The baby is doing his first steps

Es preciso elevarse con las alas del entusiasmo.
Si se razona, no se volará jamás.
-Anatole France-

Las familias católicas en Estados Unidos, suelen estar muy implicadas con sus parroquias. Los parroquianos de una de las iglesias de la zona de Maryland, pensaron que un solar vacío que había cerca, podría servir para espacio de juegos de los niños, mientras no se le diera otro uso. Hablaron con el dueño y éste accedió a que jugaran los niños. Y puso dos condiciones: contratar un seguro y que las familias se encargaran del mantenimiento.

Llegó el día de empezar los arreglos. Van llegando los voluntarios; entre ellos, una familia con una niña discapacitada.

_ ¡A quién se le ocurre -dijeron algunos- traer a una niña así a trabajar! ¡Si casi no puede andar!

Pero la pequeña se entregó al proyecto con entusiasmo. Sentada en una silla, mantenía abierta una bolsa donde sus padres metían la basura que recogían. Y ofrecía la bolsa con una inmensa sonrisa y un rostro radiante de entusiasmo.

Mientras limpiaba, la familia reía y comentaba las múltiples actividades que se realizarían en el solar. Estaban entusiasmados y contagiaron entusiasmo. Una niña discapacitada, y su familia, dinamizaron la buena voluntad de los voluntarios.

A algunos de los presentes le surgió una duda razonable:

_Pero esta niña, ¿cómo, de qué manera, dada su discapacidad, va a disfrutar del solar?
Y alguien se atrevió a preguntarle: Y tú, guapa, ¿cómo vas a participar en los juegos?
La pequeña, arrebatada de entusiasmo, dijo: Llevaré el tanteo, haré de árbitro… y cosas así. Y sonrió.

La persona que busca disfrutar de su trabajo, de asumir cualquier actividad como una aventura, de poner entusiasmo en lo que hace, crea el marco para que otros sigan su ejemplo. Todo lo que hacemos puede ser contagioso para bien o para mal. Contagia la sonrisa, pero también contagia el mal humor.

Para ser positivo hay que buscar lo mejor en cada situación, y luchar para convertir la dificultad en una oportunidad creativa que desemboque en un bien mayor. Para ello ayuda muchísimo mantener en nuestra mente la gráfica expresión de William Juneau: Una palmada en la espalda suele ser más eficaz que una patada en el trasero.

Quizás no podamos estar sonriendo las veinticuatro horas del día, pero si acometemos nuestras tareas con entusiasmo, quienes nos rodean se contagiarán de nuestro espíritu, porque el entusiasmo es altamente contagioso: ayuda, alegra, levanta, estimula, crea, sirve… y cosas así.

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