«Sin el sol me quedo en silencio»

sine sole sileo e1548003066612 1 - El silencio antes de la celebraciónEn un pueblo cerca de Roma encontré un reloj de sol muy bien conservado; debajo se leía esta inscripción latina: «Sine sole sileo«. Parecía un juego de palabras con mucha sonoridad de la «s». El diccionario me sacó de dudas: «Sin el sol, me quedo en silencio«. Comentario ocurrente y lógico en ese tipo de relojes. Un verbo latino del que deriva el «silencio», del que tanto se ha hablado y del que tenemos necesidad: hay demasiada contaminación acústica. Eso explica que la gente huya a la montaña o a un parque, use tapones para dormir y valore un restaurante tranquilo…

También la celebración de los sacramentos necesita un poco de calma y de sosiego. Cortamos con el ajetreo laboral y nos introducimos en el mundo de Dios y de la comunión fraterna. La liturgia se convierte así en un «oasis» donde restaurar las fuerzas y dar sentido a nuestras jornadas.

El papa Benedicto XVI se refirió en varias ocasiones al silencio como condición para una participación activa en la celebración eucarística; junto con el ayuno recomendó unos instantes de recogimiento y silencio previos a la Eucaristía para poder participar de forma fructuosa en ella. También el papa Francisco se ha referido a él: “Cuando no hay silencio en nuestra vida, el misterio se pierde, se escapa. ¡Custodiad el misterio con el silencio!” (Homilía en Casa Santa Marta, 20.XII.2013). Del mismo modo, el Concilio Vaticano II dijo: “Guárdese, además, a su debido tiempo, un silencio sagrado”. Los libros litúrgicos se hacen eco de esta denominación: el silencio es sagrado, un silencio lleno, más que una ausencia de palabras y acciones. 

La sacristía, lugar privilegiado para guardar silencio

Uno de los lugares privilegiados para guardar este silencio de preparación es precisamente en la «sacristía». La etimología de esta palabra tiene que ver con  “lo cercano a lo sagrado”. Muchos sacerdotes aprendieron hace años a recitar algunas oraciones mientras se revestían con las vestes litúrgicas: el alba, la estola, la casulla… Cuando se disponían a celebrar, primero hacían un lavabo ritual de las manos recitando una oración:

Da, Domine, virtutem manibus meis ad abstergendam omnem maculam; ut sine pollutione mentis et corporis valeam tibi servire. Amen.

Purifica, señor, de toda mancha mis manos con tu virtud, para que pueda yo servirte con limpieza de cuerpo y alma. Amen.

El clima de oración se iniciaba en seguida. Precisamente porque estas oraciones se dejan a la libre elección del celebrante, la Ordenación General del Misal Romano (OGMR) dispone que “se guarde silencio en la iglesia, en la sacristía, en el ‘secretarium’ y en los lugares más cercanos para que todos se dispongan devota y debidamente para la acción sagrada” (n. 45). Tanto por su localización (contigua a la iglesia), como por su uso (en ella se custodian diferentes objetos del culto), la sacristía se convierte en una antesala para la preparación inmediata a la Eucaristía. En ocasiones, por la misma disposición de los locales, hace las veces de recepción o se convierte en un despacho… donde resulta complicado guardar silencio. No se trata de un problema reciente. Ya desde antiguo existe la costumbre, todavía conservada en ciertos lugares, de colgar un cartel con la inscripción “silentium” en la sacristía, similar a la imagen que acompaña a esta entrada. ¿Convendrá volver a colocar este tipo de avisos?

Fotografías de Álvaro García Fuentes.

En continuidad con este clima de silencio orante, en la santa Misa se prevén unos momentos de silencio; breves pero intensos, breves pero para llenarlos de contenido y explicarlo así en la catequesis: antes del acto penitencial, antes de la oración colecta (el «Oremos» es de todos: del sacerdote y del pueblo), después de la Liturgia de la Palabra, durante la preparación para la comunión y después de ella. Desarrollaremos estos momentos y su sentido próximamente.

 

BIBLIOGRAFÍA:
Constitución sobre la Liturgia Sacrosanctum concilium, n. 30.
Ordenación General del Misal Romano, n. 45.
Benedicto XVI, Ex. ap. Sacramentum caritatis (2007), n. 55.
A. Lara, El silencio en la Liturgia, Seminario Mayor Diocesano de la Inmaculada y San Eufrasio, Jaén 2014.

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