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La enfermedad del ignorante es
 ignorar su propia ignorancia.
 -Amos Bronson Alcott-

 El Ateneo científico literario fue creado durante la guerra carlista para contribuir al desarrollo de las ideas en España. Su objetivo era ser el templo de la cultura, el ágora del pensamiento libre, el senado de la libre discusión… En 1936 resolvió hacer una votación para decidir, democráticamente, si Dios existía. El resultado de la votación fue que, según las mentes privilegiadas de este país, Dios no existía por un solo voto de diferencia. ¿Y no habría cosas más importantes que discutir? De entre los socios del Ateneo de Madrid han salido 16 presidentes de gobierno de España… no digo más.

Os soy franco y os lo voy a decir, aunque parezca un poco atrabiliario, pero es que… al recordar tan ridículo y bochornoso episodio — y otros semejantes que a diario se producen— siempre me acuerdo de la fábula de Juan Bautista Arriaza: El ruiseñor, el canario y el buey.

Junto a un negro buey cantaban
un ruiseñor y un canario,
 y en lo gracioso y en lo vario
iguales los dos quedaban. 

«Decide la cuestión tú»,
dijo al buey el ruiseñor;
y metiéndose a censor
habló el buey y dijo: Mu. 

          ¿Qué le ocurre al hombre cuando, irracionalmente, le quitas a Dios? Decía Viktor Emil Frankl (Austria 1905-1997) en su famosísima obra El hombre en busca de sentido (donde describe la vida del prisionero de un campo de concentración desde la perspectiva de un psiquiatra) que incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, el hombre puede encontrar una razón para vivir, basada en su dimensión espiritual.
Afirma V. Frankl que la felicidad no se puede buscar directamente nunca, porque es consecuencia de entregar lo mejor de nosotros mismos por una causa noble, que el hombre necesita una razón para vivir, una razón para amar, una razón para sufrir y una razón para morir.

          Y concluye que, cuando no tiene una razón de tipo trascendente para ello, enferma y enferma de angustia, que es la enfermedad de nuestro tiempo. Y es que, cuando arrastrado por el cientifismo, el relativismo y el subjetivismo, el hombre contemporáneo se vuelve contra Dios, actúa como la paloma que dice Goethe: La paloma protesta contra el aire, sin darse cuenta de que es lo único que le permite volar.
Los fanáticos propagadores de la contracultura hablan y opinan desde su ignorancia supina, dogmatizando sin dudar, y si, con precisión les preguntas tú, abren la boca como el buey de la fábula y dicen: muuu.

Y no paran.

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