Si puedo - Sí, puedo

La derrota no es el peor de los fracasos.
No intentarlo es el verdadero fracaso.
-George E. Woodberry-

 Es muy conocido el ejemplo de superación de Nick Vujicic. Nació en Melbourne (Australia) en el año 1982 y debido a una enfermedad vino al mundo sin extremidades. A pesar de las limitaciones, Nick ha logrado hacer paracaidismo, protagonizar cortometrajes (El circo de las mariposas), escribir un superventas. (No legs, no arms, no worries), jugar al fútbol y al golf, convertirse en un gran orador, casarse y tener hijos.

Nick es feliz porque no piensa en lo que no tiene, sino que está agradecido por lo que sí tiene, por quién es, y deja de lado sus miedos. Lo que transmite Nick es que es necesario aceptar la vida tal y como viene, sabiendo que tenemos muchas posibilidades de conseguir, con esfuerzo y perseverancia, lo que queramos.
Su lema no es quejarse por sistema (y tiene muchas razones para quejarse), sino desafiar continuamente sus límites con el estimulante: Sí, puedo; lo voy a intentar.

Es la clave: abrir la mente y plantear diversas formas de ser feliz adoptando posturas que permitan vivir con ganas, con serenidad, con plenitud. Porque, independientemente de nuestra situación y las circunstancias que nos rodeen, siempre tendremos la libertad de elegir cómo enfrentarnos a cada situación.
Es obvio que la actitud no es todo, pero sin ella no somos nada. Está claro que, si uno no tiene unas condiciones naturales, esas carencias no las puede suplir la mejor de las disposiciones: sin unas buenas cuerdas vocales, uno no puede ser un gran cantante por muy buena actitud que tenga, claro.

La actitud es básica, pero también necesitamos una base y unos valores sobre los que trabajar hasta conseguir hábitos saludables. Y los hábitos requieren planificación, entendimiento, práctica y constancia.
Y no debemos desanimarnos si, en el largo recorrido de la formación del hábito, surgen altibajos anímicos motivados por la frustración, la rabia, la tristeza, el desánimo… Simplemente, es el momento de sacar el paraguas y aguantar el chaparrón firme en los propósitos, convencidos de que el sol sigue ahí y, antes o después, volverá a brillar.

Practicar. Un hábito se adquiere pasando a la acción; no quedarnos solo en el terreno de las ideas —que son necesarias, por supuesto— sino pasar a la acción porque la participación motiva, y «como el que la sigue la consigue», teniendo clara la meta, adoptando una disposición positiva, y siendo constantes en el propósito, ante el reto de superar dificultades podemos afirmar con convicción: Sí, puedo.

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