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Cuando el relativismo moral se absolutiza
en nombre de la tolerancia,
los derechos básicos se relativizan
y se abre la puerta al totalitarismo.
Benedicto XVI-

           En cierta ocasión, preguntó un crítico musical a Richard Wagner que por qué no escribía sinfonías. Y él contestó que Beethoven ya había escrito las que había que escribir.

Lo anterior es una excusa para hablar del RELATIVISMO MORAL. Actualmente se tiende a relativizar lo que sucede, y no a calificarlo o enjuiciarlo, o negar o afirmar algo con todas sus consecuencias.
Hoy todo es ñoño, es decir, nadie se quiere mojar, todo vale, todo es depende, según, opinable.
En los últimos años, si bien no es algo nuevo (ya desde los filósofos griegos nos llega como herencia), se está afirmando la turbadora tentación de que la verdad no existe, por lo que el conocimiento no merece la pena: lo único que merece la pena es la divagación eterna e infructuosa sobre las formas de conocimiento. La cosa empezó a torcerse con Descartes, pero en el siglo XX alcanzó su plenitud, es decir, alcanzó el desastre.

Analicemos la situación en algunos dichos conocidos, que son los mandamientos vigentes. El primero y más importante de todos, que los engloba a todos, que los resume y abarca a todos, es el siguiente:

Nada es verdad ni nada es mentira, todo depende del color del cristal con que se mira. Ahora bien, esta frasecita, que revela como ninguna otra el fin de las verdades absolutas, es la que incurre en la primera contradicción flagrante: nada es verdad ni nada es mentira… menos esta frase, este principio, este dogma aniquilador.

           Prohibido prohibir. Ahora bien, si prohibimos prohibir, ya hay algo que sí está prohibido: prohibir.

          Todo es opinable. Sí, todo es opinable; todo menos justamente eso: que todo sea opinable.

          Los dogmas son inadmisibles. Salvo justamente el que a acabo de enunciar, indemostrable, pero de aplicación forzosa.

          Toda idea, principio o creencia es tan respetable como otra. ¿Todas? No, porque la que acabo de escribir vale mucho más que cualquier otra y es acreedora del mayor de los respetos.

Lo que se ve, existe, y lo que no se ve, no existe. Según esto sólo existe lo que entra por los sentidos, lo que es cuantificable. Los sentidos engañan. ¿No vemos variar la luna? ¿Hay, pues es lo que veo, varias lunas?  ¿Existe, por ejemplo, el dolor? ¿Alguien lo ha visto? ¿La inteligencia?

Claro que con esto de la inteligencia se me ocurre una ironía: Todo es según, ya que a veces dudo de la inteligencia de algunas personas, precisamente por eso, porque no la veo.

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