Te pasa algo2

Casi todas las personas son tan felices
como se deciden a serlo.
-Abraham Lincoln-

          Hace casi 20 años que me casé, me contaba un amigo, y en todo ese tiempo mi cara era el reflejo de mi vida estresada; en contadísimas ocasiones tenía tiempo y ganas de sonreír a mi mujer y decirle unas palabras amables. Un día, mientras me afeitaba,  me asusté de mi propio rostro ceñudo y me dije:

-Oscar, se acabó. Esto no puede seguir así. Desde hoy tengo que hacer desaparecer este ceño de cara de vinagre y dedicarme a sonreír.

         Dicho y hecho. Bajo a desayunar y le digo a mi esposa con una sonrisa:
         -Buenos días, querida, ¿cómo estás?
         Mi mujer me mira atónita y, después de unos instantes de perplejidad, me dice:
         -¿Te pasa algo?

          Llevo dos meses así y te aseguro, Antonio, que este cambio mío de actitud ha producido en nuestro hogar más felicidad que durante todos los años anteriores.

No hay duda que el sonreír sinceramente es uno de los factores que más humanos nos hacen. Y debemos tener siempre presente que tenemos que estar en la actitud de pasarnos un buen rato con la gente si queremos que los demás lo pasen bien cuando se encuentren con nosotros.

Obviamente, por forma de ser o por circunstancias de la vida, no siempre está uno en condiciones de sonreír, ¿qué hacer entonces? Dos cosas:

UNA, esforzarnos en sonreír. Si estamos solo suele dar buen resultado silbar, tararear una canción o contarnos un chiste.

DOS, proceder «como sí…» Como si estuviera feliz y eso contribuirá a hacernos feliz. Es jugar con nuestra psicología.

William James (1842-1910), filósofo estadounidense, fundador de la psicología funcional, nos lo dice con sus palabras:

La acción parece seguir al sentimiento, pero en realidad la acción y el sentimiento van juntos; y si se regula la acción, que está bajo el control más directo de la voluntad, podemos regular el sentimiento, que no lo está.

         De tal manera, el camino voluntario y soberano hacia la alegría, si perdemos la alegría, consiste en proceder con alegría, actuar y hablar con alegría, como si esa alegría estuviera ya con nosotros.

Una forma eficaz y práctica de mejorar nuestro entorno es tratando de mantener un rostro risueño porque siempre se considera bienvenida una persona con una sonrisa sincera.

Y así, cuando a pesar de los pesares, sinceramente sonriamos, los que nos rodean, admirados, nos preguntarán en positivo.

¿Te pasa algo?

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