu vida, y será una amplificación de tu felicidad, del camino que hace mucho tiempo te has puesto a recorrer. Camino que no andas solo, porque Cristo lo ha recorrido y lo vuelve a hacer contigo de la mano.

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