Francisco. El Papa del Nuevo Mundo

"/Autor: Equipo Editorial
Nº Páginas: 128
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Francisco. El Papa del Nuevo Mundo es una recopilación de varios textos que construyen un primer acercamiento al nuevo Papa: una breve biografía del Papa Francisco, la crónica del inicio del Pontificado, sus primeros discursos y homilías y los testimonios de varias personas que tuvieron un trato cercano con él antes de su elección.

Una breve biografía

En las primeras páginas se hace un rápido recorrido por la vida del Papa Francisco, contando sucesos que han aparecido más en los medios de comunicación y son más conocidos con otros que resultan menos sabidos: cómo siempre utilizaba el transporte público, cómo sintió la llamada de su vocación, su devoción a la Virgen de los Nudos, la pulmonía que sufrió con 22 años y que derivó en tres quistes pulmonares y la extirpación de la parte superior del pulmón derecho, su predilección por los pobres

Esa predilección por los más débiles no cambió cuando fue nombrado cardenal (como no ha cambiado tampoco tras el nombramiento como Papa). Se volcó con el cuidado de los sacerdotes, consciente de lo solos que a veces se encuentran, habilitó para ellos “un teléfono directo para atender sus necesidades a cualquier hora del día” y “pasaba noches en parroquias asistiendo a sacerdotes enfermos” (pag.25).

El libro también trata la cuestión polémica que apareció en los medios de comunicación el día después de la elección del nuevo Pontífice: la acusación de que el cardenal Bergoglio no había protegido suficientemente a dos sacerdotes jesuitas que fueron secuestrados durante la dictadura militar argentina. El portavoz del Vaticano explicó que la Justicia argentina había interrogado al entonces provincial de los jesuitas en Argentina pero solo como conocedor de los hechos y sin imputársele nada, y que además las pruebas negaban todas las acusaciones. Lombardi afirmó también que es conocido “lo que el cardenal Jorge Mario Bergoglio hizo por proteger a muchas personas en la dictadura argentina” y “por promover la petición de perdón por parte de la Iglesia argentina por no haber hecho lo suficiente durante la dictadura”. Asimismo destacó las declaraciones del Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel que dijo que el nuevo Papa “no ha sido cómplice de la dictadura argentina” (págs.46y47).

Algunos llegaron a afirmar que aquellos dos sacerdotes habían sido asesinados, cuando la realidad es que fueron secuestrados y después liberados, al no poder acusarles de nada y porque el cardenal Bergoglio se movió para conseguirlo. A las acusaciones de haberse reunido con los militares golpistas Videla y Massera, el propio Bergoglio respondía en el libro El Jesuita que, efectivamente, se había reunido con los dos, en un par de ocasiones, pero para conseguir la liberación de los dos sacerdotes secuestrados. Y no sólo ayudó en esta ocasión sino que “durante los años de la dictadura, escondió y protegió a muchos jesuitas y sacerdotes en el Colegio Massimo en San Miguel, donde él mismo vivía” (págs.19y20).

La crónica del inicio de Pontificado

Estas páginas, escritas por Laura Ramírez, enviada especial de la agencia Europa Press, son un relato vibrante de lo que sucedió en aquellos días en Roma, con abundantes testimonios de gente a pie de calle, pero también de quienes vivieron el cónclave más de cerca. Por ejemplo, el cardenal Amigo aclaró pronto que Bergoglio había elegido el nombre de Francisco por san Francisco de Asís, “en esta línea destacó ‘el interés por los pobres’ de este santo y apuntó que el nombre de Francisco era ‘un signo’ sobre lo que el nuevo Papa ‘desea que sea su Pontificado’” (pág.36).

Un signo, unos gestos, como otros muchos que fuimos conociendo del Papa esos primeros días tras la elección: cómo fue a pagar personalmente su alojamiento; su llamada al Padre general de los jesuitas; que seguía comiendo y cenando con el resto de cardenales en la Casa Santa Marta; el aviso a sus compatriotas argentinos de que no era necesario que hicieran un viaje tan largo y costoso hasta Roma para el inicio de Pontificado y que podrían donar ese dinero a los pobres… Pero no solo acciones, también le fuimos conociendo por sus primeras palabras: en su primera Misa como Pontífice afirmó delante de los 114 cardenales votantes que le habían elegido que “si no confesamos a Jesucristo, algo no funciona, seremos una ONG piadosa, pero no la Iglesia” (pág.41); en su primer tuit nos decía “Queridos amigos, os doy las gracias de corazón y os ruego que sigáis rezando por mí. Papa Francisco” y en su primer Ángelus se centró en el mensaje de la misericordia de Dios: “El Señor no se cansa de perdonar, ¡nunca! Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón” (pág.53).

Ante los comentarios de muchas personas sobre que la seguridad del Vaticano tenía que estar volviéndose loca debido a la espontaneidad del nuevo Papa, Lombardi afirmó que “la seguridad está en función del estilo pastoral que adopta el Papa”, de forma que “no es el Papa el que se encasilla en unas normas rígidas, sino la seguridad al servicio del Papa” (pág.54).

El sábado 23 de marzo tuvo lugar el encuentro con Benedicto XVI, del que no sabe qué hablaron el nuevo Papa y el Papa emérito, pero que dejó en la retina de los espectadores ese momento en el que, yendo a rezar a la capilla, “Benedicto XVI le quiso ceder a su sucesor el puesto reservado para el Papa, ante lo que éste respondió: ‘Somos hermanos’. Y se arrodillaron juntos en el mismo banco a rezar ante la imagen de la Virgen de Czestochowa” (pág.66).

La crónica termina con la narración de la primera Semana Santa del Papa Francisco, unos días de gestos memorables (como el lavatorio de pies el Jueves Santo a doce jóvenes en la cárcel de “Casal del Marmo”) y palabras llenas de sencillez y profundidad, como estas del Via Crucis en el Coliseo: “A veces parece que Dios no responde al mal, que permanece en silencio (…) pero en realidad ha hablado, ha respondido, y su respuesta es la Cruz de Cristo: una palabra que es amor, misericordia y perdón” (pág.74).

Las primeras palabras del Papa

En este apartado se recogen los primeros mensajes y homilías pronunciados por el nuevo Papa, comenzando por esas primeras palabras dichas desde el balcón, después de su elección, cuando se inclinó tras pedir que rezáramos por él.

En el encuentro con los periodistas agradeció a quienes habían sabido cubrir los últimos acontecimientos de la historia de la Iglesia desde una perspectiva de fe y lanzó este mensaje a los comunicadores: “Vuestro trabajo requiere estudio, sensibilidad y experiencia, como en tantas otras profesiones, pero implica una atención especial respecto a la verdad, la bondad y la belleza; y esto nos hace particularmente cercanos, porque la Iglesia existe precisamente para comunicar esto: la Verdad, la Bondad y la Belleza ‘en persona’” (pág.85).

La Misa de inicio de Pontificado fue el día de san José, y a este santo dedicó gran parte de su homilía: “José es ‘custodio’ porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea y sabe tomar las decisiones más sensatas” (pág.89) y afirmó que todos debemos ser custodios de los dones de Dios y no tener miedo ni de la bondad ni de la ternura, que no es una “virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor” (pág.91). Al final de la homilía quiso resaltar que “el verdadero poder es el servicio (…). Sólo el que sirve con amor sabe custodiar” (pág.92).

En el Domingo de Ramos anunció que quería decirnos “tres palabras”: alegría, cruz y jóvenes. Animó a ser personas alegres, ya que un cristiano jamás puede ser alguien triste y también repitió con fuerza que no dejáramos que nos robaran la esperanza. Sobre la cruz afirmó que ahí Jesús vence el peso del mal con la fuerza del amor de Dios. Terminó la homilía diciendo que la fe había que vivirlo con un corazón joven, siempre, aunque se tengan 80 años.

“Tenemos miedo de las sorpresas de Dios. Queridos hermanos y hermanos, en nuestra vida, tenemos miedo de las sorpresas de Dios. Él nos sorprende siempre. Dios es así. No nos cerremos a la novedad que Dios quiere traer a nuestras vidas” (pág.98). Este fue uno de sus mensajes centrales en la Vigilia Pascual, donde también invitó a hacer memoria de lo que Dios ha hecho en nuestras vidas, ya que esto da esperanza para el futuro.

De primera mano

En esta sección, cuatro personas que tuvieron un trato cercano con el entonces cardenal Bergoglio, cuentan anécdotas y sucesos más o menos cotidianos o sorprendentes.

Mariano Fazio, vicario del Opus Dei en Argentina, narra cómo lo último que le dijo el nuevo Papa fue: “sos un caradura”. Pedro Carlos Velasco, capellán del colegio Buen Consejo (Buenos Aires), hace esta descripción sobre Bergoglio: “Estos últimos años de Cardenal Primado de la Argentina fueron de particular valentía de su parte, y firme doctrina, para defender la familia, el matrimonio, la vida de cada persona por nacer o nacida ya. La política y las ‘leyes’ iban por otro lado, y él habló siempre claro y sin vueltas. Estuvo al lado de los que sufrían cuando casi nadie lo hacía: víctimas de la inseguridad, de la corrupción, de la droga, de los atentados, de los accidentes por irresponsabilidad, de la esclavitud laboral, de la trata de mujeres, y un largo etcétera, bien conocido por todos en nuestro país, salvo por los que ‘miran para otro lado’ –como dijo alguna vez. Pero claro, esta actitud no se improvisa: es el fruto de toda una vida de ‘jugársela’, como decimos en Argentina” (pág.116).

Federico Wals, secretario de prensa del Arzobispado de Buenos Aires resalta su coherencia, su preocupación por todos y su espíritu de oración. Juan Pablo Cannata, profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral, define al Papa Francisco como: “Una Madre Teresa pero en el corazón del Vaticano, un Juan Pablo II latinoamericano, un Joseph Ratzinger con una historia de horas y horas pasadas en las villas miseria que son la cara más triste de la distinguida Buenos Aires” (pág.121).

Al finalizar el libro se añade la explicación del escudo papal. Su lema, “Miserando atque eligendo” (“Lo miró con misericordia y lo eligió”), está sacado de un autor cristiano que comenta el pasaje de la vocación de san Mateo. Y fue precisamente en la fiesta de san Mateo de 1953 cuando Bergoglio –que tenía 17 años entonces- sintió y vio su vocación.


Desde la elección de Jorge Mario Bergoglio el 13 de marzo de 2013, se ha escrito y se ha publicado mucho sobre él, y él mismo ha dicho muchas cosas y ha tenido multitud de gestos. Este libro hace una síntesis de todo ello y la acerca al lector para que pueda conocer un poco más al nuevo Papa. Es también, como se dice en la presentación, “una pequeña aportación para hacer crecer el amor al Papa entre los lectores” (pág. 7).

Está realizado con un estilo periodístico que lo hace muy ágil de leer: títulos, subtítulos, ladillos, sumarios, abundantes fotos de gran calidad y recuadros que explican anécdotas o curiosidades del Papa.