La vida del no nacido. La verdad sobre el aborto y la dignidad de la mujer.

Autor: José María Pardo Sáenz
Nº Páginas: 145
Precio: 9.00€
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La vida del no nacido es un libro escrito con un lenguaje sencillo, lo que no impide al autor aportar una perspectiva profunda sobre la bondad y dignidad de la vida. Se evitan los clichés y se exponen las ideas de un modo ordenado.

En definitiva, frente al aborto conviene mantener una actitud positiva, no de crítica. En lugar de traer a colación frases tópicas contra el aborto, es mejor ir al fondo de la cuestión con rigor y ahondando en la importancia de valorar con acierto la vida humana y su sexualidad, como hace Pardo Sáenz, cuyas ideas, sin duda, procuran estar al servicio de la verdad, y no mediante críticas denostadas a los defensores del aborto.

Hay un testimonio vibrante e ilustrativo que Pardo Sáenz saca a colación en muchos de sus capítulos, por ejemplo cuando se refiere a la posibilidad de que una mujer aborte tras una violación, concretamente la experiencia de una joven inglesa que finalmente optó por seguir adelante con su embarazo: “Nunca quise poner fin a la vida de mi niña sólo por la forma en la que fue concebida”, resume ella.

“La solución al problema de los embarazos entre adolescentes y jóvenes no es una cuestión de mecanismos (preservativo, píldoras anticonceptivas y del día después, etc.), sino que consiste en llenar un vacío en la educación sexual que reciben” (pág. 96). Y dicha educación no se limita a informar, sino a formar, a dar criterios, a encarnar valores y a afianzar principios. A fin de cuentas, el sexo no se entiende al margen del amor, pues la sexualidad forma parte de la personalidad, y su auténtica significación está enlazada con el amor, un amor abierto precisamente a la vida.

La polémica sobre el aborto ha generado siempre largas disputas, enfrentando a grandes defensores y a muchos detractores. Pero hay una manera positiva de acercarse a este tema, que es la que propone Pardo Sáenz: ensalzando el valor de la vida humana que posee cualquier feto en el vientre de una madre.

Conviene abstraerse del debate social que suscita el aborto y procurar estudiarlo con la mayor objetividad posible, sin prejuicios, en un afán por descubrir la verdad que se esconde debajo de la placenta. El título del libro y el tono claramente optimista de los diez capítulos demuestran que se puede hablar del tema con razones científicas, equilibradas y libres de cargas ideológicas.

¿Y cómo sabemos que hay vida humana en un feto? Existen varios indicios: sus primeros movimientos y experiencias, sus reacciones iniciales a estímulos externos, sus necesidades nutricionales, su capacidad para sufrir dolor, sus conexiones físicas con su madre, el diálogo silencioso que establece con ella… constituyen señales claras de la vitalidad que posee el feto a partir de su concepción.

Una manera lógica de abordar la polémica es yendo a la definición de lo que se debate. Pues bien, “el aborto consiste en la eliminación directa y voluntaria de un ser humano en la fase inicial de su existencia”. Dicha descripción comporta, a su vez, una distinción entre el aborto directo –y que puede quererse como fin o como medio- y el aborto indirecto (esto es, no deseado).

De aquí se puede extraer una primera reflexión: toda decisión deliberada de aniquilar a un ser humano inocente es una acción condenable. No hay excepción, porque la opción –consciente- de abortar resulta siempre mala, se mire por donde se mire.

Por supuesto, hablar de aborto significa hablar de varios tipos distintos, que el autor del libro no olvida y expone con brevedad, precisión científica e imparcialidad. Primero se refiere a los de clase quirúrgica, y luego a los químicos. Tampoco olvida las técnicas de reproducción humana artificial ni la diferencia entre los métodos anticonceptivos y los abortivos.

Pero no basta con enumerar las clases de aborto. Hay que ir más allá y alertar sobre los peligros de la promiscuidad sexual, de la devaluación de la sexualidad humana y de la falta de educación. Sólo así, según prestigiosas revistas científicas, se puede explicar que la píldora del día después no constituya una solución para disminuir la tasa de abortos, sino que, de hecho, cada año aumentan los embarazos no deseados.

¿Qué ocurre con aquellos que defienden el aborto como herramienta para controlar la expansión demográfica? Ellos recurren entonces al derecho al aborto y a la libertad de abortar hasta un determinado límite de semanas, más todavía si se trata de niños con patologías letales o incluso con anomalías fetales que suelen desencadenar en Síndrome de Down.

Sin embargo, en esos planteamientos hay grandes errores, porque “el debate actual sobre el aborto no está (…) en aclarar si el feto es o no es un ser humano. Eso ya está perfectamente aclarado por la ciencia (…). Lo que hay que debatir es, más bien, si puede prevalecer el derecho de la madre a abortar sobre el derecho del hijo a desarrollarse, nacer y vivir” (pág. 61). Y es aquí donde hay que hablar sobre la proporcionalidad del bien, la salud física y psíquica de la madre y las terribles consecuencias de la Ley del aborto española.

Apostar por la vida trae muchas ventajas, más de lo que pueda parecer a simple vista. “En mi opinión, lo que verdaderamente resultaría útil para reducir el número de abortos es fomentar las ayudas sociales a las embarazadas; aumentar la ayuda económica directa; promover y facilitar la alternativa de la adopción; informar sobre los riesgos físicos y psíquicos del aborto; y, finalmente, impartir una educación integral de la sexualidad, adecuada a cada una de las etapas de la vida” (pág. 120).